miércoles, 24 de junio de 2009

El pollo


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Todos los domingos por la mañana mi padre iba a visitar a su hermana y me llevaba con él. Me encantaba demostrarle que me conocía el camino de casa al metro y del metro a casa, pensando en que algún día lo haría sin compañía. Recitaba el nombre de las pocas calles por las que pasábamos y todas las estaciones de metro. Bajábamos por la calle de Galileo porque siempre se encontraba con amigotes y tomábamos Fernando el Católico hasta Magallanes, parando un ratito en Casa Ricardo, para saludar y eso; un poco a la derecha está la glorieta de Quevedo, y al metro.

Nos desplazábamos hasta Goya y andábamos hasta la salida de Metro de Velázquez, que era cuesta abajo y ahí vivía mi tía. A la vuelta tomábamos el metro en Velázquez, porque hasta Goya es cuesta arriba, y hacíamos el trasbordo.

Saludaba a mi tía y me iba a la cocina; alucinaba en aquella cocina. Era tan grande como mi casa entera; su mesa era como la del comedor de mi casa y cabían cuatro sillas, cuando en la mía no cabía la banqueta y no había ni mesa. Pero lo que más me impresionaba era la nevera, de esas con curvas en las esquinas y ningún ángulo, dando la impresión de una cosa gorda, y con ese picaporte tan raro para abrir su puerta y que hacía “pfffssss!” cuando se cerraba…

Mi tía tenía cocinera; era muy simpática, y siempre me daba una pera de agua o melón fresquito que sacaba de la impresionante nevera. Creo que mi padre nunca se enteró que a media mañana tomaba esas cosas, porque él, que era muy listo, sabría por qué regresaba a casa con tanta hambre. Y es que con esas limpiezas de estómago, las ganas de comer que me entraban al medio día eran espantosas.

Me pasaba el camino de vuelta recordando a mi padre el hambre que tenía, y siempre, como un reloj, había la misma escena frente al bar ‘La Ría del Narcea’, sita en Fernando el Católico frente a lo que eran Galerías Preciados de Arapiles pero por la parte de atrás, antes de llegar a Escosura.

Este bar tenía un cartel que decía ‘El pollo dorado’ y tenían la primera máquina asadora de pollos que he visto en mi vida, y estaba colocada de forma que se viera bien desde la calle, churruscándose, dando vueltas y chorreando grasa… a veinte minutos de la hora de comer. “¡Papaaa, cómprame un pollo!”, y a pesar de las negativas yo no me movía observando el girar de los pollos e insistiendo a gritos aquella petición, hasta que mi padre me cogía de la mano y me arrastraba mientras seguía gritando. “¡Jóoo, yo quería un pollo!”

Era así todas las veces, pero no pasaba nada, llegábamos a casa despotricando, comía y ya estaba, pero no se qué pasó aquel domingo, quizá mi padre se enfadó con su hermana y venía calentito, no sé. Me cogió por los brazos y me levantó a su altura, apretaba los labios como para decir algo espantoso, pero en vez de eso me metió en volandas en el bar y me sentó en una silla junto a una mesa. “¡Póngale un pollo al niño de los….!” Gritó a un camarero que se reía mucho, yo creo que es que ya nos conocía de otros domingos.

Me plantaron un pollo en la mesa, un poco de pan y un vaso de agua. Mi padre se quedó en la barra tomándose una cerveza y sin quitarme ojo observó como arrancaba los muslos y me los llevaba a la boca chorreando grasa por la comisura de los labios y por mis deditos, mis manos y mis muñecas; tras los muslos desmenucé las pechugas y me las comía en pequeños trozos acompañando con pan y agua que tuvieron que reponerme varias veces. Me comí la piel churruscadita y rechupé las alitas, deliciosas, antes de mordisquearlas y acabar con ellas, y pedí un plato para los huesos; tuve que insistir, no me lo querían dar, pero es que tenía que quitar todos los huesos y huesecillos, ya rechupados, para poder mojar el pan cómodamente. Una vez limpio el plato consumí un servilletero tratando de que desapareciera toda la grasa de mis manos y mi cara, y me puse en pie ante mi padre que iría por la tercera cerveza y dije mientras sacudía una mano sobre la otra “¡Ya está!”.

El camino a casa fue lento y me salió sin querer un eructo laaargo que incluso me asustó, más que nada por si recibía un coscorrón de mi padre, pero parecía cansado para eso.

Mi padre era la autoridad de la familia, así que no pasó nada cuando llegamos a casa tarde para comer, y dijo que ese día ni él ni yo comeríamos. Me puse a jugar mientras mi padre se echaba una siesta.

Recuerdo aquel pollo como el mejor que he comido en mi vida, pero no recuerdo la razón por la que dejé de exigir comerme otro; no lo volví a hacer. Pasábamos por el mismo sitio y saludábamos amigablemente a los camareros, pero no volví a entrar en aquel paraíso del pollo asado.

Nota: Relato de mis recuerdos regalado a Miguel de Mis fotos de Madrid.
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28 comentarios:

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Que buena historia y que ganas de comer pollo me han entrado para almorzar, anda que anda.

Un abrazo Tito

anapedraza dijo...

¡Hola Tito Carlos!

Me ha entrado un hambre...

Me ha encantado tu relato, he disfrutado leyéndolo más que tú comiendote aquel rico pollo.

¡Un abrazo!

MIGUEL

Mariana Castrogiovanni dijo...

Anda que al final has conseguido lo que querías!!! Entrañable anécdota, es lindo cuando se recuerdan cosas simples que tuvieron un gran significado para uno.
Un besote

Alijodos dijo...

es una historia tiernisima y fijate que es sobre como lograste comerte un pollo en aquel paraiso del idem...y lo cuentas y es una historia que al menos a mi me ha encantado...lo que hace saber contar bien las cosas eh? un abrazo...

carla dijo...

Por Dios!!!!, que hambre!!!!!, me ha sabido a poco el pollo. Tu padre ya sabía lo que hacía...

Ana Belio dijo...

Qué bien escribes Carlos.

Me encanta de verdad, dejas claro que quedaste bien saturado de pollo¡¡¡.

Un fuerte beso y gracias por esatr y por tus aportes en Ágraba, no dejes de hacerlo, porque enriqueces.

Winnie0 dijo...

Pero ¿tú te crees que puedes hacer esto y quedarte tan tranquilo Tito mío? Mira tu sobri está a punto de morir...pero sobre todo de matar a alguien...por un buen POLLO.
Por lo demás, as usual, tus relato ha servido para relamerme y "ver" a la perfección ese pollo trinchado y luego devorado...
Exquisito el pollo y magnífico el relato...besos de tu sobr Winnie.

Menda dijo...

Mmmmmm, pollo!!!!!!
Puede que el placer de haber conseguido lo que tanto anhelabas aniquilase la necesidad de necesitarlo más.

A mi una vez, de pequeña también, que me negaba a comer el 1º y 2º plato y lo único que quería era zamparme la sandía, pues sí.Me la comí. Entera,una sandía de unos 4/5 kgs.

Mi madre no tenía tanta paciencia, ajjajaja.

Stanley Kowalski dijo...

Tierna y candorosa historia la del pollo. En cambio yo los odiaba, pues mi padre tenía un criadero. Como te imaginarás se comía muy seguido en casa. Es el día de hoy que no volví a comer pollo!

Muchas gracias querido amigo, sos un sol!

BESOTES HERMOSO!!

B. Miosi dijo...

Tito, espero que te encuentres mejor de salud.
Y el pollo de entrada está muy apetitoso!!

¿Es tuya la anécdota? o es solo un cuento, bueno en ambos casos te diré que me ha encantado, las descripciones hacen vívidas las escenas, y yo podía al igual que el niño relamer con delicia los muslos del pollo, hasta se me abrió el apetitro y eso que aquí son las 11:30 de la mañana, bueno... cercana a la hora de almuerzo.

Un abrazo, y felicitaciones por tan buen cuento!

Blanca

TitoCarlos dijo...

Pues si os ha entrado hambre leyéndolo, imaginaos el verlo todos los domingos unos minutos antes de comer y después de una buena fruta acuosa.
Porque está un poco recreada, pero es una anécdota cierta, que mi padre y yo recordábamos con muchas risas.
Por cierto, sigo comiendo pollos asados con mucho gusto, aunque no paso de la mitad de la pieza...

Abrazos, besos, a todos,

Amig@mi@ dijo...

Me has dado una idea, la próxima vez compraré un pollo por niño, a ver si dejan de pedirmelos ...
Un saludo

Mariana Castrogiovanni dijo...

Me ha hecho ilsusión recibir este osito de unos cuantos amigos, te lo dejo a tí también.
Un beso

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Pasa este osito a las personas que quieres muchisimo y no quieres que cambien nunca. (espero recibir el osito).
Si recibes entre 2-4 ositos te quieren
Si recibes entre 4-8 ositos te quieren mucho
Si recibes entre 8-10 ositos te quieren muchiiiisimo

TitoCarlos dijo...

¡Mariana, mi psico!
Date por besada y abrazada.

Natacha dijo...

Me encanta el pollo y esas sensaciones infantiles que has conseguido trasmitir...
Un beso, cielo.
Natacha.

Elisabeth dijo...

que historia mas bonita carlos,hay cosas q hacemos de pequeños q se quedan muy grabadas verdad?


Besitossss

Isabel dijo...

Ya se lo que poner mañana de comida: pollo asado, me encanta. Un beso

Ragofer dijo...

Qué barbaridad, unpollo entero, sí que quedarías bien saciado.
Eso sí, unpollo bien hecho y crujiente es toda una tentación.
Cerca de mi casa hay un pollastre que se llama también el pollo dorado pero no me gusta como los hacen en ese sitio .

Critter Venudo dijo...

Uno de mis cortometrajes favoritos es uno francés títulado casualmente "El Pollo". Una mujer de clase media, va a una pollería, se pasa todo el corto para elegir un pollo, finalmente se decanta por uno. Cunado está llegando a su casa dice - Mierda, tenía que haber cogido el otro.
Final del corto, pues se vuelve a la pollería a por el otro pollo. Jejejeje. Me encanta.

TitoCarlos dijo...

Critter, el final debía ser que al regresar me viera comiendo el pollo que iba a elegir.

¡JAJAJA!

milagros dijo...

Me ha gustado tu forma de transmitir esos recuerdos que nos hace viajar en el tiempo.
Seguramente no te gustó dejar a tu madre colgada con la comida y por eso no volviste a repetir tu capricho.
¡Qué hambre me ha entrado!

Thiago dijo...

chico te hice caso, y me he instalado MOZILLA, de momento me abrió tu blog, aunque tb. me dio un mensaje de URL no válido, pero al menos estoy aqui... Y mira que me da rabia pq yo soy defensor de Internet Explorer...

Lo curioso es que ayer no entraba en el blog de silvia y hoy si, es un rollo esto, jaja

en fin voy a leeer por fin tu blog.

Thiago dijo...

Jaja, al final no hay nada igual ni más divertido que los recuerdos de uno mismo.... por dios. El pollo del niño, jaja. que bueno.

bezos

S. dijo...

son las tres de la tarde y leo POLLO y yo sin comer
Me ha gustado tu historia es muy bonita aunque me haya dado hambre!

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

El Ayuntamiento de Muxía, localidad natal de Maria Amelia, acordó por unanimidad en Pleno celebrado ayer, la creación de un premio con su nombre. Supone un gran paso adelante para incentivar a los mayores a seguir su ejemplo.
A todos los que nos apoyáis de una u otra forma os enviamos nuestro más profundo agradecimiento.

Siab-MiprincesaAzul dijo...

Q me dio hambreeeeeeeeeeeeeeeeee
un beso

Emma dijo...

Hola Tito, se cumplió tu deseo y se esfumó el ansia... ^^ por eso no reclamaste más. Puede ser ¿no?
Un abrazo ;)

Peter Camenzid dijo...

Que historia tan linda! Definitivamente los recuerdos de niñez llenan de luz nuestras vidas. Gracias por compartirlo

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