domingo, 26 de abril de 2009

En La Radio

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Como el post anterior ha causado mucha tristeza a mis blogueros lectores, voy a compensarlo esta vez con la recreación de un recuerdo de mi infancia. He observado que muchos blogueros nos alegran la semana con unos chistes, así que espero que también os guste esta tierna e inocente historia.


En una época de mi infancia en que vivía en el barrio de Argüelles, recuerdo que la relación con los vecinos era muy distinta a la actual. En mi portal sólo éramos dos criaturas las que podíamos coincidir en nuestros juegos, pero no llegó a ser una relación que cuajara, así que mis recuerdos se centran en el resto de los vecinos.

Una de las vecinas tenía edad para ser abuela, pero sus hijos no le daban nietos; supongo que esa era la razón por su empeño en traerme y llevarme a un montón de sitios, incluso a sus visitas familiares. Yo iba contento a pesar de todas las advertencias del mundo que me dictaba mi madre y disfrutaba de los viajes en los viejos tranvías o en los ruidosos vagones de Metro, pero hubo un par de veces que no hizo falta.

Tan solo dos vecinos tenían televisión; eran los más ricos de la manzana, pero ni mi vecina ni yo éramos uno de ellos. La reina de la comunicación era la radio, incluso alguna vecina colocaba el aparato en la ventana que daba al patio para que otros vecinos, que ni siquiera tenían radio, pudiesen escuchar ‘Simplemente María’ u otra radionovela de entonces.

El caso es que pusieron un estudio de radio en el barrio. No me preguntéis cual era, creo que Radio Intercontinental o algo así, y que estaba, posiblemente, donde después se ubicó el Cine Pelayo, y tampoco recuerdo quien era el presentador de un programa de variedades con mucha risa, pero el caso es que se hacía con público, y no sé cómo, pero la vecina en cuestión consiguió dos entradas, y allá que me llevó un domingo por la mañana, muy temprano para ser domingo.

Lógicamente estaba alucinado. El lugar era como un pequeño teatro y sobre el escenario había un señor metido en una cabina con unos cascos enormes en las orejas, y había micrófonos de pié y otros colgando del techo que se movían de un lado al otro y muchos cables por el suelo. Yo solo miraba al público y al señor de la cabina que hacía muchos gestos y no me fijé que había una mesa y cuatro sillas preparadas como para una comida, con su mantel y sus servilletas, que al parecer era para invitar a cuatro asistentes a desayunar chocolate con churros.

El presentador era un hombre que lo vi muy mayor y le acompañaba una señora más joven pero que la recuerdo más bien gordita, quizá no demasiado, pero mi corta estatura así me hacía percibirlo. El caso es que metieron las manos en un saquito y sacaron un papel con un número. Aquel cuya entrada tuviera ese número estaba invitado a desayunar, con una sola condición: debía contar un chiste. El número que salió lo tenía mi vecina.

Se puso muy nerviosa, dijeron el número varias veces y no decía nada, hasta que decidió dármelo aduciendo que no tenía ganas de desayunar. Mi vecina pasaba mucha vergüenza con esas cosas, pero yo era un sinvergüenza. No tenía esos problemas; así que pegué un brinco y subí al escenario. Me preguntaron el nombre y les di, además, todos los apellidos que me había aprendido (unos diez) y de los que me sentía muy orgulloso; incluso me molestó que me dijeran ‘Bastaba con el nombre, je, je.’ Del techo bajó uno de los micrófonos y salió el señor de la cabina para bajarlo más, ya que los de pié no bajaban tanto, y me tocó contar el chiste:

“Un recolector de higos cargó el burro de higos y se marchó al pueblo de al lado para venderlos en el mercado. El camino era muuuyyyy laaaargo y se aburría, así que cogía un puñado de higos y caminaba veinte metros detrás del burro que iba espantando moscas con el rabo, así que calculaba cuando el rabo estaba por arriba y lanzaba un higo y… ¡Tóooomaaa!, le dio en todo el agujero del culo...”

En ese momento y debido a mi gesticulación exagerada, se escucharon muchas carcajadas, y pensé que creían que había terminado, y se lo dije al presentador, que sólo con ver la cara con que me miraba, a pesar de su sonrisa forzada, le advertí que no volvería a decir ‘agujero del culo’, así que continué:

“Así fue todo el camino, siempre acertando…. en el mismo sitio y cuando fue a vender los higos sólo le quedaba un kilo y lo tuvo que vender tan barato que no le dio ni para un bocadillo. Regresando a casa empezó a tener hambre, y se fue encontrando con los higos que tiraba al…. al burro. Entonces recogía uno y lo olisqueaba con su nariz, decía ‘este no le dio’ y se lo comía, y así con todos hasta llegar a su casa. Ya está.”

Hubo muchas risas y aplausos, pero mi vecina no aplaudía. Mientras me zampaba el chocolate con churros estuvo todo el tiempo muy seria con una mano tapándose la boca y como asintiendo con la cabeza. Eso lo he visto hacer a muchas señoras mientras decían: ‘¡Madre mía!’, pero lo hacían al enterarse de una desgracia y yo, sin embargo, estaba gozando del desayuno. No la entendía.

¿Creéis que se acaba aquí la historia? Pues no. Al domingo siguiente pillé a la vecina en el rellano de la escalera que iba al mismo sitio y me puse muy contento, pero dijo que llevaría al otro niño, que también tenía derecho. La acompañé hasta la puerta donde vivía el otro niño y ¡no estaba!, así que la cogí de la mano y la arrastre materialmente hasta los estudios de la radio.


Esta vez sí que atendí a todo el programa, pero esperando al desayuno regalado. Mi vecina me advirtió, que esta vez, si la tocaba, subiría ella y ya vería qué contaba, aunque fuera el de ‘Mamá, ¡pan! Y va y se muere’ pero que yo no subía. En un principio me puse triste, pero ¡salió mi número! y no la di tiempo a engancharme. Corrí como liebre al escenario pensando sólo en el suculento desayuno, y el señor de la cabina me cogió en brazos para llegar al micrófono y no montar el número del domingo anterior. Los presentadores tenían la sonrisa muy forzada, pero me parecieron simpáticos.

La presentadora me dijo: ‘Hola de nuevo, Carrrlitossss. Veamos si eres capaz de contar otro chiste pero esta vez muy cortito ¿eh?’. Maldita presentadora, ya me empezaba a caer mal; me había hecho polvo. Mis chistes no suelen ser muy largos, pero cortitos no recordaba ninguno realmente bueno, pero mirándola me sobrevino la inspiración:

“¡Ah, sí! Ya lo tengo: Era una señora tan gorda, tan gorda, tan gorda, que se fue a cagar al campo y se cagó fuera.”

Lo solté sin dejar de mirar la sonrisa forzada de la orondita presentadora por la que me pareció ver salir un poco de espumilla entre sus dientes; el señor de la cabina, por el contrario, parecía tener una seriedad forzada mientras me depositaba suavemente en el suelo, y entre carcajadas y aplausos corrí hacia la mesa para redesayunar, que a eso había ido.

Para mi tristeza, la vecina no volvió a conseguir entradas para ir de público a aquél programa dominical que se hacía tan temprano pero en el que salía muy barato desayunar.

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38 comentarios:

Reina dijo...

Ay, Tito Carlos!!!! Pero qué bueeeeno; vaya chistes contabas, cielo jajaja!! Eso sí, tu vecina, agradable, pero le faltaba un pelin de sentido del humor; al fin y al cabo Carlitos era un encanto, ¿no?

Un besazo!!!

Alejandro Ramírez dijo...

Muy ameno, Carlos. Me divertí mucho leyéndolo. Un abrazo y gracias por tus amable comentarios en mi blog.

Rosa Roja y ¿eres real?SI CLARO dijo...

Hola mi niño grande TITO CARLOS!!!

No te esperaba hoy, pero debe ser que te pasa como a mi...las ganas de escribir nos empujan, aunque sea en domingo....

Tu relato como de costumbre me ha encantado, me ha hecho reir, eras un niño feliz de eso no hay duda....y con la inocencia que le corresponde a un niño, como no podía ser de otra forma...

Tu vecina, como es lógico, aunque esa lógica no vaya conmigo....se porto untanato avergonzada....que pena de pérdida de inocencia...

Fantástico relato, sabes??? tengo la sensación de que Carlitoooooosssss vive aún en ti, y eso me hace sentir muy bien...

Felicidades por hacerme sentir que recordar, que la inocencia y que el niño que todos llevamos dentro es importante mantenerlo vivo todavía....como la memoria como decía de esas pequeñas cosas que tan bien cuentas....

Muchos besos de PIRULETA...eres un cielete...no cambies Carlos tu humildad a mi me engancha...

milagros dijo...

Recuerdo esos años en que la radio tenía total protagonismo, en el que habían novelas quilométricas que las señoras las escuchaban a la hora de fregar los platos, o bien reunidas un par o tres vecinas después de las faenas de casa.
Yo tampoco tenía televisión, pero nos organizábamos para ir a ver a casa de unos vecinos Viaje al fondo del mar, entonces de estreno.
Un abrazo

José Manuel Beltrán dijo...

Jajajaja. La verdad Tito es que ya, ni en San Ginés, se hacen los chocolates y los churros como antes, ¿verdad?.

Me ha gustado de la misma forma que recordar todos aquellos seriales de radio. Joeer, esto es una pista para que los demás sepan que somos mayores noooo?.

Pues da lo mismo porque, a pesar de todo, os desearé a tí y a los demás... Salud, ciudadanos.

Winnie0 dijo...

ja ja ja Nos has compensado de la melancolia anterior..sí Tito ...genial. Desde luego no sé si luego siguió la relación con tu vecina pero...que "la impactaste" es seguro...anda que no habrá contado veces las cosas de "carlitos". El chiste del burro me parece muy bueno...y con buena moraleja...aunque no la diré. Un besote y ¡hala a seguir tan chistoso! jaja Besos

Luz de Gas RadioBlog dijo...

Que suerte tuviste y repetiste encima, vaya tela.

Los chistes buenísimos, sobre tod el segundo.

Por cierto te ha tocado un número para que nos cuentes un chiste el 30 de mayo en el radio blog, podrás almorzar tranquilamente con lo que encuentres en tu cocina.

Espero que puedas participar ese día ya me responderas, si me mandas un mail mejor.

Saludos

Abi E. dijo...

Una buena historia de radio. Yo siempre la viví de escuchante, al otro lado del receptor.
Un saludo

Lola Mariné dijo...

¡Jajaja! ¡Que encanto, Carlitos! Debiste ser todo un personaje de niño.
Besos.

Mariana Castrogiovanni dijo...

Jo! me imagino esas señoras "pacatas" escuchando tus chistecillos... jajaja
Que cara dura eras!! Me has hecho reir mucho
Un beso

Stanley Kowalski dijo...

Muy divertido Carlos!! Además cómo lo contás!! Qué lindos recuerdos, me encantó tu post, como siempre.

BESOTES Y BUENA SEMANA!!

Sil dijo...

Me has arrancado una buena cantidad de carcajadas, amigo.
Bien vale para una tarde gris de domingo otoñal !!!!!
BESOS

estoy_viva dijo...

Tito todavia estoy riendo de tu anecdota tan divertida, ademas con chistes incluidos todo por el precio de uno, no te enfades pero creo que dejaron de darle entradas por el chico demasiado espabilado que llevaba...jaja
Espero que tengas una buena entrada de semana
Con cariño
Mari

Mannelig dijo...

Hay que ver con el directo, ja, ja. ¿No apareció por allí la autoridad competente de uniforme gris, a ver quién era el niño que subvertía el orden moral del faro de occidente? Porque esto es poco menos que masonería...

XoseAntón dijo...

Entrañable, Carlos, verdaderamente entrañable. Ni Jaimito en sus mejores épocas. Ha sido un placer recodar aquellos, reconozco que también tenía éxito con los chistes, pero lo que más me trasladó fue esa radio novela, que mencionas. Cuando me madre no podía escucharla, le pedía si me dejaba latar a clase y se la escuchaba yo para contársela luego y funcionaba. Jejeje.

Saludos

Silvia Beatriz dijo...

Recuerdos de infancia que son imborrables. Travieso el pequeño Carlitos. Pero con una frescura que quisiera ver hoy en nuestros pequeñines.
Besos!

Paula (Bera) dijo...

Hola querido Tito, leerte ha sido un placer!!
Me reí bastante, jaja.
Eras terrible pero DIVINO!!

Te mando un beso enorme y que empieces linda la semana!!

Emma dijo...

Debiste ser un chaval con mucha chispa jajajaja !!!
Los chistes cortitos son geniales si se tiene la gracia que yo no tengo jejeje.
Gracias por este comienzo de semana TitoCarlos :D Un abrazote.

TitoCarlos dijo...

Bueno, me alegra amenizaros el principio de semana. Como soy yo el protagonista, he exagerado ese protagonismo, pero mas o menos fue así.
Los tiempos han cambiado, de travieso pasé a gamberrete, y después a persona seria (lo juro), pero seguro que encontraré mas cosas que contar.
Gracias por todos vuestros comentarios, y gracias a RadioBlog por invitarme el 30 de Mayo. Procuraré estar con vosotros.
Un abrazo,

Emma dijo...

Te escuche en el radio blog, se nota que disfrutaste del momento :D
Un besito.

TitoCarlos dijo...

EMMA, estás confundida, ¿hay otro Tito Carlos? Si todo va bien, el 30 de Mayo estaré en RadioBlog por primera vez.
Un beso,

Emma dijo...

Uyyyy!!! No es que haya otro TitoCarlos... es sólo que me confundí... Lo siento caballero ;) no me lo tengas en cuenta ¿vale?
Un abrazo.

Thiago dijo...

jaja por dios, que divertido... Lo que hay que hacer por un desayuno de gorra, no? Genial contada la angustia de los presentadores y eso que era la radio...si llega a ser la tele palman alli mismo. Me recuerda una vez que oí por la radio contestando a lo que le preguntaban de cómo le gustaban las mujeres y el tío decía: "Qué tengan mucho de aquí" Claro por la radio ya te puedes imaginar el cachondeo, jajaja

En fin, sera cosa curiosa oirte en RADIOBLOG seguro que con la gracia que tienes y las anecdotas que puedes contar, tu entrevista será genial

Bezos.

la-de-marbella dijo...

Jajaja, me has recordado a mi hijo el pequeño. Sus chistes son tan escatologicos que es mejor alejarse cuando los empieza a soltar con su carita de niño bueno jajajajaja. No me extraña que la vecina no te llevara mas, yo he tenido ocasiones en que no sabia donde meterme

Stanley Kowalski dijo...

Tenés razón, querido Tito, vamos a instucionalizarlo!! Porqué no?

BESOTES PARA VOS, MI QUERIDA CARMENCITA, y BUENA SEMANA!!!

Rosa Roja y ¿eres real?SI CLARO dijo...

Tito, solo personas que fueron como tu, saben volvers NO SERIAS, si no consecuentes y comprometidos con la vida y con los seres humanos... TÚ, LO HACES...MUY BIEN....

Estoy mejor GRACIAS Y muchos besos, me uno a STANT Y aunque no la conozco, felicito a CARMENCITA por estar a tu lado y besito tb para ella...

Marga Fuentes dijo...

Qué recuerdos, Carlos, cuando la radio era la protagonista de nuestras casas. Todo muy bien contado y con un increíble humor.
Gracias.
Un beso y feliz semana.

Miguel dijo...

Jajaja, está genial. Tienes delito, seguro que tu vecina estuvo unos cuantos días sion poder dormir del bochorno que tuvo que pasar.

Buena historia

Un saludo

Halatriste dijo...

Pobre señora, pero los churros con chocolate debían estar de muerte.
Jejejejeej
Un saludo

$. M. K. dijo...

En mi infancia la radio tambien me trajo buenos momentos, claro que ya habia tele. No pude evitar pensar en la pelicula de Woody Allen "Dias de radio" mientras leía este post, que tiempos aquellos

BeN-HuR dijo...

¿Sabes? el sueño de mi vida es ser locutora [...]

Silvia_D dijo...

Vaya niño mas bicho que eras!! me he reído un montón, gracias, genial!!

Muchos besossss

Mica dijo...

Buenísimo, parece de película.Eso es lo que diferencia tanto a los niños de los adultos, el sentido del ridículo. Tú pasándotelo pipa y desayunando por la patilla y la vecina amargada todo el programa por tus chistes. Un besito.

TitoCarlos dijo...

Me gusta que os haya gustado. Me oiréis en RadioBlog si el tiempo lo permite.
STANLEY lo de institucionalizar los lunes de risa va en serio, mientras tanto leer el blog de Mariana Castrogiovani que ayuda mucho...

Un abrazo a todos

delaRosa dijo...

He llegado aquí a través de blogs amigos y me ha gustado este rincón de relatos. Además me ha hecho reir que con la que está cayendo es muy importante.
Dulces recuerdos los tuyos.

Besines alados.

IBE dijo...

Que majo el Carlitos niño, ya tan elocuente y tan avispado para desayunar "by the face".

Un abrazo.

Anabel Botella dijo...

Jajaja. Qué bueno Carlos. Los niños son así y no se puede hacer nada. No echo de menos la niñez, pero a veces sí que me gustaría recuperar la candidez. Me he reído a gusto. Un relato con sabor a otros tiempos. Gracias por contárnosla.
Saludos desde La ventana de los sueños.

anapedraza dijo...

JAAJAA!!! ¡qué bueno! me troncho mientras escribo....

JAAAAA!

Miguel

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