jueves, 5 de febrero de 2009

Historia del Perro Paco

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En Madrid, en la esquina de Alcalá con la calle Peligros estaba el convento de las Bernardas, mas conocido como de las Vallecas, aludiendo a su lugar de origen.

Mendizabal lo convirtió en cuartel de instrucción, y mas tarde fue Museo del Teatro, Museo Filarmónico (?), Bolsa de Comercio, Colegio y almacen municipal. Se derribó el siglo XVIII y se construyó un edifio de viviendas en cuyos bajos estaba el famoso café de 'Fornos'.

Pepe Fornos instaló un café en la calle Sevilla, esquina al Callejón de los Bodegones, el Café Europeo, mas tarde llamado Del Inglés, y a su muerte, con la experiencia recogida de sus hijos, se trasladó a las casas recién construidas de Alcalá esquina Peligros, cambiando de nuevo el nombre por Café de Fornos.

Edmundo de Amicis, en el relato de su viaje a la corte del rey Amadeo, decía que en sus salones podían bailar cien parejas sin molestarse. Jorge Barrón, don Jorgito el de las Biblias, en 1836, después del asesinato y descuartizamiento del general Quesada por el populacho, se trajo aquí una de sus manos para revolver el café con el que celebraron su azaña los revolucionarios.
Muchas y más variopintas anecdotas acontecieron en estos salones, pero la mas amable es la acontecida con un animal: el perro Paco.




Apareció arrimándose a la mesa en que cenaba el Marqués de Bogaraya, triste y con cara de muchísima hambre. El Marqués compartió su filete con el perro, y éste, como agradecimiento, se sentó junto a él como si fuera ya su amo. Le siguió hasta el portal de su casa, y allí continuaba a la mañana siguiente. Desde entonces fue su fiel acompañate de mesa y mudo asistente de sus tertulias. Su gracia y desparpajo hizo que se convirtiera en mascota del grupo e incluso los acompañaba a espectáculos teatrales y taurinos.

Todo iba bién, y su fama se extendió por la villa; incluso un gracioso quiso cambiar el oso por el perro en la heráldica madrileña. En una ocasión, en los toros, el espada no convencía y habia un soniquete constante de pitos, y el perro Paco, solidario con el personal, saltó al ruedo y acompañó el concierto con sus ladridos hacia el matador. El torero, enfurecido, cambió de objetivo y ensartó con la espada al perro Paco.

Murió como un Miúra.

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P.D. Las ilustraciones y la historia las obtuve del libro 'La calle de Alcalá 1656 - 1996' de Mario Fernandez Navarro, capítulo 2: 'De Sol a Sevilla'
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9 comentarios:

El chache dijo...

Buenisimo.
Un saludete

Critter Venudo dijo...

esta entrada me ha encantado Tito Carlos, desconocía la historia de éste perro. Simpre aprendo cosas nuevas. Un fuerte abrazo del critter.

anapedraza dijo...

Pobre perrito, nadie se merece ese final.

Un abrazote.

MIGUEL

Una senderista. dijo...

Que interesante, pequeñas historias con mucha historia

Didac Valmon dijo...

qué pena de historia...el torero se metió con el único que podía, que cobarde!!

Felisa Moreno dijo...

Pobre perrito, al menos tuvo una muerte digna y pasó a la historia, otros perecen atropellados sin más.

Un saludo y gracias por visitar mi blog.

danimetrero dijo...

Me encantan las historias de este libro , ya nos contaras más

Winnie0 dijo...

Dá un gustazo cuando pillas una entrada de casualidad y te gusta...me encanta y me entristece el pobre perrillo, pero la historia me enriquece.Encantada de haberme paseado por tu casa. Un placer. Besos.

Gatos Chulapos dijo...

Leí hace mucho la historia de este perro humanizado como pocos y ahora me la has echo recordar.
Bravo!

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