jueves, 28 de mayo de 2009

Tres Mujeres

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Las tres mujeres, ya maduras pero aún no ancianas, se encuentran sentadas en un banco de la plaza. Casi todos los bancos están sombreados por los frondosos castaños de indias que se plantaron hace tiempo, pero son tantos los inmigrantes y ancianos que buscan descanso, que a diario Juana, al regresar de sus compras, ocupa uno de ellos con sus bolsas junto a ella hasta que llegan sus amigas.

La plaza la atraviesa mucha gente; el tráfico humano es considerable debido a la cantidad de tiendas y oficinas que la circundan y a la parada del autobús que lleva al centro de la ciudad, pero muchas de esas personas son conocidas por ser vecinos de la zona y deben pasar por allí para ir al mercado o a pasear a los perros. Cada persona conocida tiene sus leyendas urbanas; los asiduos a los programas de televisión rosas o de cotilleo han llevado esa filosofía a la calle, haciendo que Margarita, la del quinto del número 9, está liada con Anselmo, el del cuarto del número 7, porque sacan a los perros a la misma hora y charlan mientras dan la vuelta a la manzana. Si, si, lo han visto más de una vez. Y la pobre María, mujer de Anselmo, que no sabe nada. Y el marido de Margarita, claro, como nunca se les ve juntos, y la debe hacer poco caso, un día se va a enterar y alguien va a salir en los papeles.

Juana lleva viuda una década y no echa de menos a su marido; al menos eso dice, pero por el qué dirán va al cementerio una vez al año, y cuenta que al acostarse reza sus oraciones ante un crucifijo y la foto de su difunto, siendo su oración favorita: “Tu a tu tumba, yo a mi cama. Que te den por culo, hasta mañana.” Antonia, en cambio, con tan solo un lustro de viudedad, sí le echa de menos; siempre estuvo enamorada de él y espera encontrarle cuanto antes en el “Paraíso del Señor”; también reza sus oraciones, pero con mucha convicción, y siempre pidiendo a Dios que la lleve junto a su querido marido en la mayor brevedad posible. Luisa es la única de las tres que aún está casada con un hombre al que al parecer soporta porque de algo hay que vivir, y también reza sus oraciones; le pide a Dios que por lo menos la dé una década de viudedad, que siente muchos deseos de vivir la vida con, al menos, algo de intensidad.

A veces el destino juega malas pasadas. Los destinos de estas mujeres no se cruzaron; digamos que coincidieron casi en el tiempo. Todas estas cosas que voy a narrar sucedieron en una semana; los acontecimientos se desbocaron a una velocidad difícil de narrar, pero hay que intentarlo. Vamos a ello.

El día que Juana colocaba de mala gana un ramo de claveles en la tumba de su marido, se torció el tobillo y tuvo que ser atendida por el viudo de una tumba cercana que casualmente era un médico traumatólogo enviudado de una mujer de la alta sociedad, que acudía al cementerio con la misma fe que ella. La trasladó en su coche a urgencias y mostró su condición para atenderla personalmente. A pesar del dolor, esas caricias en su tobillo la llevaron al paraíso más terrenal que nos podamos imaginar. Lo mismo para el voluntarioso médico, al que la tierna mirada de Juana hizo multiplicar por diez el número de pulsaciones.

Esa misma mañana muere atropellado el marido de Luisa. Un caso de mala suerte, ya que fue un pequeño golpe lo justo para desequilibrarse y dar con la cabeza en el parachoques de un coche aparcado. Se rompió el cuello y murió de inmediato. Al llegar al hospital al que llevaron al accidentado, le recibió un hombre elegante, causante del atropello y con el ánimo por los suelos. No paraba de solicitar perdón y acabó siendo ella la que, muy solícita, trataba de calmarlo a él colocando su cara en el pecho y acariciándole la nuca con suavidad y cariño susurrándole palabras dulces.

Ese respeto llamado luto duró la semana transcurrida desde el óbito al funeral. Al día siguiente Juana y Luisa aparecieron maquilladas, con coloridos vestidos que mostraban su voluptuosidad; estaban radiantes, felices, y se contaban entre risas nerviosas sus nuevas adquisiciones amorosas ante la escandalizada Antonia, que no salía de su asombro. La alegría de sus amigas no cuadraba con la dignidad y decoro que debieran guardar las mujeres en su condición, y para colmo la incitaron a que buscara una aventura que la hiciera revivir, que no era bueno estar muerta en vida.

Cuando Antonia fue tentada por Luisa y Juana, quienes se regodeaban con cómo sería su vida con un hombre alto, guapo, y que de su edad tendría dinero y le trataría como una reina, y calentaría la cama…., comenzó a sudar. Era un sudor frío que la descomponía, y sin mediar palabra se levantó del banco y se dirigió a su portal. No paraba de pensar en lo que le contaron sus amigas y cada vez le costaba más trabajo respirar; era la escena de sus pecaminosas amigas haciéndole imaginar situaciones que desde que conoció a su marido no había tenido necesidad de imaginarse. La respiración era cada vez más costosa y ruidosa, y se sentó en un escalón entre descansillos. Mientras oía que alguien se acercaba, cayó desmayada.

Una cara angelical le daba la bienvenida y le advertía que a su alrededor estaban los suyos, todos aquellos que la acompañaron en vida y que merecían estar allí. Se lo imaginaba de otra forma, pero efectivamente vio a su madre bailando alegre ante la hilaridad de un corrillo de almas; pero apenas la saludó y siguió bailando. Su padre hablaba con unos muchachos jóvenes que le escuchaban con admiración, e hizo lo mismo; le saludó con una sonrisa y siguió la charla. Le sorprendía pero no le importaba, ya que sólo quería encontrar a su amado, y también lo vio.

Estaba rodeado de mujeres en una alegre conservación en la que de vez una de ellas se le acercaba con una descarada insinuación, pero ella fue directa hacia él con gritos de alegría por haberle encontrado, por fin juntos la eternidad. El hombre la detuvo colocándole la mano en el pecho y apartándole de nuevo, mientras con una sonrisa dijo: “El contrato era hasta que la muerte nos separe.”

De nuevo cayó en una honda contradicción interior al ver que las cosas no son como ella creía; cerró los ojos al sentir una fuerte presión en el corazón y al abrirlos estaba aún en la escalera con el vecino de al lado, el amable y guapo Raúl, apodado el ‘solitario’ por su acostumbrada soltería que la llamaba a gritos dándole tortitas en la cara. “Hola Raúl. Llévame a casa- dijo – te invito a un café.”

Desde entonces las tres radiantes viudas se reúnen una vez por semana en su banco para contarse lo acontecido en sus nuevas vidas, sus descubrimientos y sus nuevos quehaceres; incluso piensan en compartir nuevas experiencias.



NOTA: Las pinturas son de Raquel Tello.
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37 comentarios:

Nuria Gonzalez dijo...

Guauuuu !! Interesante lo de las viudas. Me lo pensaré jajaja
Si es que yo siempre lo digo - hasta que la muerte nos separe -
después, paz y gloria.
Por lo tanto voy a disfrutar de lo que tengo porque vale la pena.
Eso no quita para que pueda invitarte a un café, mientras estemos vivitos jejeje
Besitos.
PD Ya sé que tienes muchos, muchísimos premios y seguro que los que te ofrezco en mi blog los tendrás ya, pero unos dulces no le amargan a nadie. Te los ofrezco de corazón.

Maritoñi dijo...

Yo quiero ser una de ellas.

Besos con azúcar glasé.

Winnie0 dijo...

La vida une a veces de una forma curiosa las vidas de personas muy distantes....Describes a la perfección...y oye hasta alguna que te lea pensará..."quien fuera viuda"..¡qué fuerte!.
Me encantan los cuadros y me encantan tus relatos...ya lo sabes. Besos y feliz viernes tito

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Vaya desilusión cuando llegóa al cielo con la respuesta del que era su marido, muy fuerte.

Genial relato, eres un máquina Tito, hasta mañana, que ya estoy nervioso

Felisa Moreno dijo...

Interesante relato, está claro que hay que vivir la vida. Desgraciadamente muchas mujeres se sienten liberadas tras la muerte de su marido, porque nunca han sido realmente felices.
Creo que ya pasa cada vez menos y que las mujeres sabemos sacar todo el jugo a la vida, y a nuestro marido jejeje.

Un abrazo

Marga Fuentes dijo...

Carlos:
Te dejo el Premio Violeta en mi blog porque el violeta, es el color de la mentalidad pensante, de la lógica y de la razón. Es el color de la madurez avanzada, del equilibrio, del razonamiento concreto. Sus vibraciones provocan un mayor rendimiento de la actividad mental, y esto es algo que nos hace crecer espiritualmente, nos indica respeto, dignidad y amor por uno mismo.
Te lo dejo con mi reconocimiento a tu amistad, a tu aprecio, a tu persona.
Un beso y un fuerte abrazo. Hasta la vuelta.

Thiago dijo...

Fantastático, cari... Me encantan estas historias de vidas cruzadas o paralelas que como un tapiz nos presentan vidas anónimas, y sin embargo, tan intensas como las que más... La verdad es que sería genial para tanta viuda y gente de la tercera edad encontrar así un amor que te alegre los últimos años y que haga de nuevo vibrar sus cuerpos, intactos de deseo, ganas e ilusiones.

Me ha parecido una relato maravilloso que atrapa desde la primera línea. Es más, solo al leer el título sabía que me encontraría otro de tus post magistrales.

Por cierto, me encantan las ilustraciones de este post..¿no serán dibujos tuyos? Es que están tan oportunos y adecuados que lo encuentro un milagro que los hayas pillado por ahi, y si son tuyos, son estupendos. Serias todo un genio no solo de la palabra sino del pincel tb., lo que ya me terminaria de matar de envidia, cari, jajaa

Bezos

Marinel dijo...

Caray,qué historia!
Y es que la vida es en exceso aburrida y las mujeres no eran ángeles, de los cuales se duda de su sexo...
Lo que sí está bien, es lo de la última viuda,que tuvo ayuda "celestial" para decidirse en sucumbir a los placeres de la vida...
Tan bueno y bien escrito como siempre.
Un placer.
Besos.

Anabel Botella dijo...

Yo porque no estoy cansada, pero la persona que no ha vivido según qué experiencias no debería de perdérselas. Me encatan estas tres viudas que encuentran luz (y menuda luz al final). Muchas deberían tomar ejemplo de ellas.
Saludos desde La ventana de los sueños.

Stanley Kowalski dijo...

Fantástico relato. Me encantan estos personajes, los veo tan reales, con sus necesidades, pues estas tres viudas sentían ganas de seguir viviendo y lo lograron, obvio una tuvo que esperar un poquito para enviudar y la otra dejar de idealizar.
Maravilloso texto, como siempre, querido Tito, ME ENCANTÓ!!!!!

BESOTES Y BUEN FINDE

TitoCarlos dijo...

Gracias NURIA, paso a recoger los premios

MARITOÑI, eres capaz de provocar un accidente. Da un pellizco a Maritoño de todos los Santos y un mordisquito a Toñito, ¡Qué rico!

WINNIE, mi sobri, piensa lo que tienes que hacer para no enviudar nunca... pero vivir como una de estas viudas.
Un besote.

LuzDeGas, JUAN, mañana hablamos en tu radioblog; yo también estoy nervioso....

FELISA MORENO, he de decirte que este relato está inspirado en dos hechos reales y un chiste, aunque creo que ya no son necesarias estas cosas. (lo digo por lo que me toca...)
Un besazo,

MARGA FUENTES, te lo agradezco, lo pondré en mi blog y en un post la semana que viene.
Realmente eres admirable.
¡ID TODOS A 'ESCUCHAR' SU BLOG!
Un beso,

THIAGO, para mí es un halago un comentario que viene de una persona com tú, tan sensible que se emociona con los cuadros de Sorolla, que escribe poemas... pero no exageres, los cuadros no son míos, son de Raquel Tello, como digo en la nota.
Un abrazote,

MARINEL, hagamos que la vida no sea aburrida, ya que es posible que el cielo sea como lo describo...
Un beso,

ANABEL, está bien encontrar la luz al final del tunel antes de morir, pero me gustaría que la gente lo encontrara muuuucho antes.
Un besazo

TitoCarlos dijo...

STANLEY, ya digo que me baso en dos hechos reales y un chiste. En realidad existen las tres mujeres; las conozco.
Gracias, amigo, un abrazote,

ulises dijo...

Que bonita es la vida. Tuerces la esquina y te encuentras algo nuevo y excitante.
Un abrazo

anapedraza dijo...

¡Qué bien escribes! me ha encantando la historia, la trama es vibrante, no he perdido la sonrisa en todo momento (mira que soy malo) y en ningún momento me he enredado.

No me disgusta la forma de ver la vida de las 3 mujeres, y no hay quien me quite de la cabeza que la realidad siempre superará a la ficción, o es la fuente de la que nace.

Por cierto, me ha parecido ver muy termura en tus líneas.

¡Buen finde!

MIGUEL

TitoCarlos dijo...

ULISES, de ahí saco la mayoría de mis historias. La realidad está en la calle y estimula mi imaginación.
Un abrazo,

MIGUEL, me inspiro en tres mujeres que conozco, y sí, me parecieron tiernas.
Tres besotes,

Violeta dijo...

curiosa reflexión...

Menda dijo...

Desconozco la razón, pero hace unos meses ví unos capítulos de 'Las Chicas de Oro', creo que fue por la muerte de una de esas actrices, y te juro que este relato (estupendo, por otra parte, y narrado con magistralidad) me ha recordado muchísimo a ellas.

Un saludo.

TitoCarlos dijo...

VIOLETA, me encanta hacer reflexionar.
Un beso,

MENDA, no recuerdo haber visto ningún capítulo de esa serie, pero me han hablado tanto de ella que trataré de verla en su segura reposición.
Un besazo,

B. Miosi dijo...

Tito Carlos, me encanta leer tus historias, siempre desde una perspectiva original.

Besos,
Blanca

Mannelig dijo...

Hombre, voy a poner el disco de La viuda alegre, que hacía tiempo que no lo escuchaba. Je, je...

noelia dijo...

muaksssssssssssssss feliz finde

Lola Mariné dijo...

Si es que la "profesión" de casada está obsoleta. No compensa.
La libertad no tiene precio.

Un beso.

Alicia María Abatilli dijo...

Excelente relato, Tito.
Felicitaciones.
Te dejo un abrazo.
Alicia

Jorge Martin dijo...

encantadora historia de las tres mujeres, de las tres viudas...me ha gustado mucho....como dices en uno de tus post...las conoces...todavia la historia parece más imposible...nos leemos

Mariana Castrogiovanni dijo...

Una historia que refleja tu genialidad al escribir. No me canso de decirlo: eres un crack.
Gracias por tus "aplausos" valoro mucho tu apoyo.
Fué gracioso porque una amiga bloguera estuvo el miércoles en el curso y me preguntó quién eras porque no te vió jaja
Un beso enooorme.
PD: Echo de menos que me digas "mi Psico" jaja
Otro beso

Paula (Bera) dijo...

Muy buena la historia de las viudas.
Me gustó mucho la del médico y Juana!! Me pareció tan tierna la secuencia de su mano en el tobillo!!! Guauu!!
Y la última, jajaja, la que el contrato duraba "hasta que la muerte los separe", jajaja, esa sí estuvo mortal!!!
Un abrazo y buen finde!!

TitoCarlos dijo...

BLANCA MIOSI, Trato de ser original en lo corto de una narración. De momento es lo que se hacer.
"La buúsqueda" sigue siendo fantástica.
Un beso,

MANNELIG, Escucha 'La viuda alegre' mientras lees 'La perfecta casada'
Un abrazote,

NOELIA, feliz finde....
Un beso,

LOLA MARINÉ, maestra, veamos si ya se han enterado en tres o cuatro generaciones más.
Un beso,

ALICIA MARÍA, gracias por visitarme,
Un beso,

JORGE MARTÍN, digamos que conozco a tres mujeres como estas; la imaginación hizo todo lo demás. Gracias por la visita.
Un abrazote,

Mariana, mi psico, siempre serás mi psico. Muchas gracias,
Un besazo,

PAULA BERA, me imagino que el Paraíso es así, y que muchos hacemos el tonto aquí abajo.
Un beso,

Celia Rivera Gutierrez dijo...

El muerto al hoyo y el vivo al jolgorio. Bién por ellas

Muy buen relato como siempre
Saludos

José Manuel Beltrán dijo...

¡Hola, maestro!. Como ves te devuelvo el calificativo, pues yo (a pesar de tu insistencia) no creo merecerlo. Eso sí, si te siguen gustando mis relatos, pues más que mejor ¿no?.

Lo importante es que disfrutemos todos, al igual que tus tres viudas. Llenas de fuerza, no prisioneras del murmullo social, ávidas de reconectarse con nuevas eléctricas sensaciones. ¡Ahora! esa frase final: ".... incluso piensan en compartir nuevas expreciencas.", da pero mucho que hablar ehhh jajaja.
Buen relato Tito. ¡Enhorabuena!.

TitoCarlos dijo...

CELIA, si que se podrían sacar unas coplas de esto...
Un beso,

JOSE MANUEL, volvieron a nacer....

Marga Fuentes dijo...

Tito Carlos, este relato lo has bordado, de verdad, de corazón.
Gracias por la frase que escribiste en Luz de Gas durante la entrevista.
Te quiero mucho.
Un beso y un fuerte abrazo,

TitoCarlos dijo...

Gracias, Marga.
Tu me llamaste 'lindo', y tenía que devolver el piropo...
Un besazo,

La sonrisa de Hiperión dijo...

Me gustan las historias de mujeres valientes, de mujeres que se dejan amar....

Saludos!

Stanley Kowalski dijo...

JAJAJAJA!!!!Gracias querido amigo por tus felicitaciones, sos un sol!!

BESOTES Y BUEN FINAL DE DOMINGO!!

Thiago dijo...

Ah, Volvía por ver si me aclarabas lo de los cuadros, pues sabía que tenía algo pendiente... Efectivamente ahora veo la nota. La verdad que la primera vez ni cuenta me dí, supongo que impactado por la genialidad el texto y por las prisas con las que vamos todos por los blogs.. Muchas gracias por la aclaración y por tus palabras.

Pues genial los cuadrod de Raquel Tello, voy a visitar tu enlace

Bezos.

Emma dijo...

Hola TitoCarlos!
Es genial este relato!
Y es que la vida continúa, y sigue ofreciéndonos más y más... Y tenemos que cogerlo todooooo..!!!! Nada de estancarse en el presente!!!
¿Te he dicho ya que este relato es GENIAL? ^^
Un besito y feliz semana ;)

IBE dijo...

Me he reído de lo lindo con la oración al difunto.

Las mujeres debemos ir acostumbrándonos a estos cambios de situaciones, porque está demostrada nuestra mayor esperanza de vida. Ya lo has dicho que son historias reales, de señoras que conoces. Me encanta que tengan la segunda, la tercera y... la quinta oportunidad, de ser felices. Y me apetece que lo sean, además, las de generaciones a las que se les negaron muchas cosas y libertades.

Ya lo siento, chicos, que en esta parcela no podamos haceros iguales a nosotras, aunque os creemos otro ministerio de Igualdad, ja,ja.

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