domingo, 22 de marzo de 2009

Solidaridad histórica

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Hace unos años que terminó la guerra civil, pero aún se notan sus secuelas. Se notan en los distintos barrios, en la forma de vida de algunos y de otros, en la forma de vestir, en los juegos de los niños en la calle… y en la distribución de trabajo y alimentos. Hubo vencedores y vencidos, y tan solo en la actitud se reconocen las personas de cada bando. Hay mutilados de guerra en cada portal, cada taberna, cada esquina, pero unos mendigan y otros fueron nombrados Caballeros y tienen asiento reservado en el transporte público. Hay viudas por todas partes, pero algunas regentan tiendas y otras limpian las casas de los ricos para alimentar a sus hijos. Muchas familias quedaron divididas en opulentos y pobres, y pese al tiempo transcurrido la herida no quiere cerrarse.

Entre los que luchan por sobrevivir suele reinar la solidaridad, la ayuda mutua, el intercambio de trabajo y de alimentos conseguidos de distintas formas, ilegales o rozando la ilegalidad; para ello, los jóvenes y los padres de familia tratan de organizarse de forma discreta para lograr salir adelante con un mínimo de dignidad. Y lo que en el futuro serán anécdotas, en ese tiempo es la consecuencia de la desesperación.

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Una fila de camiones militares atraviesa la ciudad. Han salido del Parque Móvil Ministerial y se dirigen al aeropuerto militar. En su interior no hay soldados; hay cajas de varios tamaños con un sello en el que se lee ‘Sobrante de España para Alemania’, que se antoja un insulto a las necesidades alimenticias del barrio que atraviesan. Sin embargo la chavalería va corriendo junto a los camiones saludando a los conductores, obligando a estos a andar con cien ojos para que no haya una desgracia y sin parar de tocar el claxon para que se aparten.

El resto de los ciudadanos está en la acera mirando con pasividad o esperando a que termine la fila de camiones para cruzar la calle. Mario, padre de familia, y su pandilla están entre esta gente, y tras el último camión el gentío se pone a cruzar y en un hábil y rápido salto entra en la trasera del camión zaguero con uno de sus camaradas. El conductor sigue entretenido con los niños y no se da cuenta, de momento, que de la trasera del camión salen disparadas a la acera cajas y paquetes de todos los tamaños. La gente se arremolina para recogerlos y salen corriendo por callejuelas y callejones desapareciendo del lugar donde se comete el delito. Cuando el conductor se apercibe de lo que ocurre, pulsa el claxon desesperadamente para avisar a los conductores de delante, quienes acostumbrados a ese ruido no reaccionan, y entonces acelera con intención de alejarse y llamar la atención. Es en ese momento cuando Mario y su compinche deben saltar del camión y huir con las manos vacías para asegurarse la impunidad.

Mario y compañía quedan siempre en una taberna para tomar un vino y jactarse de su proeza; se numeran para saber que no falta nadie y regresan a sus humildes hogares con tranquilidad. Cuando Mario llega a casa, su mujer le informa de lo que gente del barrio le ha traído; chorizos, galletas, latas de conserva, leche en polvo, café… Carga con la mitad del botín y vuelve a salir para repartirlo con los demás vecinos del portal. Nadie pregunta, nadie agradece; otro día el fontanero le arreglará el grifo y el electricista la vieja radio. Así funcionaba el intercambio entre algunos vecinos de barrio.

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En la esquina de la manzana en que vive Mario está la carnicería de Avelino. No tiene material para vender, ya que lo poco que consigue se vende en unos minutos; pero en cualquier momento puede llegar otra remesa de carne y Avelino debe mantenerse en su puesto. La esquina está sombreada, y Mario y él pasan la tarde sentados junto a un botijo de agua fresca y fumando cigarrillos de liar, charlando y planeando ‘salidas’ para la siguiente oportunidad.

Un día apareció un asno, rollizo y de poco pelo, bajando por el sendero del callejón hacia el río. Ni Mario ni Avelino parecen inmutarse; el carnicero fuma mirando para otro lado, y Mario está con la silla inclinada hacia atrás, apoyado en la pared con el sombrero de paja tapándole los ojos. Pero ambos lo han visto. Solo se perciben movimientos de labios.

- ¿Y ese burro?- pregunta Mario.
- No sé. Parece el de Don Claudio.

A la tarde siguiente se repite la misma rutina. A la misma hora observan con disimulo que el animal hace el mismo recorrido.

- Es de Don Claudio. Baja a beber agua y a comer hierbajos.- dice Avelino.
- ¿Lleva tiempo haciéndolo?
- No. Solo tres días. Pero es de Don Claudio.
- ¡Ya!

Don Claudio era un pequeño terrateniente; en dos años, después de la guerra, se convirtió en un gran terrateniente por anexiones ‘legales’ a su huerta. Se construyó un palacio y una fábrica, y no ha vendido al animal por pura pena, pero no quiere verlo deambular por sus terrenos; da mala imagen. Así que enseña al animal a ir a la pradera cercana al rio para que pase allí la tarde, con intención de que se vaya acostumbrando a pasar el día. Sus relaciones con altos cargos de la Guardia Civil y de los ministerios le hacen sentirse protegido ante el resto del barrio. Nadie se atreve a tratar con él, y todos saben que el burro es suyo.

- ¿A qué hora está de vuelta?- pregunta Mario.
- A las nueve. Ayer se retrasó y bajó Don Claudio con un guardia.
- ¿Seguías aquí a esa hora?
- No. Lo vi por la ventana.

La tarde del día siguiente no la está pasando Mario con el carnicero. El asno hace su rutinario recorrido de bajada al río, y a las diez de la noche se hace una batida por los barrios cercanos buscando al animal que, de momento, se cree que se ha perdido. Y no aparece.

El día siguiente fue sábado. Mario se acerca a la carnicería y se entretiene con Avelino a la vera de un pequeño porrón de vino y unos trozos de farinato. No hablan del tema, sino del tiempo y se preguntan por las mujeres y los hijos. Cercano el fin del porrón, la pareja de la Guardia Civil que podríamos llamarla ‘la del barrio’, entra en la carnicería.

- ¡Buenos días! – dijo uno de ellos.
- Buenos días – contestaron a la par Mario y Avelino.
- ¿Conocen al burro de Don Claudio?

Una leve sonrisa se esbozó en sus labios y fue percibida por el otro miembro de la pareja.

- ¡Nada de bromas! ¡Contesten!
- Sí, yo lo conozco – contestó el carnicero ya mucho más serio – lo veo todas las tardes bajar por ese camino.
- ¡Ayer no regresó!
- Bueno, yo… no sé, nunca le veo regresar.

El guardia, muy serio, les mira de la cabeza a los pies y le pide al carnicero que le enseñe las dependencias. Son muy pocas; una habitación hermética con hielo para hacer de nevera totalmente vacía y un habitáculo sin puerta con una mesa limpia y útiles de carnicería. Hay un ventanuco alto, grande, al que no se llega a ver el exterior. El guardia señala a Mario y hace una seña para que se acerque. Le señala una caja de madera envejecida y medio desvencijada que hay junto a la pared y Mario y Avelino comienzan a sudar.

- Acerquen ese cajón debajo de la ventana. - dijo el guardia con extrema seriedad.

Mario y el carnicero se miran primero y luego obedecen; arrastran el cajón con esfuerzo disimulado y lo colocan bajo el ventanuco. El guardia se sube al cajón y otea el exterior durante unos segundos con suma atención y se baja decepcionado.

- Si por casualidad viesen a ese animal, ¡avísennos! ¡¿de acuerdo?!
- Si señor – dijeron de nuevo al unísono.

Cuando los guardias desaparecieron, Mario tomó un trago del porrón y lo pasó a su colega para que lo vaciara del todo.

- Casi encuentran la cabeza; si nos pillan se nos cae el pelo. – dijo Mario.
- Si – dijo Avelino limpiándose los labios – y si vemos al burro de Don Claudio hay que avisarles.

Ambos rompieron en carcajadas reprimidas para que no se oyeran en el exterior.

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49 comentarios:

kuoremio07@gmail.com.ar dijo...

Muy buen relato, pero pobre asno!!!!!!!. besos y buen fin de semana.

Sil dijo...

Atrapante relato.Precioso.
Mezcla de tragedia y comedia.
Caricatura con toque de melancolía.
Besos.

Oz Vega dijo...


Jajajajaj
Primera vez que paso por tu casa... y que lujo poder leer este texto... es genial!
la guerra marca... definitivamente lo hace mucho mas de lo que picasso dijo a gritos con su guernica!
saludos
¸.•´¯`•...¸><(( ((º>

Ragofer dijo...

Pobre burro, jeje.
Muy interesante e instructivo el relato.

Didac Valmon dijo...

Me ha encantado, a´si que si vemos al burro de don claudio hay que avisar jjaja, pobre animal. Pero eso solidaridad, me encanta como lo dices en la primera parte, me ha encantado

Manolo Jiménez dijo...

Es la primera vez que comento, aunque llevo leyendo mucho tiempo.

Creo la anecdota a pies juntillas, me crié en un barrio donde algunas viudas se vieron y se desearon para sacar adelante a sus hijos, la mayoría de las veces pese al burro de Don X.

Abrazos.
Manolo

TitoCarlos dijo...

Kuoremio, en aquella época, siendo carne y no viendo la cabeza...
Un beso,

Sil, es lo que digo; ahora son anécdotas, porque vemos la parte menos trágica de la vida.
Un besote

Oz Vega, Hablamos de memoria histórica y solo hablamos de muertos. He tratado de recordar a los héroes de barrio en aquella época. Un abrazo,

Ragofer, en aquella época, no había gatos por los barrios.... y aparece un burro. Pasó lo que tenía que pasar.

Didac, no siempre era así, pero en algunas zonas, funcionó. Se lo dedico a esos sitios que sobrevivieron manteniendo la solidaridad. Un abrazo.

Manolo, gracias por venir a leerme.
La lucha por sobrevivir era diaria, solo he contado dos de esos días. Nos leemos,

Gracias a todos.

AliciA dijo...

Mmm... es casi tremendista!

Besos!

Stanley Kowalski dijo...

Excelente tragicómico relato, con pinceladas de un pasado no muy lejano, contado como sólo vos podés hacerlo.
ME ENCANTÓ!!!!!!!!!


BESOS

moderato_Dos_josef dijo...

Muy buena historia. Fenomenal dar con un blog de relatos desde mi blog de relatos. Espero que interactuemos de alguna manera, por lo menos conociéndonos. creo que narras muy bien, no me pude despegar hasta el final. Excelente. Me llevo tu link y me apunto ya a tus seguidores, volveré sin duda, me gusta leer... y escribir. Un abrazo de josef!

Halatriste dijo...

Me ha gustado mucho, enhorabuena, por relato.
La guerra casi nunca perjudica a los ricos.
Un saludo

XoseAntón dijo...

En este caso el que muere es el bueno de la película(pobre inocente). Por lo demás, es una excelente muestra de las miserias humanas(tanto de un bando como de otro); no sólo de una época, por desgracia, creo estamos condenados a que sean eternas. Habrá otros nombres, otras ideologías, otros credos, pero las miserias parecen siempre las mismas.

Muy buen relato, con peso y trasfondo.

Saludos

estoy_viva dijo...

Me gusto el relato porque mi padre nos contaba cosas de aquella época y era igual como lo describes...siempre en cualquier pueblo habia un don claudio bueno en andalucia los llamamos terratenientes....
Cuando hay escasez hay que agudizar los sentidos para buscar alimentos para la familia.
Feliz tarde del domingo
Con cariño
Mari

José Manuel Beltrán dijo...

Bonito relato del que, desgraciadamente, muchas personas todavía pueden extaer sueños terribles que coincidan con su niñez.

Salud para tí, ciudadano, que ya no puedo desear al burro y que nunca desearé a D. Claudio.
Un abrazo,

Winnie0 dijo...

Bueno bueno...I'm speechless que en cristiano es que estoy sin palabras...tu hila hila y sacas una historia que me empieza sobrecogiendo porque la "verdad" es dolorosa (e imagino esos camiones y a los niños de la guerra corriendo a su lado) y acabo con una sonrisa de "asno" en la cara...Sí mi Tito...as usual lo has bordado...¿tendría nombre el burrico? Besos ya desde Madrid.

Ruth L. Acosta dijo...

Pobre burro... me pregunto... lo habrán hecho machaca?? que triste final, que culpa tenía el burro?

Saludos desde México,

Stanley Kowalski dijo...

Muchísimas gracias Tito, sos un gran hombre con un gran mujer a tu lado.

BESOTES PARA AMBOS.

Luzjuria dijo...

Excelente relato, se podía sentir el latido de los corazones cuando regristraban el lugar...y el burro paso a mejor vida...

Un abrazo

Critter Venudo dijo...

Hola Tito Carlos, todas las guerras tienen sus secuelas, es una lástima, pero ya sabes que la tendencia natural del ser humano es la de ocupar espacios nuevos y eso conlleva hacer guerras. De hecho por mucho que nos pese, las fronteras están hechas mediante sangre. Es una pena.

TitoCarlos dijo...

Alicia, Las anécdotas son reales, tremendas en su tiempo...

Stanley, es una pena no haberlas contado mucho mejor, pero creo que reflejan esa época, que sin humor hubiera sido insoportable...

Moderato, gracias por tu visita, y por supuesto, nos leemos.

Halatriste, las guerras es uno de los negocios que enriquecen a algunos y empobrecen a otros. Es evidente. Gracias por visitarme.

Xose, el burro, igual que los camiones, era un insulto el pasear impunemente por un barrio hambriento, al que no quedaban ni perros ni gatos....

Mari, (estoy_viva), esos tiempos hay que recordarlos y añadirlos a la memoria histórica. Nos lo merecemos. Un beso.

Jose Manuel, Quedan pocos para relatar sus recuerdos; esto es un homenaje a ellos.

Winnie, Eran tiempos trágicos de donde se sacan situaciones cómicas, para contarlas con buen rollito...

Ruth, lo siento, ya digo que el burro muere para dar vida a otros, como las terneras y los corderitos...

Luzjuria, efectivamente, se jugaban la vida casi a diario, pero cuando el fin parece estar cerca, se pasa mal. Nos leemos.

Stanley Kowalski dijo...

Gracias Tito, qué hermoso comentario me dejaste, ya sabés el inmenso afecto que te tengo.

BESOTES PARA VOS Y PARA CARMEN

TitoCarlos dijo...

Criter, Bueno, creo que iniciativas como la unión europea difumina en parte las fronteras, por eso estoy en contra de los que intentan ponerlas o dejarlas mas marcadas que antes.
Gracias por la visita

estoy_viva dijo...

No seria mala idea indagar en la vida de los blogueros, seria interesante lo que hay detras del ordenador, que hacen, su forma de vida, etc.. jaja.
Es que me gusta estudiar a las personas, me gusta la psicología aunque no acierto ni una...jaja.
Hay que tener sentido del humor.
Con cariño
Mari

ulises dijo...

En posguerra abundan las historias de subsistencia. El estraperlo estaba a la orden del día y en casi todos los pueblos había censados bastantes arrieros.
Y, eso si, en casi todas los relatos aparecía la benemérita.
Por cierto, yo debo ser de los pocos que he comido carne de caballo.

TitoCarlos dijo...

Ulises, en mi barrio había un despacho de carne de caballo (así lo ponía sobre la puerta). Al parecer no podía venderse en carnicerías.
Eramos familia numerosa, y si queríamos comer carne debía ser de ésta en muchas ocasiones.
Ahora, se vende en algún Hiper la carne de caballo de la sierra de Guadarrama como si fuera ORO.
Ya ves, conoces a otro que la comió, creció y ahora cuentas historias.

Un abrazo, e intentaré hacer tu tiramisú. Ya te contaré.

TitoCarlos dijo...

Merche Payarés, He recibido tu comentario pero no se porque aparece. En cualquier caso me alegra que te haya gustado esta historia, y espero que cuentes más de tus familiares. Son instructivas y estupendas.

Un beso,

Mica dijo...

Siempre es un lujo poder leerte. Aunque en épocas de necesidad no hay pena que valga, no puedo evitar lamentarme por el asno. Me ha gustado mucho el toque cómico de la historia.Para cuando un libro con las historias? Besotes

noelia dijo...

feliz lunesssssssssss!!! muaks

Lola Mariné dijo...

Malos tiempos aquellos, en los que se daban situaciones tragicómicas y un tanto surrealistas.
Un buen relato.
Saludos.

Peter Camenzid dijo...

Que manera de meterme en la España de no hace mucho tiempo atrás! Que descripción! Que tal estudio de sociologia! Un relato maestro. Gracias.

IBE dijo...

Esta vez el calificativo es "entrañable". La solidaridad, por supuesto, el pobre asno ya no servía a su dueño salvo de estorbo y eran tiempos de miseria.
Quien no ha conocido las historias de la cantidad de conejos que se vendían sin cabeza, pero en pueblos donde no había gatos, je,je.
Pues eso, que cuando no hay pan, buenas son tortas y lo considero totalmente legítimo.
Muy bien llevada la vena tragi-cómica de la historia y encantadoras las fotos históricas.

Stanley Kowalski dijo...

Gracias Tito, me alegro que te haya gustado.

BESOS PARA LOS DOS.

TitoCarlos dijo...

Mica, No se si publicaré algún día. Si lo hago serán historias mas largas. Gracias por animarme.

Noelia, bienvenida, si nos vemos por Valladolid nos tomaremos un vinito, ¿no?

Lola, gracias a esas situaciones se logró sobrevivir; y algunos estamos aquí.
Un besazo,

Peter Carmencid, Gracias por la visita y por tu halagador comentario. Nos leemos.

IBE, conejos sin cabeza, leche (¿leche?) en polvo, sopa en polvo, café sin café... y aquí estamos. Un besazo y gracias por la visita.

Marinel dijo...

Qué buena la historia, a pesar de que rezuma tristeza por los cuatro costados,ya que todas esas argucias, solo se hacían por la falta de medios para subsistir.
Aquella época,fue fría y deleznable en la que como bien dices,unos enriquecieron mientras otros tenían que valerse de artimañas como esta para poder vivir...
Las guerras son devastadoras. Los vencidos nunca olvidan, y los que vencieron siempre llevarán el lastre del odio colgado a su espalda...
Muy bueno.
Besos.

anapedraza dijo...

¡Excelente relato! Echaba de menos leerte.... pobre burro, el hambre y el burro de su dueño le sentenciaron a muerte.

Y lo más triste de todo, la Guardia Civil buscando el burro de un cacique. Ojala no se tengan que repetir aquella época...

¡Un fuerte abrazo!

MIGUEL

cristal dijo...

Está claro que cuando hay hambre no se puede andar exhibiendo opulencia. Lo siento por el asno, pero imagino que gracias a él, muchos pudieron saciar su hambre. Buen relato, Tito.

TitoCarlos dijo...

Marinel, pasarán varias generaciones, pero se llegará a ese olvido interno. Un beso

Cristal, creo que ese día fué una fiesta. Un beso

Papa-Miguel, tenías que estar dando el bibe a Bala-Claudia, y no dejes a la abuela tanto tiempo con ella en brazos. Se enfadará Ana-mama (o era Ana-Cañón?). No se te ocurra asustar a la niña con eso de '¡que viene la guardia cerriiiil!'. Un beso a todos.

OPIÜM dijo...

Muy buen relato.
Mejor comer burro que no gato o culebras....un señor del pueblo de mi abuelo comía culebras asadas y no es broma...también se decia que llegaron a comer zorro o erizo....

Isabel dijo...

Es un relato muy bueno Tito Carlos.
Pero pobre burro. Un beso

Reina dijo...

Époce durísima tuvo que ser la posguerra y aguantar la falta de libertad durante tanto tiempo; sin embargo, me ha encantado esa complicidad callada, esa solidaridad entre los vencidos; sólo lo siento por el burro de D. Claudio (pero por el burro). ¡Excelente!

Un beso

maria jesus dijo...

Que buen relato, he leido que en Madrid se llegaron a comer las ratas en guerra. ¿Es verdad que mandaban alimentos a Alemania? Supongo que sería para los de la División Azul, si no no tiene sentido.
Ahora en Carrefour venden carne de caballo y harina de almortas. Si lo viera mi abuela...

quéinsólito dijo...

Lo de la hora del planeta me ha parecido interesantísimo! hay que hacer algo! aunque no sé si será más como autopublicidad que como otra cosa, pero bueno, algo es algo!

Thiago dijo...

Lo mejor de todo es que el burro de Don Claudio seguramente volvería a su legítimo dueño....¡pero en forma de filetes de ternera! jaajaj

Que época, no? Dicen que en una guerra se aprende de todo, a morir y tb, claro, a sobrevivir.

Un relato muy emocionante y tierno.

Bezos.

BeN-HuR dijo...

Me vas a perdonar pero he "calcado" en mi blog tu entrada sobre la cita con el PLANETA el próximo día 28 de marzo.

Me parece una muy buena iniciativa y quiero hacer constancia de ello.

Muy bueno el relato, como siempre [...]


Un saludo desde CANTABRIA

TitoCarlos dijo...

Opium, como ya dije antes, Gracias a eso han sobrevivido y aquí estamos; no olvidemos la lección. Gracias por tu visita.

Isabel, ahora, en la opulencia, pobre ternera o corderito. Gracias al burro hubo fiesta en el barrio....
Un besote,

Reina, ahora estamos sobrados de alimentos (en algunos sitios) y faltos de solidaridad, de ahí el recordatorio y el homenaje a gente como Mario.
Un beso,

Maria Jesus, no busques sentido, que no lo tiene. Nada se hace gratis; aquella Alemania ayudo a aquella España, y se pagó de esta forma.
Un beso,

Thiago, aquella carne no se vendió. Don Claudio comería su ternera; así se le indigestase.
Un abrazote,

TitoCarlos dijo...

Ben-Hur, por supuesto que puedes copiar el texto y el link, ninguna de las dos cosas son mías, y estan puestas para todo aquel que le interese.

Un beso

sdjrp dijo...

titoooo hombreee que fino quedo eso... es de ben hur? en serio?! yo la tengo en mi compu!!! voy a verla en rato a ver que tal... baje un monton de pelis (aqui en venezuela al parecer es legal xD)

Celia Rivera Gutierrez dijo...

Buen día Tito, ya van varias veces que te leo y me quedo con el comentario en el tintero porque me interrumpen por alguna razón.

Pero en esta ocasión retomo de nuevo la lectura y te digo que tienes una narrativa excelente y una manera de decir las cosas sin decirlas.
Así que el burro termino en la carnicería y lo disimularon muy bien.

Gracias por tus relatos
Un gran abrazo desde mi México

Celia

kOkOaVaN dijo...

El burro es carne que echarse a la boca ;)
Con tu permiso (o sin él) me incluiré en tu lista de seguidores...voy a seguir leyendo.
Saludos!

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