miércoles, 14 de octubre de 2009

Las noches del parque.


Me gustaba charlar con Adriano; procuraba hacerlo todas las noches. No era muy tarde, algo más de media noche, y casi siempre sucedía todo de la misma forma. Regresaba del bar paseando por el parque que hay junto a la carretera de Villalba a Alpedrete; me sentaba en el último banco y me preparaba un cigarrillo de hierba que se sumaría a la embriaguez del vino. Cerraba los ojos y me concentraba en un balanceo suave, apenas imperceptible, y disfrutaba de mi ingravidez y de la saludable brisa serrana por unos segundos.


- Noche perfecta

La primera vez me asustó. ¿Cómo hacía para no presentir nunca su llegada? Abría los ojos y le sonreía. Le ofrecí un cigarro y me dijo que llevaba años sin fumar, que ya no se llevaba nada a la boca.

- Algún día lo dejarás tu también – me dijo.

Adriano parece mayor que yo, no demasiado, pero su corazón está marcado por experiencias y aventuras que le han dado forma a las expresiones de su cara; facciones duras y mirada relajada, como si estuviera resignado con su suerte. Siempre iba vestido igual, con traje de chaqueta oscuro, corbata negra y cabeza despeinada, lo que le hacía aún mayor. Es probable que, como yo, viviera solo, y a su vuelta del trabajo se relajara en algún bar, y coincidíamos a la vuelta a casa en aquel parque.

Hablábamos de temas muy generales pero dejando entrever la existencia en nuestro interior de amargos recuerdos por malas o buenas experiencias. Conocíamos nuestros nombres, pero nada más, y todo funcionaba muy bien. Debíamos entender ambos que nuestra relación estaba en un estado perfecto, viéndonos tan solo unos minutos al día, y sin hacernos más preguntas. En el primer silencio, tras la conversación, de nuevo caía en un sueño suave; duraba un par de minutos, pero cuando abría los ojos, Adriano se había ido.

Reanudaba el camino a casa por las oscuras calles de la zona, veía un rato la televisión o me sumergía en las páginas de un libro, hasta que los párpados caían pesadamente manteniendo mis ojos cerrados durante horas.
Algunas noches yo no pasaba por el parque. El trabajo me tenía demasiado entretenido y prefería cenar en casa. Otras noches mi embriaguez se encontraba unos puntos por encima de lo natural en mí y el sueño en el parque se prolongaba más de lo habitual. Al despertar, no estaba Adriano, y no sabía si se había ausentado o si respetó mi sueño en silencio. En cualquier caso no nos lo reprochábamos; reanudábamos la charla a la noche siguiente como si no hubiera habido interrupción.

- Hay noches – le dije en una ocasión – que conozco a alguna mujer. Me encuentro bien con ella mientras tomamos unos vinos; nos divertimos y prometemos vernos otra vez, pero si nos volvemos a ver procuro evitarla.
- Te entiendo. - me contestó – Yo también estuve enamorado y tuve una relación apasionada. El resto de las posibles relaciones serían forzadas.


Es en esos momentos cuando aparecen más nítidos los recuerdos; cierro los ojos y los saboreo con un poco de amargura, y Adriano se va en silencio. Es posible que le ocurra lo mismo; no tuve tiempo de observarle esta vez.

Recuerdo que hablamos de familia, mujeres, hijos, amistades, comidas, bebidas…, cosas de la vida. A veces la corta conversación era jocosa, otras nos entristecía, y todas me enriquecían; me hacían llegar a casa con la sensación de haber obtenido algo positivo de ese día. Pero nada bueno dura eternamente.

Tuve que trasladarme de localidad. Cambié de trabajo, de horario y el paseo nocturno desapareció. Pero cada noche, en mi butacón, durante el relax de mi cigarrillo, recordaba mis charlas con Adriano en aquel banco del parque junto al cementerio de Villalba.



22 comentarios:

Winnie0 dijo...

Nostálgico, emotivo, serenos....¡brillante!.Has hecho que me apeteciese sentarme en una esquinita de ese banco y y presenciar una de sus "charletas"...probablemente acabada en somnolencia por unos segundos..hasta llegado el momento de partir....Me ha encantado Tito

anapedraza dijo...

Me dejas muy triste, son tus palabras, que forman la historia, y cuando te leo me doy cuenta que muchas veces estamos muy sólos, yo también echo de menos a Adriano.

¡Un fuerte abrazo!

MIGUEL

milagros dijo...

Es cierto que a veces nos atrapa la conversación con personas ajenas a nuestra vida, con perfectos desconocidos, personajes interesantes que nos ofrecen mucho para aprender.
Hay muchas personas que se sienten solas y que necesitan algún "Adriano" para compartir momentos de su soledad.
Tierno y emotivo relato.

ulises dijo...

Que bueno que tengas una persona extraña con la que charlar sin esperar más que ser escuchado.
Hay gente que paga un psicoanalista para lo mismo.
Un saludo

Tinika dijo...

Uyyyy pero ese final en el banco del parque junto al cementerio...

me imagino que Adriano solo formaba parte de tu imaginación ¿o no?.
De cualquier forma brillante relato.

Besos.

Andrea dijo...

Esas pequeñas cosas que se transforman en rutina..por necesidad, porque te sientes cómodo, me ha pasado muchas veces, encuentras un buen receptor y acabas soltando tu vida privada con ganas, y escuchas con las mismas ganas. Es un bonito relato Tito. Un abrazo.

Mannelig dijo...

Así que el protagonista es asiduo al vinillo, ¿eh? Y al fumeteo. Y a veces ve señores con traje...

Está bien, con esa aura de decadencia casi poética...

TitoCarlos dijo...

Para darle más sentido a esta historia, no he contado que nunca me habló de la muerte; solo cosas de la vida. Un día me habló de su hija, 'la dueña del estanco de ahí detrás', y decidí conocerla para saber más de Adriano. No hablé con ella; era una mujer madura a punto de ser abuela, unos veinte años mayor que la edad que le calculaba a Adriano.
En realidad me cambié de lugar para no volver a verle, aunque hecho de menos nuestras charlas...

weblara dijo...

Me gustaría tener un Adriano en mi vida.
Besucos!

Lola Mariné dijo...

A veces es gratificante compartir confidencias con desconocidos, sin juicios, sin compromisos.
Buen relato.

Tereza dijo...

Hablar con fantasmas. Me gusta mucho visitar cementerios. Saludos

Neuronas en Fuga dijo...

Hola Tito!
Relato tierno, excelente redacción!!
Hablar en bancos es algo que hacemos a menudo, los desconocidos tienen ese no se qué...
Qué lindo sería en este momento tener un Adriano cerca!

Un abrazo.

José Manuel Beltrán dijo...

Si ya nos resulta difícil conversar. más aún lo es con alguien que te encuentras sentado en un banco.La primera disposición, al sentarte, es hacerlo en el extremo opuesto (por no molestr o por ser indiferente).
Algunas veces, menos de las deseadas, lo he hecho al lado de un o varios abuelos (me gusta llamarlos así). Es increíble la ingente sabiduría que se desprende al escuhcarlos. Por lo tanto, aunque con un final más bien triste, espero que tus próximos paseos nocturnos tengan tanta calidad como lo descrito.
Un abrazo, ciudadano.

Thiago dijo...

Bueno, muy bueno como siempre tus escritos... Pensaba en un final mas misterioso, pensando casi que era "otro yo" del narrador, pero vamos. son curiosas estas relacines que se establecen a veces entre desconocidos... y parece que siempre te quedas con ganas de saber luego algo que nunca has preguntado.... Es como esos sitios que en una ciudad nunca vas a ver, y luego cuando te marchas la pierdes...

Bezos

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

A todos nuestros seguidores y amigos: Os rogamos que leáis el último post publicado en el blog.
Ante la negativa del concello (ayuntamiento) de Muxía de instaurar un premio para mayores blogueros, vuestras opiniones son de vital importancia para establecer las bases sobre las que poder continuar con el proyecto.
Gracias por vuestra colaboración.

Menda. dijo...

Qué tendran los parques que incitan a hablar..........

Ivan Ignacio dijo...

Un interesante y triste relato
Muy bien contada.

gianna dijo...

me gusta como relatas...vas llevando suspenso.....saludos

annabelio dijo...

A mí me gustan tus textos porque suelen reflejar aquello que todos deseamos que nos suceda, esas cosas que a veces imaginamos y no sabemos como expresar.

No será la primera mi última vez que nos apetece a veces, charlar con cualquier desconocido.

Soy-yo-mara dijo...

Carlos,no se si este relato es real o ficticio,pero hay vivencias que te marcan mucho en la vida.
Son vivencias como esta que aparentemente es una idiotez y que cuando te faltan comprendes la importancia que han tenido en tu vida.
Lamentablemente pasa muy a menudo con nuestros seres queridos y particularmente con nuestros mayores.
Este relato me hace reflexionar sobre bastantes cosas.
Gracias por escribirlo.

Un besote

Alicia dijo...

Entrañable, sencillo. Me ha encantado.

Mariana Castrogiovanni dijo...

Me ha transmitido mucha paz esta historia. Me gustó mucho
Un besote

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