sábado, 31 de enero de 2009

Judios. Antes y ahora

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He escuchado la canción Nos vimos en Berlín de Soziedad Alkohólika (S.A.) inspirada en la historia de dos personas, una roja y otra judía, que se conocieron en un campo de concentración nazi. Años mas tarde se reencuentran en Palestina, pero cada uno en un lado distinto de la barricada. El rojo le hecha en cara al judío lo sucedido a su pueblo en tan pocos años.

Yo tengo poco de anti, mas bién soy pro, pero sé que me llamarán antisemita por esto, como a tantos otros por protestar contra la barbarie, en este caso, provocada por el ejército israelí.

Veamos las diferencias; un antes y un después. Las imágenes son duras, pero es lo que hubo, y es lo que hay.











































viernes, 30 de enero de 2009

¿Es la vida una sucesión de narraciones cortas?




Beatriz piensa que la vida es una sucesión de narraciones cortas, pequeñas historias inconexas salvo por su protagonista, el que las narra, aunque cada historia varíe según el narrador. Visto así, hay que tener en cuenta que hay historias desarrolladas en un extenso período de tiempo que se cuentan en dos renglones, y otras veces unos minutos ocupan gran número de páginas.

Alex cree, sin embargo, que esas pequeñas historias pueden ser bellas, divertidas, tristes, terribles... y lo que sirve de ellas son las sensaciones que se acumulan. Cada historia, es decir, cada sensación nueva, cambia nuestra vida, la renueva o la hunde, o tan solo es una advertencia de que ciertos momentos existen, y que debemos estar preparados para cuando ese momento se repita. La vida, por tanto, es el descubrimiento continuo de nuevas sensaciones; sensaciones que se acumulan o repiten desde distintas perspectivas, pero siempre llenando el receptáculo que es nuestro espíritu. El escenario, el guión, es solo el soporte.

Cuando Alex busca en su interior, enseguida recuerda las pequeñas historias que le descubrieron determinados sentimientos. Y unas veces se emociona, otras se estremece.

Me contó lo que le sucedió en el Metro y ni siquiera intentó explicarselo. Sucedió, y punto. No se paró a pensar si hizo bien o mal, si había otras soluciones... , hizo lo que hizo y le pareció bien, se encontró satisfecho, pero no lo olvidó nunca. Fue un cambio tan radical en sus parámetros de la vida que le dejó marcado; como tantas otras cosas.

Su historia con las Carmenes me la contó por teléfono, muy escueta, hace mas de veinte años, y aún hoy su sola mención le produce un escalofrío. Pero lo que mas me ha llamado la atención es su teoría, probada en sus carnes, en que afirma que no solo forman parte de su vida las experiencias propias, sino experiencias ajenas que te abren los ojos, van a tu interior y se colocan junto a las propias; todas juntas crean un concepto de la vida que utilizas como guía.

Durante unos años, Alex ha estado buscando todo tipo de historias por los sitios mas recónditos, recopilandolas en su interior para acercarse a la verdad imposible. No, no es descabellado, sobre todo cuando miramos a nuestro alrededor y observamos la facilidad con la que el ser humano, al contrario que Alex, elige el concepto que le interesa de la vida y recopila sólo las historias que lo confirman, negando el resto.

Supongo, si Alex tiene razón, que para escribir una novela se crean personajes, y para que sean creibles, se toma un receptáculo (espíritu) y se llena de sensaciones y experiencias que conformarán su forma de ser, su carácter, sus gustos, sus manías, sus creencias...



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miércoles, 28 de enero de 2009

Puede que los no-natos no existan




Lucía y su marido querían tener tres hijos. Lo tenían todo razonado aunque no previsto y por vicisitudes de la vida (enfermedades crónicas de su hijo Juán, fallecimiento de su terco marido y el propósito de no más hombres pese a su juventud) su progenie quedó reducida a dos hijos: Juán y Luis.

Ambos hijos hacían vida independiente, lo que sumía a Lucía en un absurdo aburrimiento que ocupaba la mayor parte de su tiempo. Sus hijos hablaban con ella una vez al més y su trabajo era monótono y deprimente. Nunca pasaba nada; ni en casa, ni en el trabajo, ni en la calle... Pero un día sonó el timbre de la puerta. La supuso un sobresalto por lo inesperado; ni siquiera recordaba su sonido, así que tardo un poco en sobreponerse y decidirse a abrir, lo que provocó otra llamada. Esta vez sí acudió con celeridad y abrió rápidamente.

Ante su puerta se encontraba un hombre triste, veinte años mas joven, manoseando un sombrero con nerviosismo y con deseos de decir palabras que no lograban salir de su boca. Ante un pequeño gesto de impaciencia de Lucía, el hombre logró decir: 'Buenas tardes. Me llamo Antonio y soy el hijo que decidió no tener. Me ha costado mucho encontrarla.'

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P.D.
Realmente soy el menor de los hermanos de una familia numerosa. Uno de mis hermanos me hacía de rabiar diciéndome cosas como: 'Naciste, y papá y mamá decidieron no tener más.' Realmente me preocupaba que esa decisión pudieran haberla tomado antes. ¿Qué sería de mí?

Con el tiempo me contaron esta historia de Mafalda, y desde entonces, por fín, alguien se identificó con Manolito (ego sum):

Mafalda le dijo a Manolito: 'Si tus padres no se hubieran conocido, tu no estarías aquí.'
Manolito, después de un rato pensativo (raro en él), responde: 'Pues estaría en otro sitio, ¿no?'

Es la negación del no ser. Realmente es difícil aceptar que sin determinadas circunstancias no habríamos existido nunca, así que pensé que Manolito podría tener razón. De todas formas esta historia nació en una jocosa discusión entre amigos, hablando de este tema y la manía de algunos hijos adoptados (según las películas yankis) de ejercer su derecho a conocer la identidad de sus padres biológicos.


martes, 27 de enero de 2009

La calle de Alcalá 1656-1996




Este libro, editado en 1996, que nunca ha estado en venta, lo tengo entre mis manos. Como buen gato no pienso venderlo, pero que sepa el personal de Madrid que quizá lo pueda adquirir todavía por alguna venta de internet.

Nunca se ha vendido en librerías, ni siquiera tiene isbn; su autor, Mario Fernández Navarro, era empleado de Telefónica y fue editado con pocas unidades para consumo interno. Aún así, está prologado por Luis Carandell.

Se nos cuenta historias y detalles de esta calle desde la Puerta del Sol hasta la Puerta de Alcalá, límites de esta calle en su origen según los planos de Texeira. Casas, bares , comercios, que han hecho su pequeña historia en este trocito tan importante de Madrid.



Va acompañado de dibujos en plumilla, algunos de época, y está escrito 'a mano', lo que lo hace entrañable.


Resumen de la primera entrada:

En el siglo XVI, una de las entradas de Madrid era la Carrera de San Jerónimo y lo que hoy es la calle de Alcalá era un olivar cruzado por un caminillo poco recomendable "por la grey rufianesca que en ella tenía albergue". Finalmente se hizo calle (Vereda del Olivar y Caños de Alcalá) y comenzaron a construirse edificios, primero conventuales, como el monasterio de Las Descalzas, hoy San José, o las Calatravas en 1628, o las monjas Vallecas en 1693. Tras esto empezaron las casas señoriales que dieron aspecto de calle al camino. El primer 'estirón' lo dio la construcción de la antigua Puerta de Alcalá, y a partir de ahí se llamó Camino Real de Aragón.

La calle siguió creciendo hasta Las Ventas, límite municipal entonces con Canillas a la izquierda y Vicalvaro a la derecha, con cuya anexión llegó hasta Canillejas, y hoy concluye en la ribera del Jarama a 15 Km de la Puerta del Sol, su origen.
El siglo pasado hubo un intento de peloteo político de llamar a la calle Duque de la Victoria, afortunadamente fracasado.


P.D. En otro momento contaré lo que dice del tramo Sol-Sevilla


sábado, 24 de enero de 2009

Las Cármenes


Cuando Alex tenía 17 años, y a pesar de su edad, su experiencia con las mujeres fue tomando cuerpo. Las relaciones con ellas empezaban a dejar de limitarse a largos paseos en solitario por calles y parques o a escarceos sexuales en cines y lugares oscuros. Buscaba estabilidad emocional y social en compañía de la chica de turno y para ello buscó una experiencia paralela que le ayudara a entenderse a sí mismo y poder ver si dicha estabilidad era posible. Parecía que su relación con Mary Carmen era emocionalmente estable, pero no estaba seguro de ello, así que un fin de semana alegó problemas familiares para no estar con ella y el lunes, a la salida de clase, estudiar las reacciones de ambos tras su ausencia, si el o ella eran susceptibles de desviar sus emociones hacia otras personas y, en ese caso, si deseaban regresar al punto anterior.

Nada mas despertarse el sábado, el corazón de Alex comenzó a latir fuertemente al percatarse que comenzaba un día sin su amada y tuvo un pequeño conato de arrepentimiento, pero inmediatamente y con dolor, decidió continuar con el experimento, aunque debía encontrar alguna actividad que le separase de pensamientos que le tentaran a abandonarlo. Decidió salir de casa hacia los lugares habituales de encuentro con sus amigos, dando largos rodeos para reducir la probabilidad de encontrarse con Mary Carmen o sus amigas y compañeras de escuela. Pero nada más doblar la primera esquina se tropezó literalmente con Carmencilla. No era amiga de Mary Carmen y no coincidían en las aulas pese a ir a la misma escuela, pero ambas eran lideres de sendas tribus de chicas del barrio, y procuraban evitarse, ya que un único encuentro en uno de los pasillos de la escuela se saldó meses atrás con varios moratones en las piernas y una ligera y dolorosa pérdida de cabello. Su relación con Alex se limitó a coincidencias en preparativos de festivales de fin de curso, y aunque se llevaban bien, no llamó nunca la atención de Alex mas allá del compañerismo en la tarea que realizaban.

Alex reaccionó rápido; demasiado rápido; y sin pensar en las consecuencias que podría traer, eligió a Carmencilla como ratón de laboratorio. La saludó efusivamente, la besó en las mejillas, charlaron sobre cosas de escuelas y decidió acompañarla a donde quiera que fuera. Fue con ella al mercado y la ayudó a llevar las bolsas de la compra hasta el portal de su casa. Alex estaba encantado, se encontraba bien con Carmencilla ya que lograban conversaciones fluidas sobre cada cosa que aconteciera, los semáforos, las tiendas, los precios, los bancos de la calle... Varias veces prorrumpieron en risas contagiosas y se dieron cariñosas palmadas en el hombro. Por eso Alex le pidió verse por la tarde. Carmencilla sonrió claramente emocionada y le pidió que subiera a casa con ella, ya que aún no sabía si podría salir esa tarde. Así lo hizo y cayó en una pequeña encerrona sin intención alguna por parte de Carmencilla. Obviamente era una familia adinerada; la casa tenía dos puertas y entraron por la de servicio que daba directamente a la cocina. Tenían una empleada de hogar bajita, regordeta y con una simpática expresión en su cara que creció en simpatía cuando Carmencilla lo presentó como un amigo del barrio. Le pidió que dejara las bolsas sobre una mesa y preguntó por su madre. Estaba en el salón con su padre ‘ordenando papeles’ según la mujer de la cocina. “Voy un momento a hablar con ella, y no te preocupes; jamás entra en la cocina”.

Bueno, pues la madre de Carmencilla franqueó la puerta de la cocina y se quedó parada ante Alex. Carmencilla, notablemente sonrojada, presentó a Alex, visiblemente apurado y sin perder de vista la mirada de la madre intuyó la risita escondida de la cocinera. Carmencilla le preguntó si podría salir por la tarde, que Alex vendría a buscarla, y la respuesta se redujo a un ‘lo que diga tu padre’; por lo que Carmencilla desapareció de la escena. La madre se interesó por detalles como ‘de que os conocéis’-“sobre todo, del barrio”-, ‘donde vives’ –“frente a la escuela”-, ‘cual es tu escuela’ –“la misma que Carmencilla, pero la de los chicos”-... y apareció Carmencilla mas apurada aún que antes y con un ligero gesto de fastidio. “Alex, ven”. No tenía fuerza ni argumentos para negarse, pero sentía que iba demasiado lejos, no sabía hacia donde y obedecía con aparente placer a los movimientos que se le mandaran, como a un pelele de feria o muñequito de guiñol. Se encontró ante un hombre cejijunto, ceño fruncido y gran bigote que caía bruscamente a los lados de la boca, de pie, con las manos en la espalda, piernas ligeramente separadas, y ningún movimiento de cuerpo; todo ello le hacía parecer un militar de esos que permanentemente están de mal genio. El hombre observa a Alex en silencio durante unos segundos mientras la madre aparecía con un vaso de agua y se sentaba en un sillón cerca de donde estaba clavado su marido. “A donde piensas llevar a mi hija”, -“al cine, a la sesión de las cuatro y media.”-, “porqué tan pronto”, -“para tener tiempo de tomarnos unas hamburguesas y pasear antes de volver a casa”; el hombre mira a su esposa, ésta asiente ligeramente con la cabeza, “a las diez la dejas en casa”; Alex mira a Carmencilla, que continúa sonrojada y con sonrisa de inmensa felicidad.

A estas alturas Alex está desconcertado. Quiere seguir adelante aunque piensa que sus sentimientos hacia Carmencilla no son para tanto, pero cree que cualquier marcha atrás, en ese momento o mas adelante, va a ser doloroso para ambos. No sabe si la felicidad patente de Carmencilla es por él o por haber quitado el chico a su peor enemiga, pues creía que su relación con Mary Carmen era conocida por ella a la perfección. ¿Consideraba Carmencilla un cambio de relaciones a su favor?.

Cuando fue a buscar a Carmencilla, ésta, su madre y la cocinera estaban revolucionadas. Alex esperaba en el hall de la entrada y escuchaba los cuchicheos de Carmencilla con su madre y veía el ir y venir de la cocinera con su simpática sonrisa que le hacía señas de que faltaba poco para que apareciera la niña. Carmencilla apareció radiante; sencilla pero hermosamente vestida, peinada y acicalada. Alex quedó conmocionado y comenzó a alegrarse de encontrarse en esa situación. Cuando iban a salir de la casa, se percataron de que su padre estaba al final del pasillo y con la misma actitud que tenía por la mañana. “¡A las diez!”, gritó; y Alex asintió con la cabeza.
La tarde estuvo llena de gozo para ambos; se contaron muchas cosas, se divirtieron, pasearon, cenaron... y al final del día Alex hizo balance. La dejó en el portal, se despidieron con un beso en la mejilla y no quedaron para otra ocasión. A pesar de haber sido una tarde maravillosa no quiso dar ningún paso en falso del que se pudiera arrepentir, por lo que regresó a casa para meditar el resto del fin de semana.

En Mary Carmen hubo una entrega total desde el principio pero en los seis meses que estuvieron juntos no hubo ningún acercamiento a su familia; la desconocía totalmente. Sin embargo con Carmencilla sucedió al revés; conoció a la familia y fue aceptado, (mejor decir que obtuvo su aprobación) pero emocionalmente no sintió nada; ni ella ni él tuvieron intención de dar algún paso en esa dirección. Es decir, al menos de momento, con cada una de ellas veía una de las estabilidades que buscaba, y con el tiempo, previsiblemente, con cada una de ellas obtendría la otra estabilidad. Ya no salió de casa. Pensaba en cualquiera de ellas y las echaba de menos, pero debería elegir; no debería esperar, y al final del día tomó la decisión.
El lunes, al terminar las clases, fue como siempre a la salida de la escuela de las chicas para recoger a Mary Carmen y besarla ostensiblemente para dejar claro a Carmencilla cual era su elección. Mary Carmen salió llorando arropada por su tribu, que le miraban con inusitado odio, y no se acercó a Alex. Cuando desapareció de su vista, totalmente contrariado, giró la cabeza y vio a Carmencilla también arropada por su tribu y todas muy sonrientes, pero no vio en el rostro de Carmencilla ningún gesto de vencedora ni de satisfacción por consumar una venganza. Lentamente dejó de mirarla y se dirigió a su casa con patente tristeza.

Aquí podría acabar esta corta historia, con una lección bien aprendida por Alex, pero la sensación a que esta historia quiere referirse llegó dos años después.

Alex perdió a Mary Carmen y no quiso seguir con Carmencilla. Ni la una, ni la otra. No encontraba sentido a que el comienzo de una relación fuese como consecuencia del término de otra, y abandonó todo. Como primera sorpresa, en un par de semanas olvidó sus sentimientos por ambas y regresó al cotidiano contacto con sus amigos con alegrías renovadas. Pero dos años después, coincidió con Mary Carmen en la terraza de un bar y se saludaron efusivamente, recordaron viejos tiempos, se preguntaron por antiguos amigos comunes y entró en la conversación el tema Carmencilla. La intención de Alex era comentar lo mal que lo hizo y el error que cometió. Nada era recuperable, y no era esa su intención, pero quería que Mary Carmen lo supiera. No le dio tiempo; Mary Carmen le contó que al fin de semana siguiente a su ruptura, un atropello la segó las dos piernas y dejó de ir a la escuela. “Se lo tenía merecido”, dijo Mary Carmen con evidente odio.

Alex se levantó de la silla, alegó tener muchísima prisa y, horrorizado, se alejó definitivamente de Mary Carmen y de todo el barrio.


P.D.: La imagen es de Shin Oonuma, en la animación EF- A TALE OF MEMORIES


jueves, 22 de enero de 2009

Islas Feroe: Otro tipo de matanza.










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Lo acabo de recibir por correo. Los mozos de esta localidad participan en esta masacre para demostrar que han llegado a la edad adulta. Son inofensivos delfines calderones. La característica de estos delfines es que se acercan a la costa y a las personas por mera curiosidad. Curiosidad que mata.
Esto se hace todos los años en las islas Feroe (Dinamarca), y pocos lo sabemos.
En el correo se me pide hacer algo, lo que sea, apuntarme a Greenpeace, hacer cadenas de correo... o por ejemplo otra publicación más en internet.
Quizá, muchas entradas de blog de muchos blogueros.
Os invito.
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