lunes, 25 de mayo de 2009

Lunes de risa: El ruido y la furia

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A la una de la madrugada, en el Metro de Madrid, hace años, íbamos muy poquitos y siempre acompañados. Éramos tres muchachos regresando a casa un día laborable de parranda; creo que era el cumpleaños de uno de nosotros y estábamos, creedme, en nuestros cabales. Alegres, pero no borrachitos.

Íbamos riendo y gastándonos bromas y creíamos estar solos en el vagón, pero nos percatamos de la presencia de un hombre, elegantemente vestido, que iba sentado en un asiento y agachado como en actitud de vomitar o algo parecido. Iba pálido como un folio y tenía el rostro lleno de gotitas de sudor.

Nos empezamos a preocupar por él y le preguntamos si se encontraba mal. Nos respondió que no, que no había nada de qué preocuparse, pero continuaba en su postura y con los mismos síntomas. Ante nuestra insistencia llegó incluso a enfadarse un poco, por lo que nos apartamos de él, pero seguíamos mosqueados por su estado de salud.

Nos bajamos en Quevedo, estación de nuestro barrio, pensando en avisar al taquillero (antes los había, a todas horas) para que diera aviso a la estación siguiente, Cuatro Caminos, y lo atendieran. (En aquel entonces, la estación de Canal no existía). Nos dirigíamos hacia el túnel de salida cuando sonó el silbato del tren, y sobre él (si, sobre el sonido del silbato) se escuchó un ruido como el de arrastrar un aparador unos metros sobre el terrazo de nuestra casa. Nos quedamos aterrorizados con aquel espantoso ruido que salía del vagón que acabábamos de dejar.

Se cerraron las puertas y el tren arrancó, y al pasar ese vagón por delante de nosotros, aquel hombre se encontraba incorporado y con una cara de felicidad que no la pongo yo ni con el gordo de la lotería en mi bolsillo.

Obviamente, le agradecimos en la distancia el respeto que mostró hacia nuestras personas por esperar a que, al menos, nos apeáramos en nuestra estación. Suerte tuvimos que bajamos, pues el trayecto Quevedo-Cuatro Caminos era el más largo de la red de Metro de entonces; hubiéramos muerto los cuatro.

Recuerdo ahora el acertijo “Entre dos piedras feroces sale un hombre dando voces; lo oirás, pero no lo verás. ¿Qué es?”. O este otro: “Fui al campo, clavé una estaca, y el agujero me lo llevé a casa.”

Como con la orina, la retención de cualquier fluido líquido, sólido o gaseoso, puede acarrearnos algunas enfermedades, pero tras la retención, su expulsión suele ser bastante placentera. ¿Nunca lo habéis comprobado?. Os recomiendo, para algunos casos, comprobarlo en casa, a ser posible en solitario; puede ser motivo de divorcio, expulsión familiar o intento de asesinato.

Hay que aprender a reprimirse, que no somos animales, y hay que cuidar del medio ambiente (pincha aquí), no nos pase como a aquella presentadora de televisión (pincha aquí) y aprendamos de los expertos (pincha aquí).

Sobre todo no nos escandalicemos, que hay quien le dedica romances (pincha aquí).
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17 comentarios:

Alejandro Ramírez dijo...

Pobre hombre, en qué difícil situación se encontraba pero logró aguantar.

Jajajajaja....

Se salvaron, Tito, se salvaron.

Un abrazo.

Winnie0 dijo...

El del metro..."un caballero"..jaja ¡qué espanto!. Bueno esto de empezar los lunes así es genial. Besitos mi Tito

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Ay que bueno.

Pues si supieras que el sábado vino una amiga a casa, estábamos viendo una película y en un intermedio me fui a la ventana de la cocina, donde el lavadero. Me quedé colgado escuchando "puerta, puerta, puerta" y ahí que te vi, ni me di cuenta.

Lo mejor es no darle importancia porque si no te mueres de la vergüenza

anapedraza dijo...

JEJEEEEJEEE!JAAAAAAAAAA!!!!

Eso es como una tumba que decía mi tia que hay en Andujar, que dice:

"Por un pedo así me veo"

Debe ser una coña marinera, pero lo ha contado muchas veces....


JOOOOOOOOOO!!!!

Ay por Dios, que risas...

MIGUEL

Didac Valmon dijo...

debo ser un friki de narices, pero es que lo de los pedos me pierde, me hace tanta gracia jajajaja. Ais qué risas con los enlaces, de verdad. Qué gusto da empezar así el lunes

BRILLI-BRILLI dijo...

Jejejeje,la incontinencia urinaria no es buena,produce infecciones...
Besos

Anabel Botella dijo...

Muy gracioso, Carlos. Al menos se esperó a que bajáseis del vagón, porque no se sabe cómo hubiera acabado eso. Cuando uno está en esa situación lo pasa fatal, pero qué bie se queda cuando suelta todo lo retenido.
No sé si este será el segundo mensaje, porque hace un rato puse un comentario pero blogger me daba problemas.
Saludos desde La ventana de los sueños.

Mannelig dijo...

Cuenta Cayo Suetonio, en las Vidas de los césares, que el emperador Claudio estudió permitir los vientos de los invitados a su mesa, después de que uno de ellos enfermara por retenerlos. Problema con enjundia histórica...

Stanley Kowalski dijo...

Salvaron la vida realmente, jajajaja!! Eso hubiese sido mortal!!

Me encantó, querido Tito, genialmente escatológico, jajaja!!


BESOTES GUAPO Y BUENA SEMANA!!

Lola Mariné dijo...

No cabe duda de que era un CABALLERO, al menos tuvo el detalle de esperar a que bajarais, jajaja...

Mariana Castrogiovanni dijo...

Jajaja, la historia es muerte, y los enlaces lo rematan de manera genial.
Es que tienes cada anécdota Tito...
jajaja
Un besote muy grande

carla dijo...

Gorrino!!!!!!!!!!!..jajajaj...El otro día me enviaron un archivo que relataba como lo pasaba un hombre con ese problema, y es que me revolcaba de la risa. La verdad es que en el fondo todos somos un poco masocas y estos temas hace que nos entre la risa, queramos o no, lo digo por los finos, que fijo que también se rien...

José Manuel Beltrán dijo...

Lo veis, la gente no pierde la educación ni siquiera en un ambiente tan popular como el metro. Otros le podrían decir: Mesura que no abstinencia. Pero ¡que mesura, si no puedo más!.

Un abrazo, ciudadano.
http://ventanademarbella.blogspot.com

Nuria Gonzalez dijo...

Con romance o sin él, un pedo es un placer.
Lo mismo que un estornudo es reflejo y concienzudo.
Pero en fin a quién alguna vez no se le ha escapado. Lo peor es en el cine con el sonido no se escucha pero se huele.
Una historia con mucho olor.
Besitos

Marga Fuentes dijo...

El señor del Metro, todo un señor.
Lo otro, me produjo ataques de risa.
Besos,

cabreada dijo...

Pobre hombre, pues si que tuvo moral y un buen culo para aguantarse tanto tiempo.
una historia realmente divertida

Amig@mi@ dijo...

Un día en una barbacoa nocturna en casa a un invitado le dio un ataque de gases contenidos y nos asustamos tanto pensando que era un infarto, que hasta llamamos a una ambulancia.
Uff, que mal rato, para él y para los demás. Por cierto, cuando yo estudiaba en Madrid, mi novio, hoy mi marido, vivia en Bravo Murillo, y nuestra estación era Quevedo.
:)
abrazos

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