miércoles, 10 de junio de 2009

Volar


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Alfonsito lo que quería era volar.

Provenía de una familia no muy pudiente y su imaginación le llevaba a jugar con aviones de papel o con dos palos atados con hilo de coser que le cogía a su madre. Las batallas aéreas eran espantosas y tan ruidosas que su hermana le regañaba porque no se podía concentrar en sus estudios; entonces su avioneta recorría en silencio toda la casa, sobrevolando por todo el salón y aterrizando sobre la mesa. A veces realizaba cabriolas peligrosas pasando bajo las sillas o rozando la librería hasta que el piloto, exhausto, tenía que acudir a la llamada de la cena.

En su habitación, a solas y antes de acostarse, abría las manos y cerraba los ojos, realizando el último viaje del día, en el que como Supermán, volaba sobre ciudades y campos, persiguiendo locomotoras que arrastraban largas filas de vagones o de costado por estrechos desfiladeros, o remozándose de suaves nubes.

La economía casera parece que mejoró de golpe y un día su padre trajo regalos para todos. A él le regaló un avión comercial de pasajeros de plomo tan grande como la palma de su mano, y su alegría fue tal que todos descubrieron cual era su autentica afición desbordada.

Acabó coleccionando miniaturas de aviones de todo tipo y, cuando fue mayor, los libros sobre aviación fueron llenando su librería. Veía repetidas veces películas sobre el tema, tantas veces que no logró nunca tener compañía en esas actividades. Realizaba continuas visitas a museos, bibliotecas y aeropuertos con la cámara de fotos en la mano: esa era su vida. Pero cuando tuvo edad para ello no eligió estudios relativos a su gran afición.

Años antes de tener esa edad ya lo había decidido, cuando no pudo salir al balcón de casa de un amigo que vivía en un octavo piso. Sólo pensarlo le temblaban las piernas de forma muy notable y el ver a su amigo en la barandilla del balcón empinándose para mirar hacia abajo le producían copiosos sudores y temblor en la voz. Supo que no podría volar nunca fuera de su fantasía infantil.

Logró un buen trabajo que le permitía aumentar su colección y viajar, siempre en tren, autocar o automóvil, a algunas partes del mundo donde se exhibían vuelos acrobáticos, o famosos museos que no conseguían saciar su curiosidad sobre el vuelo. Eso era lo único que le mantenía vivo, pues a pesar de los intentos por entrar en alguna academia de vuelo, aunque fuera deportivo, de paracaidismo, ala delta, etc., nunca logró atravesar la puerta.

Así pasaron los años, en la soledad de su gran apartamento y manteniendo la costumbre de, todas las noches, levantar los brazos y cerrar los ojos. Ya había sobrevolado muchas ciudades, muchos montes, había dirigido bandadas de ánades, se había posado sobre escarpadas cumbres, conocía los aviones por la forma que recortaba en el cielo por muy altos que fueran, sus motores, sus planes de vuelo. Conocía el primer vuelo de cada uno de uno de los aviones, los problemas en su fabricación, el día de su finiquito y quiénes asisten a las fiestas de botadura y despedida… Hasta que un día decidió experimentar por sí mismo.

Tenía sesenta y tres años el día que Alfonsito apareció incrustado boca abajo sobre un coche aparcado a los pies de Torre de Madrid.

No lo consiguió.

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24 comentarios:

Winnie0 dijo...

Pues no lo sé..Tito...no sé si la vida de Alfonsito fue toda un trauma que a lo mejor vió la luz en esa sensación de volar que debe producir la caida desde la Torre. Quizás lo que otros ven como el fracaso de "no tener alas"..él lo vió como "la prueba de la experiencia de su vida"...Pero eso....¡nunca lo sabremos!. Besos...(me ha gustado muucho....)

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Por lo visto volar es para pájaros, ahí no se puede hacer nada.

Magnífica historia Tito, me encantó.

Un abrazo

S. dijo...

jajjajajaja

Menda dijo...

Madre mía.
Desenlace inesperado totalmente.

Elisabeth dijo...

vaya jooo q final...... el pobre alfonsito creo q ya no soñará mas con volar....


besitossss

noelia dijo...

que trauma para Alfonsito!!! que bonita historia pero triste muaksssssssss

milagros dijo...

Vaya putada debe ser querer y no poder por culpa de las fobias. Algo parecido debe experimentar el que adora la cirugía y no puede ver sangre.
Un abrazo

Alijodos dijo...

Un a bella historia tito con un final muy bueno: era el unico final posible despues de todas las frustaciones que tuvo respecto al tema de volar durante toda su vida...Y si lo consiguio aunque fuese cuesta abajo...saludos...

anapedraza dijo...

¡Ay! me has dejado triste con tu post, espero no volcar mis frustraciones con el final del tu post.

Escribes muy bien, es un placer leerte.

¡Un beso!

MIGUEL

P.D. Tus posts son como el buen vino, mejoran con el tiempo.

Mariana Castrogiovanni dijo...

... igual sí lo consiguió... a su manera claro.
Un beso muy fuerte

TitoCarlos dijo...

Es lo malo de algunas obsesiones. Lo de volar es un ejemplo, pero aplicadlo a cualquier otro caso. Imaginad que se pasa uno la vida aprendiendo a ser libre pero sin atreverse a practicar su libertad, y cuando se decide... se estrella.

Un beso a todos y gracias por la visita y vuestros comentarios.

Mannelig dijo...

Debió consultar primero a Newton.

Sencillo e inspirado.

Amig@mi@ dijo...

Hay que perseguir los sueños, pero dentro del límite de la realidad.
Moraleja si sueñas imposible, no lo conseguirás ;)
Un abrazo

Alejandro Ramírez dijo...

Mientras llegaba al suelo complió su sueño. Qué se puede hacer.


Triste historia.

Oz Vega dijo...

Llevar la teoría a la practica es lo mas difícil de la cotidianidad... quizás en ello radique el peligro de vivir.
Saluditos

José Manuel Beltrán dijo...

Fabulosa historia, Tito. Me ha encantado la forma de contarlo pues, como bien sabes, me gusta utilizar ese mismo estilo en mis relatos. Dejando volar la imaginación para darte de bruces con un final, en este caso, apoteósico.

No sé si la soledad es motivo suficiente e innecesario para llegar a tales actitudes, pero si lamentablemente es así (que no quisiera pensarlo) debemos de darnos cuenta que son muchos los que necesitan de nuestra compañía y nuestra charla.

Un abrazo, ciudadano.
http://ventanademarbella.blogspot.com
http://paradaconfonda.blogspot.com

MOMENTOS DE LA VIDA dijo...

Que dificil es lograr algunos sueños!! y si lo logras llevarlos a la práctica, lo bueno es poder intentarlo, no quedarce en la primera piedra!!! besos, muy lindo post!

Nuria Gonzalez dijo...

La imaginación se palpa en tu relato. !! Cuántos deseos no realizados en la vida !! Tal vez lo difícil es mantener ese sueño hasta el final, la pena es no alcanzarlo jamás.
Besitos

Ragofer dijo...

Qué curiooso es que tus relatos, en una gran mayoría, hablan de muerte o alguien que muere o algo similar.
Muy bonitos de todas formas.

Carla dijo...

Que cuento increible Tito! Me encanto como contaste la historia, de su niñez, como se dio cuenta de su vertigo, de adulto como dejo su sueño solo para soñarlo... y luego ese final, que se vino de golpe y que nno me lo esperaba...
Muy bueno Tito, por lo menos, al final, Alfonsito, pudo volar (aunque fuera tres segundos)

Silvia Beatriz dijo...

TitoCarlos: hay regalitos para ti en
www.amisiysiatino.blogspot.com

Besos!!!

Fernando Rocchia dijo...

MUY BUENO EL BLOG...FELICITACIONES!!
ABRAZO

"Premio Maria Amelia López Soliño" dijo...

Hola, TitoCarlos.
Te informamos de que hemos publicado una encuesta nueva en el blog.
Tu opinión para nosotros es muy importante ¡Por eso nos gustaría conocerla!

Gracias por tu colaboración.
Un afectuoso saludo.

Ego dijo...

'Pájaros en la cabeza'. Ismael Serrano. La historia acaba bien.
Super bien, que dirían los o sea pijos.
Yo adoro los aviones, y lo que significan e implican.
Un abrazo

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