miércoles, 15 de julio de 2009

Una esposa como Dios manda

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Sentada en su cómodo sillón la abuela Laura no para de hacer ganchillo. Sus pequeñas gafas se apoyan en el borde de su nariz y de vez en cuando alza la vista sobre ellas para ver trajinar por la casa a su hija Elisa, la menor de sus ya crecidos siete retoños, que recoge la mesa en que acaban de comer un pollo asado que ha traído ya cocinado.

Elisa trabaja en turno partido durante todo este mes, así que llega a casa y come con su madre, dejando la mesa preparada para Andrés, que llega apenas quince minutos antes de que ella regrese al trabajo. Nada más llegar del trabajo, Elisa se cambia de ropa y deambula cómodamente con un vestido corto de algodón y unas alpargatas que muestran el pié desnudo. Laura la mira y detiene sus dedos un momento mientras recuerda el lejano tiempo en que tenía la edad de Elisa.

Laura cocinaba muy bien, se levantaba temprano para poder realizar las tareas de la casa y tener tiempo para preparar una suculenta comida dedicada, principalmente, a su marido que llegaría cansado de trabajar y bien se lo merecía. Calculaba unos minutos antes para retocar su maquillaje, el peinado y que la ropa no tuviera alguna mancha que la desluciera. Un comportamiento que no fue copiado por ninguna de sus hijas, al parecer, a la vista del aspecto que tenía su hija.

Al fin llega el marido de Elisa, saludando alegremente nada más abrir la puerta; Elisa sale a recibirle y se dan un beso en la boca, le indica la mesa y lo que hay para comer, que lo tiene preparado en el microondas y debe calentarlo en unos minutos. Tras la aprobación, por parte de él, se dirige a su suegra y le saluda efusivamente antes de cambiarse su trajeada ropa por una camiseta y un pantalón corto mientras la pareja intercambia sus novedades en el trabajo.

Laura recuerda que recibía a su marido con voz queda, procurando ser relajante, y con un corto beso en la mejilla le dirigía a un sillón y se ofrecía a quitarle los zapatos. Ella no hablaba, solo escuchaba, pues no debía interrumpir la conversación con temas que no eran, indudablemente, mas importantes que los de su marido. Procuraba el bienestar de él, pues sabía que eso repercutiría en el bienestar de ella.

Andrés termina de comer y llena el lavavajillas con la cacharrería utilizada, y lo hace silbando y tarareando canciones. Laura recuerda cómo evitaba los ruidos de la cocina a partir del momento en que su marido entraba en casa y hasta que se levantaba de la siesta; ahora le parecía estar viviendo en el extranjero.

De vez en cuando oía a su hija discutir con Andrés y se horrorizaba, ya no había respeto por quien lleva los pantalones, incluso se reunían en la mesa del salón y hacían cuentas juntos; “esto para la hipoteca, esto para recibos, esto para el colegio…” Elisa intervenía como si todo el dinero fuera suyo, algo que ella nunca se le pasó por la imaginación hacer con su marido. No discutió nunca con él, le animaba en sus aficiones pero no hablaba de las de ella pues sus intereses eran triviales comparados con los de los hombres. Tenía muy claro quién era el amo de la casa.

Ahora Andrés se viste de nuevo y sale a recoger al niño a la salida del colegio; hará la compra y la colocará en la nevera. Al parecer muchos hombres hacen eso ahora por haber permitido a la mujer acceder al trabajo remunerado; lo curioso es que no les importa.

Anoche no pudo dormir. Generalmente tarda unos cinco minutos, pero anoche no lo conseguía, por lo que pudo oír a la pareja en sus juegos sexuales. Al parecer Andrés estaba cansado y se disponía a dormir cuando Elisa comenzó a hacerle cosquillas. Laura se lo recriminó mentalmente; eso no está bien. En esas obligaciones matrimoniales, la iniciativa debe ser de él, y ella acceder siempre gustosamente; pero hacerlo al revés, es de… mala mujer. Encima escucha a Elisa decir “así no, así no”, cuando debe acceder obedientemente, sin quejas, a cualquier práctica sexual aunque sea inusual. ¡Y ese final! Las pocas veces que Laura alcanzó el momento culminante con su marido, un pequeño gemido indicaba el goce logrado, sin embargo Elisa lo alcanza tantas veces como lo hagan y de forma escandalosa, con el peligro de que el niño les oiga.

No solo eso. Cuando Elisa tiene turno partido se levanta más tarde que Andrés, y éste se tiene que preparar el desayuno. Jamás se le ocurriría a ella fallarle a su marido de esa manera; cuando se levantaba, su desayuno estaba preparado.

De todas formas Laura mira siempre a su hija con ternura, y aunque no lo entienda, el verla feliz lo justifica todo.

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21 comentarios:

Winnie0 dijo...

¡Qué reflexión tan real y bien descrita de ...¿una época?...no, eso sonaría a pasado y yo creo que hoy en día sigue habiendo mujeres como Laura. ¿sabes una cosa Tito? yo crecí levantándome para ir al colegio (y el resto de 8 hermanos) y a la vez siempre se levantaba mi madre porque ERA FELIZ preparándole el desyuno a mi padre...´´el no quería, prefería que ella descansara un poco más...pero ella lo hacía...con un amorrrrr. Claro está que ya sabes que mis papis fueron únicos. Un beso y gracias pro hacerme recordar cosas que a mi me emocionan...Más besos

S. dijo...

qué barbaridad qué mala esposa sería yo

anapedraza dijo...

¡EXCELENTE!

Al igual que la madre no entiende a la hija, yo tampoco entiendo como entonces se podía ser así, en fin, somos productos de la sociedad en la que vivimos, me pego en un canto en los dientes porque prefiero ésta a la otra.

¡Un abrazote!

MIGUEL

Didac Valmon dijo...

me ha encantado el relato, y ver cómo desarrollas la diferencia entre la madre y la hija!! es genial, un placer leerlo

Mannelig dijo...

Y seguramente, el mundo de la abuela sigue aún presente para algunas (o muchas) mujeres, como lo era en 1958. Porque lo que entendemos como derechos naturales de la persona, hay quien lo interpreta como "concesiones".

Buen relato, enhorabuena.

Stanley Kowalski dijo...

Hermoso relato, me gustó muchísimo. Espero que las brechas generacionales se estrechen cada vez mas. Los tiempos cambian. Como siempre derrochando talento!!

BESOTES HERMOSO Y PARA CARMENCITA TAMBIÉN!!

B. Miosi dijo...

¡Ay tito! Laura debió haber vivido hace muchíííísimo tiempo atrás. Desde que tengo uso de razón, la mujer trabaja tanto o más que el hombre, pero estoy de acuerdo en que se ha perdido algo de magia. Y no me refiero a que al hombre habría que tratarlo como un dios, no. Me refiero a ciertas delicadezas, como desear estar bien presentable en casa, y evistar discusiones en voz alta, por ejemplo. Ahora la mujer es más compañera, más amiga, que un simple objeto decorativo, tiene opiniones, aporta, es preparada, en fin. ¿de dónde dices que extrajiste la idea?

Besos!
Blanca

Kapasulinos dijo...

Una gran historia, dos mujeres diferentes, la cotidaneidad de los días.

Emma dijo...

Generaciones diferentes, visiones diferentes. Pero lo importante es respetarse aunque no se entienda... y más si es por la felicidad de un/a hij/a.
Un abrazo TitoCarlos.

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

A todos nuestros seguidores y simpatizantes:

Queridos amigos:
Hace sólo unos días celebrábamos con gran alegría la decisión del Ayuntamiento de Muxía de aprobar el premio que con vuestro apoyo promovemos desde el blog y el grupo de facebook. Por desgracia, esa alegría ha sido efímera y se ha convertido en decepción al comprobar que la idea original ha sido ignorada y transformada en algo que nada tiene que ver con lo que entendemos que Maria Amelia quería y que vosotros habíais secundado con vuestros testimonios y muestras de ánimo. Según parece, ni las ilusiones de la abuela ni las vuestras merecen ser tenidas en cuenta. Quizá han considerado que no sois tantos o tan importantes como para dar luz verde al proyecto que planteábamos. Por eso, más que nunca, os pedimos encarecidamente que dejéis vuestra opinión en el blog para demostrar que estáis dispuestos a dejaros oir, que EXISTÍS, y que no váis a permitir que se desvirtúe lo que con tanta ilusión hemos estado intentando construir estas últimas semanas.
Hemos publicado en el blog nuestro punto de vista. Os invitamos a leerlo y opinar. Si tenéis dudas, preguntad, estamos a vuestra disposición para todo.

Ya sabéis que este blog, este proyecto, sin vosotros, no es nada.
Un abrazo.

kuoremio07@gmail.com.ar dijo...

TITO como siempre es un gusto leerte!
gracias por tu visita y dime cuanto es...jajaja!!!te dejo un gran beso!!

Thiago dijo...

Por dios, Tito... menos mal que he leído la NOTA final. Es que iba leyendo y no se me ocurría como afrontar un comentario sin ofenderte.... jajaa Es que yo iba leyendo poco a poco y aunque una abuela es una abuela y te mueve a ternura y es verdad que la gente mayor puede pensar asi (y mas en algunos ambientes sociales) me extrañaba que fuera un poco el punto de vista del narrador... Asi que cuando vi tu nota me quedé aliviado, jajaja

Bezos

José Manuel Beltrán dijo...

Hola Tito!. Aquí, de vuelta de estas vacaciones que acabaron parcialmente. Y como es época de lectura y sosiego me he congratulado con los sentimientos de la abuela.
En esta sociedad moderna ¿quién dice que la experiencia no es la madre de la ciencia? jajaja.
Ahora más en serio: Os imaginais que pasará en el futuro cuando seamos nosotros los abuelitos???.

Un saludo, ciudadano.
Ahh tienes nueva entrada en el blog de viajes
http://paradaconfonda.blogspot.com

Para tí y para todos los que quieran entrar y participar.

Pfunes dijo...

Me recuerda a una antigua edición de la Enciclopedia Álvarez que me regaló mi abuelo hace ya bastante tiempo, y que debió pertenecer a mi padre o alguno de mis tíos (o a todos a la vez). Leí no hace mucho un relato que comparaba la vida de una mujer de la alta burguesía victoriana con una ejecutiva moderna, ambas madres. La comparación era abismal y aunque la dama victoria disfrutaba de mayor sosiego en su vida, la ejecutiva era más libre.

Un saludo. Te he dejado un premio en mi blog.

Halatriste dijo...

Las cosas gracias a los cielos cambian para bien.
Nos leemos

Nuria Gonzalez dijo...

A pesar de los pesares todas tenemos un poquito de Laura. ¿ Quién puede decir cual es más feliz ?
El mundo de la pareja es tan complicado.
Un abrazo

noelia dijo...

gran historia!!!!que tal el finde? yo hoy he ido a un parque acuatico y estoy muerta pero me lo he pasado genial! besos

Rocío dijo...

Me ha encantado, Tito Carlos... Buen domingo!

Mariana Castrogiovanni dijo...

Muy buen relato Tito, una brillante descripción de cómo han cambiado nuestros roles en la sociedad y en la familia misma.
Eso sí, para que veas que he leído con atención, cuando dices "Al fin llega el marido de Laura, saludando alegremente nada más abrir la puerta..." no es el marido de Elisa??
Besotes

Doctor Mapache dijo...

Sublime. Gracias.

TitoCarlos dijo...

Mariana, mi psico, (¡glup!) ¿no pone Elisa?

Gracias.....

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