miércoles, 23 de septiembre de 2009

Imposible misión




Considérenme si quieren el responsable de esta catástrofe, pero se que no soy el único. El sistema ha hecho lo suyo también: tantas órdenes concretas dirigidas a personas de poco seso solo pueden traer problemas; si no hubiera topado con ellas habría llegado a tiempo.

Es cierto que debiera haber salido de casa mucho antes sabiendo la importancia de esta misión, pero me lo impidieron circunstancias familiares… Si, está bien, la despedida de mi mujer fue un poco larga, pero usted habría hecho lo mismo. De todas formas el tráfico no podía ser peor; otros días a esa hora no recuerdo que hubiera tanto coche en la avenida como hoy.

Si, ya se, debí preverlo con tiempo, pero no pensé ni en el arrebato amoroso de mi esposa ni en el tráfico. Pensé que corriendo un poco sería más que suficiente, pero no lo fue. Y todo por cinco minutos. Ni siquiera cinco minutos de flexibilidad, cuando con un poco de comprensión a pesar de todo lo demás, no habría pasado nada. Pero me topé con el guardia de la entrada de coches, ese que me ve entrar todos los días a distintas horas pero nunca se ha preguntado cual era mi trabajo. “Estamos en cubrimiento de seguridad…”, me decía, y no atendía a razones. “Nadie puede entrar hasta dentro de tres horas.”- “Pero oiga yo…”- “No insista, es la orden que tengo.” Comencé a ver el fracaso de mi misión.

Marcha atrás, casi me estrello, y dejé el coche tirado un poco más allá. Me dirigí a la entrada de personal y me pasó exactamente lo mismo. El ‘mente de pez’ de la puerta actuaba como un robot, y encima con un cuerpo de más de 110 kilos y dos metros de altura que casi estalla la camisa me empujaba de mala manera hacia las escaleras de salida… ¡casi me mata el muy…!

Bueno, yo solo salí una vez del recinto por la verja del callejón, ¿eh?, me lo enseñaron los muchachos, para escaquearnos un poco, tomar unas copas y eso… pero no he abusado de ello. Lo prometo. El caso es que con un poco de contorsionismo logré entrar al recinto. Ahora debía ir al edificio principal, cambiarme de ropa…, en fin, la rutina de otras veces. Todavía había tiempo, pero aún un tropiezo más: en un pasillo en que nunca, nunca, hay un vigilante, aparece uno gordo que en vez de saludarme me pide que le acompañe, que estoy en zona prohibida, y que debo salir. Trato de identificarme pero no me deja hablar, hago ademán de hacerle caso pero echo a correr por otro pasillo. Ahora mis intenciones son otras.

Bajo a trompicones hasta el sótano. Allí estoy seguro de que no me encuentran; se cómo esconderme y cómo salir de allí. Ahora no quiero pasar por ningún departamento, solo debo llegar a la torre, donde al parecer está todo aquel que me conoce, pero a la salida tropiezo con un hombre armado. Esto lo cambia todo; además de peligrar mi misión, también peligra mi vida. Deben haber indicado por radio que un intruso ronda por el edificio y lo bloquean en serio. Así que corro de nuevo al sótano y me escondo para pensar.

Me imaginé dos opciones; ambas pasaban por subir a la terraza. Desde allí intentar hacer señas a la torre, que aunque está a más de cien metros, alguien puede identificarme. La otra opción sería deslizarme como se me ocurriera por la fachada posterior. En esa fachada no hay salida alguna de personal, por lo que era probable que no vigilara nadie. Después de todo son solo siete pisos.

Conozco un vericueto por el que se llaga del sótano a la segunda planta. Esta gente nueva que vigila no lo conoce, ¡seguro!, así que me lanzo por los pasillos, saltos por patios interiores, escalera de pared y una vez en la planta subo a pie, por seguridad, hasta la azotea.

Arranqué el cable de antena para asegurarlo a una de las chimeneas mientras gritaba como un poseso mirando a la torre. Lo hacía sin parar, saltando mientras anudaba el cable. Ya suponía que esta llamada de atención también alertaría a mis perseguidores, pero debía hacerlo, y si llegaban a la azotea, tendría que lanzarme por el cable que caía por la fachada.

Pero no los vi venir. Aparecieron dos energúmenos que comenzaron a golpearme, quería gritarles algo pero me callaban la boca con puños y pies. Me ataron las manos a la espalda y al ponerme en pié un estruendo nos hizo estremecer. A unos mil metros una masa de humo, espesa como una nube, crecía a ras del suelo y se expandía por los lados mientras por su centro un enorme cohete se elevaba con aparente suavidad a los cielos. Nos quedamos quietos y callados observando el espectáculo; yo quería llorar en ese momento, pero lo impedía mi desesperación; estaba abatido.

Uno de los gorilas, anonadado por lo que veían sus ojos, dijo con voz suave: “¡Qué maravilla…!”. “¿Maravilla?”, le repliqué, “¡Soy el piloto!”.


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NOTA: Foto tomada prestada del blog "Antiblog Político" donde se muestra la detención de un manifestante mejicano en 1968.



21 comentarios:

Winnie0 dijo...

Ritmo y más ritmo en tus relatos...un deseo imparable de llegar al final y leer la solución "al enigma"...Me encanta. Besos

Neuronas en Fuga dijo...

Qué relato!
Te aseguro que al leer sentí hasta los golpes.
Es increíble, pero está tan bien contado que la trama te atrapa y terminás "metido" dentro de la historia.

un abrazo enorme!
Genial!

anapedraza dijo...

Simplemente genial, que envidia sana me das...

Un fuerte abrazo.

MIGUEL

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Vaya tela como me has tenido, me has peusto las pilas para todo el mes.

Un abrazo

Andrea dijo...

Genial Tito! Además de estar maravillosamente narrado, nos enseña lo tontos y ciegos que podemos ser a veces (que lo somos), y que debemos aprender a escuchar y abrir nustra mente en momentos críticos y te aseguro que son pocos los que lo logran. Muy bueno el final. Un abrazo!

Angus dijo...

Muy, muy bueno... tela marinera. Da gusto poder leer cosas tan buenas.

estoy_viva dijo...

Me has tenido super intrigada pensando que me coje y mira por donde lo hicieron y menudos golpes que he sentido, muy buena explicacion que lo he sentido como propios esos golpes esa desesperacion que tenia el protagonista aunque tengo que decir que no me hubiera estar en su piel.
Con cariño
Mari

Almanzurbillah dijo...

Suscribo los comentarios anteriores; una narrativa eficaz, enhorabuena…

Un abrazo

Mannelig dijo...

Pues hala, otra enhorabuena. ¡Qué nivel de detalle en la descripción! ¿No tendrás experiencia de primera mano en Cabo Cañaveral?

Stanley Kowalski dijo...

Imposible que no te guste un relato así. Va ganando fuerza de a poco, por momentos querés adivinar cuál es la misión de este hombre, pero nunca me imaginé que fuera el piloto.

Ponete a buen resguardo Tito, ya somos muchos los que te envidiamos, jajajaja!!!

Muchas gracias por tu visita, querido amigo.

BESOTES A AMBOS.

Menda. dijo...

Buen relato, sí señor...

Lola Mariné dijo...

Eso de "mente de pez" me ha encantado. ¡Hay tantas mentes de pez por ahí!
Genial el relato, trepidante.
Alumno aventajado, eres tu. jajaja.

B. Miosi dijo...

Oye tito, magnífico relato. Llegué a pensar que era un demente, o que era un terrorista, tal vez hasta un hombre que habían despedido del trabajo y tenían órdenes de no dejarle entrar... pero ¿el piloto? ¡Vaya! ya me imagino lo que sucederá con esa nave. Se han visto cosas.

Besos!
Blanca

Noelia dijo...

que bonito relato!! muaksssssss

Miguel dijo...

Creo que ya está dicho todo leyendo los comentarios anteriores. Por supuesto que los apoyo punto por punto.

enhorabuena por el texto

Saludos

Nos vemos por Madrid

Thiago dijo...

jajaja, joder, que bueno, cari... no tenía ni idea mientras lo leía por dónde me ibas a salir. Atrapado desde el inicio, he ido viviendolo con toda intensidad hasta la sorpresa final...

Me hizo pensar en todas y cada una de esa pelis de ciencia ficcion de atmosfera tan agobiante como fría, y sufría pensando en las peripecias del prota...

Genial, un estupendo relato de esos que nos tienes acostumbrados.

bezos

Stanley Kowalski dijo...

Muchas gracias por visitarme. No sería objetivo si te dijera cual me gustó más. Como vos, veo sus películas y las seguiré viendo.
El domingo te espero, querido amigo, estás invitadísimo, por supuesto a Carmencita también la espero.

BESOTES A AMBOS.

cabreada dijo...

Me encantan tus relatos porque siempre mantienes la intriga hasta el final.
Saludos

weblara dijo...

SUBLIME!!!
No me sale otra cosa.
Besucos!!

TitoCarlos dijo...

Gracias a todos por la visita y por vuestros comentarios.
No tengo mucho que contar, salvo que he humanizado al héroe, o al que le consideramos tal por la admiración que conlleva el tener una actividad que sólo los elegidos pueden sobrellevar.
Vamos, que es fuerte, ágil, inteligente, pero con los defectos de los humanos. Y es que creo que quien no tiene este tipo de defectos no es humano; será una máquina biológica, un robot... pero humano, no.

Un abrazo a todos,

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Oye, entendí que el de la foto había sido detenido en México en el 68, y pensé que te referías a los hechos de Tlatelolco, pero al entrar al blog que indicas me doy cuenta que fue en otra fecha y en el país vecino que siempre detiene a los latinos en forma en que lesiona sus derechos (o por lo menos casi siempre).

Saludos

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