miércoles, 8 de abril de 2009

Desafortunado impulso

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En la sala de atención al cliente reinaba un murmullo constante que adormecía a aquellas personas que no iban acompañadas. En esta oficina hay cuatro mesas con cuatro personas que atienden al público, y, por supuesto, cuatro filas de pacientes ciudadanos esperando turno. Es cuestión de suerte, algunos empleados son más lentos que otros, y algunos clientes ponen a prueba la paciencia de los oficinistas, que suelen permanecer en la oficina más tiempo que ellos.

- No puedo atenderle – dijo el empleado – espere a que uno de mis compañeros…
- ¡Cómo que no puede atenderme! – interrumpió el cliente poniéndose en pié.

La voz de aquel hombre, alto y fornido, resonó estruendosamente en toda la sala y el silencio lo ocupó todo. Todas las miradas se dirigieron hacia él, hacia aquel cuerpo enorme, vestido con chándal y despeinado que notablemente enfadado miraba furioso al oficinista que trataba de atenderle sentado tras su mesa.

Al empleado se le imaginaba muy pequeño, más aún estando sentado y frente a él, de pie, el gigante ciudadano que solicitaba sus servicios. Además de tener poca estatura, era calvo, llevaba gafas con cordón y traje marrón jaspeado con coderas en la chaqueta; no era delgado pero no se le puede catalogar aún como obeso. Su cara se mantenía inexpresiva, mirando fijamente al que le imprecaba, y en una de sus manos un bolígrafo golpeaba repetidamente la mesa.

- Cálmese y se lo explico – intentaba amablemente el empleado.
- ¡¿Explicarme?! – gritaba el hombre, enfadado, - ¡Llevo una hora esperando y ahora dice que no quiere ayudarme!
- Sólo dije que espere a…
- ¡Esto es una mierda! – interrumpió de nuevo señalando amenazador con el índice - ¡Sois una panda de maleantes!

El hombretón se marchó refunfuñando frases ininteligibles que se adivinaban horribles. Desapareció por el pasillo y a los dos minutos se oían por la ventana improperios de muy mal gusto contra la empresa. El empleado descolgó el teléfono y pidió ser substituido.

- ¿Puedes ponerte en mi mesa unos minutos?, gracias.

En la puerta de la oficina el hombre del chándal hacía de piquete animando a gritos a todo aquel que entraba para que cambiasen de agencia, acompañando la información con calificativos desagradables hacia la empresa y sus empleados. En el momento en que su sangre se encontraba a la mayor temperatura soportable, notó unos golpecitos en su hombro y se volvió bruscamente. Allí estaba el empleado que le atendió, con su estatura cuarenta centímetros por debajo de su vista, con piernas a la mitad de su longitud proporcional al cuerpo, apenas apoyando los pies en el suelo, y con dos muletas bajo sus axilas.

Ahí quedó el gigantón, lívido, enfriándosele el sudor rápidamente, los brazos caídos y la mente en blanco, mirando aterrorizado al pequeño oficinista. Éste, aguantó su mirada durante unos largos segundos sin haber cambiado la expresión de su cara, aunque se adivinaba que esta era su venganza.

- Esta mañana se ha estropeado el ascensor – dijo con tranquilidad sin apartar la mirada del cliente – y ha dejado el camión en el sótano. No puedo ayudarle a confirmar la carga. Entre, y póngase en una fila distinta a la de mi mesa. Buenos días.

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Nota: Esta entrada es automática, por estar de viaje. A la vuelta leeré vuestros comentarios y trataré de contestaros a todos. Un abrazo a cada uno de vosotros.

29 comentarios:

Sil dijo...

Es aleccionador este post.
A veces, debiéramos moderar nuestra furia, y contar hasta 10... antes de reaccionar...
Pero no es fácil !!
Palabra de iracunda !!!
ABRAZOS TALENTOSO AMIGO

(me dejaste reflexionando...yo vivo furiosa)

Paula (Bera) dijo...

Hola Tito, muy bueno lo que escribiste!!
Pensar que hay personas tan desconsideradas, que no se detienen un segundo a escuchar.
Si lo hicieran, se evitarían vergüenzas eternas.
Un beso!!!

Me encantó!!!
Feliz viaje!

Peter Camenzid dijo...

Que bueno el relato! Y que facil juzgamos de manera equivocada y damos rienda suelta al animal que tenemos dentro (aunque algunos lo llevan en la epidermis). Intersante tu manera de enseñar.

Gracias

Merche Pallarés dijo...

He leido tus tres últimos posts. Enhorabuena por el regalo de Anabel. Referente a éste post, no sabes bien lo energúmenos que pueden ser algunos... ¡si lo sabré yo! Teniendo que llevar al Imserso... Besotes, M.

Winnie0 dijo...

Te echabamos de menos.....Me ha gustado sobre todo porque describes realidades: hombre super grandullon que va de comerse el mundo, oficinista detras de una mesa...descripción auténtica la que ha hecho.
El final....brillante. No cabe decir más. Besos y si estas de vacas...a disfrutarlas....

Mariana Castrogiovanni dijo...

Como siempre, tu estilo es atrapante y tus finales impredecibles, una perfecta combinación. Un buen relato para enseñarnos a ser más asertivos, si quieres, un día hablamos de la asertividad.

Un beso, deseo de corazón que estés disfrutando tus vacaciones.

Felisa Moreno dijo...

Hola TitoCarlos, creo que este texto nos lleva a una reflexión, no podemos precipitarnos al juzgar. A veces vamos por la vida así, gritando, sin pararnos a escuchar lo que el resto del mundo quiere decirnos.

Muy bueno el relato, bien estructurado y con un final impactante. Enhorabuena.
Besos

anapedraza dijo...

¡Toda una lección de humildad!

La verdad que ha sido un toque de atención hacia mi persona, ahora no tanto, pero antes a veces me ponía igual de tonto que el del chandal. Pero todos somos humanos.

¡Espero que hayas disfrutado de la Semana Santa!

MIGUEL

Stanley Kowalski dijo...

Hermoso relato, cómo en un segundo afloran las miserias humanas y luego, al instante siguiente, las tenés que guardar. Fascinante como todo lo que escribís, mi querido Tito.

BESOTES

moderato_Dos_josef dijo...

Muy buen post. El final es estremecedor. a veces somos demasiado duros con ciertos funcionarios sin conocer lo que ellos tienen que sufrir a lo largo de días de atención al cliente. es un trabajo de muchísimo stress. Un abrazo!

Ana Belio dijo...

Hola Carlos

No sé si te he dejado comentario ya, me estoy poniendo al día que estaba retrasada.

Me ha hecho mucha ilusión ver el banner de mi foro aquí, al igual que reina y Miguel que ya lo han puesto.

Gracias, también por ir al foro y enriquecerlo con tu sagaz escritura.

Felices vacaciones.

Andrea dijo...

Para morir de vergüenza. Es verdad, no sabemos escuchar, no sabemos esperar.. Somos tan previsibles a veces. Muy buen relato Tito, un beso y espero que hayas pasado unos días estupendos.

Anabel Botella dijo...

A veces encontramos enseñanzas cuando menos nos lo esperamos. Tenemos que aprender a escuchar, y no a berrear cuando las cosas no salen como nosotros pensamos.
Saludos desde La ventana de los sueños, blog literario.

Blanca Estela dijo...

Es entretenido leerte. MUy. Supongo que conversar debe serlo más, y debe serlo todo junto porque seguramente eres un tipo muy observador. Y ese sentido del humor, vaya, está de mi gusto.
Aver si vienes al fin del mundo y te invito un café.
Suerte, aunque sé que la suerte no existe......

Halatriste dijo...

Muy bueno, y tan real, enhorabuena
Un abrazo

TitoCarlos dijo...

Sil: Dominar tu furia, sacarla a relucir sólo cuando es necesario, es algo que debías entrenar. Un beso,

Paula: Una vergüenza como esta aleccionaría a muchos. Un besazo,

Peter: Lo dicho. A lo mejor es bueno tener un animal dentro, y tenerlo dominado, sin dejar salir a la epidermis. Un abrazote,

Merche Pallarés: Aunque te guste el relato, ¡no te pongas muletas!. Puede ser grave si te descubren. Un besazo,

TitoCarlos dijo...

Winnie, sobrinita, Yo os he echado de menos a todos, pero ya estoy aquí. A veces descubrimos realidades cuando las leemos y descubrimos que las vemos todos los días. Aprendamos. Un fuerte beso,

Mariana, mi psico, la asertividad y la empatía debieran tratarse en la escuela. Como eso no se hace, hablemos de ello. Te espero. un beso,

Felisa Moreno, seguro que como buena escritora que eres, también pasas el día observando. Tu y yo sabemos que no basta mirar, hay que VER. Para juzgar, hay que ver mas allá de la escena, de la persona, del lugar, y acaparar datos. (Sabes que una simple escena da lugar a una novela) Un beso, y suerte con lo tuyo, que la tendrás.

Miguel(Ana, Claudia) esto está basado en un hecho real muy parecido. Cuídate, que puede sucederte. Un beso a los tres (al perro una chuche)

Stanley, esto tiene dos lecturas. La historia real en que me baso, el oficinista dice ser paralítico (miente) y el grandullón pide perdón(independientemente de si tiene razón o no). He conocido a discapacitados que abusan de su condición, y personas que no tratarían igual a todo el mundo. Critico personalmente las dos cosas, aunque en la historia, solo una. Un abrazote, y un beso de mi Carmen.

TitoCarlos dijo...

Moderato, ya he hablado de ello. Nos falta empatía y asertividad. Un abrazo,

Ana Belio, gracias por la visita; paso por el foro en cuanto pueda. Un beso,

Andrea, Mariana (nuestra psico) se ha ofrecido voluntaria para hablarnos de asertividad, algo que nos falta a muchos. Un beso, guapetona...

Anabel, creo que a veces alguien se merece una buena 'berreada', pero después de escuchar y recoger datos. Un besazo, y suerte con tu obra.

Blanca, con gusto te visito y charlamos aquío en el fin del mundo. Un abrazo,

Halatriste, gracias por pasar por aquí. Nos leemos.

Reina dijo...

Muy bueno Carlos y tan real; la impaciencia, el no saber estar, los modales perdidos; en este momento me he acordado de mi abuela quien me decía siempre que me enfadaba: se consigue más con miel que con hiel..., y con educación.

¡Genial!

Un besito

(Post.- abrí mi blog de nuevo; que se escondan los "gigantones", jajaja!!!)

pensamientos dijo...

Un gusto que estes de vuelta,y mas aún que me visitaras en mi blog! creo que es como tu dices por algunos comentarios que se ve de todo, algunos abusan de su incapacidad para lograr cosas un ejemplo( este se hace para pasarla bien), me ha gustado mucho tu post, besos mios y de kuoremio.

José Manuel Beltrán dijo...

Estuve ocupado (un poco de vacaciones, al igual que tú) y no pude pasar antes.

Me ha gustado el relato. A veces no nos parece tan difícil que se tenga que esperar, pero sin el hecho de la espera se hace más personal nuestra tolerancia empezará a flaquear para, a buen seguro, al final quedar en ridículo.

Salud, ciudadano.
http://ventanademarbella.blogspot.com

cristal dijo...

Está visto que siempre puede aparecer en tu vida un energúmeno. Esas personas ansiosas, impacientes, que van avasallando a todo el que se les pone por delante. Parecen esos niños consentidos que probablemente nunca escucharon la palabra NO. Afortunadamente nada les desconcierta más que la cortesía y la buena educación. Un abrazo Tito.

maria jesus dijo...

Me ha encantado el relato. Los que trabajamos de cara al público sabemos mucho de estas situaciones, aunque, la verdad es que la mayoría de la gente con la que me he encontrado es agradable y considerada.

TitoCarlos dijo...

Reina, todos debemos hacer caso a nuestros mayores. Ellos saben cosas que nosotros perdemos energía descubriéndolas. Un beso,

pensamientos, a pesar de todo, es aleccionador. Dale un beso a kuoremio de mi parte. Cuidaros,

José Manuel, la tolerancia puede flaquear por razones injustas. En ese caso no habrá ridículo; probablemente habrá apoyos. Un abrazo; nos leemos,

cristal, tienes razón. En esta historia, además, se muestra que su comportamiento no habría sido el mismo si lo hubiera sabido. Eso es lo que más me fastidia, el prejuicio generalizado. Un besazo,

maria jesus; son pocos, pero meten tanto ruido que parecen muchos. Una sola persona, de cien que atiendas, pueden amargarte el día.
Un un beso,

Critter Venudo dijo...

Lo que le pasó a ese tipo es que no supo escuchar algo muy común en la sociedad que nos ha tocado vivir.

danimetrero dijo...

De todas manera tuvo narices el empleado. hay gente que priemro golpea y luego escucha.

Silvia_D dijo...

Qué poco escuchamos, pero, siempre pretendemos ser oídos... buena reflexión, niño

Besoss

Natalia Cerri dijo...

Tito!! Como siempre, me sorprendo en el final. Relatos que son lecciones, aprendizajes que se vuelven narración.
Ah, me he animado, he comenzado también mi propio mundo bloggero, mi propia esfera. Si quieres, cuando gustes, pasa por ahí y deja tus huellas. Cariños.
Naty

Nuria Gonzalez dijo...

Aunque leo tus relatos como muchos otros, me queda poco tiempo para dejar un comentario pero ahi va este un continuaré.

La paciencia es en arte. Está en poder de muchos y practicada por pocos. La vergüenza en este caso es bien merecida.
Un abrazo.

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