miércoles, 31 de marzo de 2010

Asunto concluido.

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Mario está pensativo. Es un día muy tranquilo, apenas salen camiones de la obra y tiene demasiado tiempo para pensar.

En un primer momento se preguntaba por qué aceptó ese trabajo. Tenía que vigilar que no pasaran vehículos por la carretera cuando saliera un camión y, en su caso, parar la circulación ayudado de una señal de stop. Le llamaban algunos días para hacer este trabajo y procuraba no decir nunca que no a ello aunque tuviera que liar a compañeros cambiando turnos en alguno de sus otros dos trabajos… “¡Tres sueldos!”, pensaba; sueldos muy bajos pero al menos uno era fijo.

Debía tratar de alimentar a su mujer y a sus gemelos de un año, ya que decidieron que ella no trabajara para poder atenderlos en condiciones. Ella, Juani, la mujer más buena del mundo, la mejor madre y mejor esposa, la que hacía que invadiera su cuerpo una sensación de ternura con tan solo pensar en ella… Desde que nacieron sus hijos hacían el amor casi todas las noches; no podía negarse a su iniciativa, sus suaves caricias, sus susurros… Hacían el amor con suavidad, lentamente, dirigido el acto por ella para llegar juntos con suavidad a la eclosión final y dormir tranquilos fundidos en un abrazo.
Juani le adoraba. Solo hacía falta comprobar cómo le miraba, cómo le recibía en casa o como jaleba a los niños con alegría a la llegada de su papá; y Mario no podía fallarle. Mario no concebía la vida sin ella ni sin sus hijos y correspondía a Juani en la medida en que el tiempo y el cansancio se lo permitían, y procuraba no perturbar ese tiempo de felicidad con los problemas laborales o económicos que arrastraba desde unos meses atrás.

Juani no sabía en qué consistía el trabajo de Mario, pero recibía dinero a diario y nunca faltaba nada en casa, aunque no hubiera lujos o caprichos y sabía que era un trabajo duro y que le ocupaba mucho tiempo; en definitiva, hacía lo que podía para llevar la familia adelante sin penuria alguna. Sí, creía que era un solo trabajo el que le ocupaba la jornada porque así se lo hizo creer Mario, pero en realidad necesitaba más.

No llueve, pasó el invierno, la temperatura es buena y no es tan desagradable estar a la intemperie a orilla de la carretera, pero es un día demasiado tranquilo, será largo, y le obliga a pensar…

Piensa en ella y se enternece, la quiere y haría cualquier cosa por ella, mataría si es preciso, a pesar de que la mantiene feliz utilizando un engaño. Sabe lo que sucederá cuando llegue esta noche; la recibirá con alegría y con un fuerte abrazo, le llevará de la mano a la habitación de los niños para que vean a su padre antes de dormir, le preparará la cena, hablarán de varias cosas y harán el amor. No le molesta esta rutina doméstica, le parece perfecta, pero conoció a Susana.

Susana distribuye el trabajo en la empresa en que trabaja por la mañana; no recuerda cómo empezó con ella, pero de vez en cuando hacen el amor de la forma más apasionada que existe, sobre la mesa del despacho, en un banco en los vestuarios, en el servicio, en la escalera de emergencia… y en su casa. Procuran librar el mismo día de la semana, y mientras Juani cree que está trabajando, está en realidad disfrutando de la fogosidad del cuerpo de Susana. Tampoco puede evitarlo; Susana le mira y le hace una seña, él espera a que queden solos y en la soledad de la planta eligen un sitio nuevo o repiten para ver si se mejora, acaban a gritos y entre risas, y Susana pregunta si al día siguiente podrán repetirlo. Esto le hace pensar que Susana solo lo hace con él y se lo agradece con regalos, le paga la compra el día que va a su casa o la invita al cine en un lejano barrio.

Mario tampoco sabe cómo sería de nuevo su vida sin Susana, pero para mantener ese tren económico tuvo que buscar este trabajo, tan cruel en invierno, tan aburrido en primavera y tan duro en pleno verano. ¿Merecía la pena?. Piensa en dejar a Susana, ya que se ve como una relación caprichosa en que sólo funciona si se hace el amor desaforadamente, y esto puede acabar en cualquier momento, cuando el capricho se fije en otra persona. Por otra parte, y por la misma razón, Susana encuentra otro hombre y asunto concluido, pero… ¿Juani?. Y están sus hijos, a quienes cada vez deberá dedicar más tiempo y mostrarse ante ellos como modelo a seguir, que vean en su padre a una persona merecedora de su respeto.

Así, pensativo, se encuentra en el borde de la carretera, con los brazos cruzados, mirando impávido el asfalto junto a sus pies, y toma una decisión: “Abandono este trabajo de mierda que solo me ocupa un tiempo que debiera gastar con mis hijos y con Juani, a quien adoro, y mañana mismo le digo a Susana que nunca más estaré con ella en una relación que no sea laboral. Explicaré porqué y lo entenderá, y si no es así que haga lo que quiera, no la repudio, sólo elijo el camino correcto. A partir de ahora la sinceridad será fundamental entre Juani y yo, y nuestra familia será la más feliz del mundo.” Y Mario cruzó la carretera para informar al capataz que se iba a casa.

20 de Marzo de 2010, Titular de ‘El Norte de Castilla’: Un trabajador de las obras de la nueva ronda exterior muere arrollado por un turismo en la carretera de Villabañez. El trabajador controlaba la salida de camiones de la obra y fue atropellado cuando no existía tal actividad. Deja mujer y dos hijos gemelos de un año.


lunes, 29 de marzo de 2010

Lunes de Risa: Consulta médica

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Un viejo chiste en animación:
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viernes, 26 de marzo de 2010

Me vienen historias...

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Hace algunos meses que no escribo. Analizando la situación, me doy cuenta que me he centrado en mi corto entorno, mi nueva casa, mi nueva situación, y no me fijo demasiado en las personas que se cruzan en mi camino.

Antes me inspiraba el ver una docena de colegiales subiendo al autobús, una anciana cruzando la calle o una cara de preocupación saliendo de un banco; cualquier persona en cualquier situación me inspiraba una historia. Pero llevo meses preocupándome de si me arreglan las persianas, el jardín, esa baldosa torcida, si los peces se aclimatan o cuándo voy a colocar los libros. Pero de repente se encendió la luz.

Casi todos los días debo trasladarme en mi coche a la ciudad a comprar o a realizar algún trámite. La carretera local por la que circulo va a ser atravesada por una nueva autopista, por lo que hay un tramo en obras de forma casi permanente desde hace meses. Como hay un pesado trajín de camiones que entran y salen, hay siempre una o dos personas vestidas de amarillo fosforescente con una señal de stop en la mano que se encarga de parar la circulación cuando salen vehículos de la obra. El invierno ha sido crudo por estos lares, por lo que estos trabajadores se encontraban enfundados en sus gorros, bufandas, capuchas, guantes… pareciendo orondos muñecos que adornan los bordes del camino.

Pero llegaron días algo más cálidos y soleados y se pudo descubrir la humanidad de aquellos bultos móviles. Aparecieron brazos fuertes, manos rudas y rostros bajo los cascos que cubrían sus cabezas. Al anunciarse el tramo de obra se reduce de velocidad y se pasa lentamente ante ellos, que ya charlan y fuman de forma más distendida que durante el crudo invierno. Ayer uno de ellos se encontraba en el borde de la carretera con los brazos cruzados, mirando fijamente al suelo, convertido en una figura estática que me llamó la atención desde doscientos metros más atrás. Pasé ante él mucho más despacio que otras veces, y observé su cara de preocupación y un ligero movimiento de labios que indicaba una charla consigo mismo. Al final del tramo de obra supe que había una historia.

Así que ya llego, amigos. Aquí está de nuevo Tito Carlos contando esas extrañas historias que rondan por su cabeza. Me pongo en ello….


miércoles, 24 de marzo de 2010

Hola, de nuevo...

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A mi nuevo barrio no llega Internet por cable. Eso me pasa por vivir lejos….

He tardado muchísimo en decidirme por la red móvil, pero al fin, aquí estoy.

He echado mucho de menos a mis blogueros habituales; no los he olvidado, pero aún no puedo dedicarme a ellos tal y como deseo. Hay que esperar aún más. Montar una casa no es fácil, y a mí, que soy tan lento en esos quehaceres, me falta mucho por montar, colocar, ordenar…

Mi cocina es magnífica, pero abro ocho cajones hasta encontrar la sartén, y otros tantos cuando necesito una cuchara. Aún hay cosas que no encuentro en las cajas de cosas pendientes, y cada vez que me doy un coscorrón con las vigas de la buhardilla, descanso un par de horas hasta que se me pasa el cabreo. Debo llevar unos quince descansos de esos…

No me desespera no encontrar las cosas, ya que en su búsqueda aparecen cosas inimaginables de las que no quisimos deshacernos, y ahora le buscamos la ubicación que nunca han tenido. Esa foto del abuelo, el angelito de cerámica de la suegra, la trompeta de bronce del ejército irlandés… menos mal que logré el espacio idóneo para mi acuario.

Al fin reconstruí mi espacio de ‘trabajo’, con mi pequeña mesa (a esperar para otra mayor), mi ordenador, mis discos externos, el scaner-impresora, mis i-Pack… Solo falta ordenar la biblioteca. Tiemblo solo de pensarlo. ¿Cómo ordenáis vuestros libros?¿Por orden alfabético?¿Por temas?¿Según el tamaño?

Instalé internet y miré el correo. Llevo semanas sin mirarlo. Lo borré casi todo. Si hay algo demasiado importante me lo volverán a enviar; digo yo. Para estar al día lo mejor es casi empezar de nuevo, por lo que en cuanto pueda, leeré los últimos post de mis blogueros preferidos, y me hartaré de poneros comentarios.

Pues eso, que aunque de forma esporádica, estoy aquí de nuevo, navegando en esta nuestra querida blogosfera.


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