lunes, 28 de septiembre de 2009

Las empanadas de Cirila


Pocas horas le quedan al viejo paisano. Tumbado en la cama se recrimina, ahora, haber fumado tanto como para no morir por causas naturales, y tener que hacerlo con dolor.

Se encuentra tumbado en la cama, en pijama y destapado al no soportar el calor, mirando al techo recordando lo bueno que le ha dado la vida; su juventud, sus escarceos con muchas mujeres… casi todos los placeres que ha tenido al alcance de la mano.

Pero sobre todo piensa en Cirila, su esposa, a la que rara vez le ha engañado y a la que quiere como nada en el mundo. Tuvieron que casarse por quedar embaraza. ‘Mala suerte’, piensa, con el cuidado que lo hicieron tantas veces antes; pero no le importó. Su esposa le ha cuidado en las enfermedades, le ha mimado, ha capitaneado la familia con autoridad y tino y ha educado adecuadamente a sus hijos.

Sus hijos. Un montón de hijos que le han dado un montón de nietos, haciendo que su presencia se diluya en la agitación familiar. Uno de los nietos se encuentra junto a la cama leyendo un comic de superhéroes. Está ahí por si necesitase algo, pero no quiere molestar. Quiere pasar sus últimas horas en silencio, sin más gente alrededor; no quiere despedidas ni llantos, su muerte vendrá por sorpresa.

De repente, en uno de sus suaves respiros llega a la nariz un aroma que le hace prolongar la aspiración hasta lo permitido físicamente. Abre los ojos con emoción y levanta ligeramente la cabeza. ‘Ese olor’, pensó, ‘¡cuántas veces me habrá devuelto la vida!’.

El nieto le mira con cara de preguntar si quiere algo y hace un gesto con la mano para que se acerque; le pide ayuda para levantarse. El nieto sabe lo que tiene que hacer: le acerca las pantuflas y el bastón, le ayuda a ponerse en pie y deja que apoye sobre su hombro la otra mano, la que no lleva el bastón. A pasos cortos salen al pasillo, y para sorpresa del chaval, no van al cuarto de baño; el abuelo quiere ir a la cocina.

Se paran en la puerta, y desde allí observa a su querida esposa, de espaldas, cocinando sus famosas empanadas de carne. Cerró los ojos y volvió a aspirar el vapor que llevaba el aroma que emanaba de la masa de carne y cebolla. Aquel aroma le recordaba la cantina de la estación en que trabajaba Cirila en su juventud; ese aroma que le obligó a entrar un día en la cantina, y en su cocina unos días después. Ese aroma que le acompañó en su hogar en fiestas y visitas familiares durante el resto de su vida. El aroma de las empanadas de carne recién hechas; las mejores empanadas del mundo: las de su querida esposa Cirila.

Sobre la mesa se encontraba la primera remesa de suculentas empanadas, doraditas y aún humeantes. Decide que será el último de los placeres que le otorgue esta vida: una empanada de Cirila. Da unos pocos y cortos pasos y se acerca a la tentadora mesa; dirige su mano hacia una de ellas y recibe un paletazo en el dorso de la mano que le hace retraerse rápidamente. Ante él se encontraba Cirila, armada con la espumadera a modo de matamoscas con gesto amenazante.

“¡Ni se te ocurra, carajo!”, gritó Cirila, “¡Son pa’l velorio!”.

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NOTA: La base de esta historia la he recibido de mi amigo Jesús, el gallego, con el reto de desarrollarla. La encontré apta para un lunes de risa.


15 comentarios:

Ragofer dijo...

Me has dejado sin palabras, pobre hombre que se van a jartar a comer esas delicias a su costa y ni siquiera le dejan saborearlas por última vez.

Winnie0 dijo...

Dí que sí, jaja, que una no está horas en la cocina para que le quieten las comidas de esa manera..jaja Besos y feliz lunes (¡vaya con la Cirila!)

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Muy apta diría yo, jajaja.

Un abrazo Tito

anapedraza dijo...

¡Hola Tito Carlos!

¡Qué malas pulgas la de Cirila! pobrecillo, cagüenlaleche.

Me encanta leerte, ¡qué bien escribes! (me das envidia sana).

¡Feliz lunes!

MIGUEL

Mannelig dijo...

Así que "rara vez ha engañado" a su esposa, ¿eh? Pues está un poco susceptible...

Mica dijo...

Tito, cada vez que te leo me sorprendes, vamos que me ha apetecido una empanadita y todo, pero ese final... es para matarla. Un beso.

Mariana Castrogiovanni dijo...

jajaja, Cirila si que tenía muy claros sus objetivos!!! Muy bueno!!!
Feliz semana, besotes

TitoCarlos dijo...

La gripe se ha afincado en mi casa y no me deja atenderos como merecéis, pero queda poco (espero).

Un abrazo a todos...

Y sí, es gripe A, menos agresiva y mas corta (dicen) que la estacional para personas sanas y fuertes como nosotros...

Alicia dijo...

Mala lecha la Cirila, no? Se van a poner morados todos a costa del viejo. Muy bueno TitoCarlos, que mejoreis todos de la gripe A ó B o la que sea!

estoy_viva dijo...

ja ja ja que buena historia y el final es alucinante....ja ja ja
Con cariño
Mari

José Manuel Beltrán dijo...

Hola Tito. Muy buen texto, excelentemente desarrollado y con unos matices muy bien definidos.
Me ha gustado mucho, ciudadano.

¿Es que acaso a todos vosotros no es resulta familiar el comportamiento de Cirila? A mí, por supuesto que sí.

Un abrazo, ciudadano.

Tereza dijo...

Jaja me encantan tus finales! Hoy en la mañana le estaba comentando a una amiga que me encantan los funerales (claro, siempre y cuando no sean de alguien que aprecio) por su deliciosa comida y el riquísimo café con piquete (generalmente brandy) que sirven. Creo que la comida es lo mejor cuando alguien se muere.
Saludos!

Stanley Kowalski dijo...

Jajajaja!! Eso se llama se una mujer previsora, aunque con un poco de anticipación, jajajaja!! Buenísimo!

Muchísimas gracias por el comentario que me dejaste ayer, sos, perdón, son dos seres sensacionales!

BESOTES PARA VOS Y CARMENCITA!

milagros dijo...

Me parece la Cirila va tener que congelarlas para más adelante, jaja.

Stultifer dijo...

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