domingo, 1 de febrero de 2009

El mundo sin Rosa


Y llegó Rosa; con su marido, con sus maletas, con sus tres pequeñas hijas. Tan hermosa, tan dulce, tan desgraciada.

Andrés los vio llegar desde la ventana del descansillo de la escalera, fumándose el cigarrillo de rigor mientras su madre limpiaba la casa. Siempre lo hacía; “por no estorbar”, decía su madre, ya que no le dejaba participar en las tareas domésticas. Trabajaba y traía un jornal a casa suficiente como para premiarle en ese aspecto. "Bastante tienes con tu trabajo", y Andrés se dejaba llevar por una placentera vida que se resumía en jornada laboral, comer y divertirse. Pero la rutina quedó rota cuando llegó Rosa con su familia.

Se veía un coche muy usado, aunque no destartalado, algo sucio en lo que parecía mas bien resultado de un viaje por zona polvorienta; lo conducía una mujer, que se apresuró a salir del coche, abrir el maletero y ocuparse de los viajeros del asiento de atrás mientras por la otra puerta salía desperezándose y estirando los brazos un hombre despeinado y de barba cerrada.

Andrés terminó su cigarrillo despreocupado de la escena en el momento en que su madre le avisaba de que su amigo Julián estaba al teléfono. Con Julián solía quedar siempre para las actividades lúdicas: ir al cine, al teatro, conciertos e incluso alguna que otra exposición pictórica. Ese día irían al cine con otros dos amigos, y así quedó concertada la cita.

Al colgar el teléfono se encontró con la figura de su madre, con las manos apoyadas en la cadera y con gesto que denotaba algo de impaciencia.

- Aún no he terminado.

Otro cigarro, pensó Andrés. Y con media sonrisa se dirigió de nuevo al descansillo.

Subieron dos niñas primero, corriendo por las escaleras, que se quedaron paradas, una junto a la otra mirando fijamente a Andrés mientras encendía su cigarrillo. Pese a la diferencia de estatura se notaba que eran hermanas: misma mirada seria e inteligente, mismo color castaño y rizado de pelo y mismo peinado, que parecía imposible de existir otro con ese tipo de cabellera. Después subió su padre con la mas pequeña sobre los hombros, agarrada a sus largas y descuidadas barbas. También era hermana de las anteriores, pero se deducía solo por el peinado, ya que la mirada era alegre y su sonrisa se antojaba permanente. Su alegría parecía contagiada de su padre, que subía las escaleras silbando y dando pequeños saltitos que provocaban la hilaridad de la pequeña. Calzaba unas viejas deportivas, y vestía un viejo pantalón de pana, una vieja camisa de franela de cuadros y una rebeca gris de no menos antigüedad que el resto de la vestimenta.

La idea de tener nuevos vecinos no le apasionaba precisamente a Andrés; este hecho podría romper la tranquila monotonía que llevaba disfrutando estos años, y ese temor le hacía exagerar los resultados de esa primera impresión al ver a su nuevo vecino.

- Aquí es - dijo el barbudo padre parándose en la puerta de enfrente, al otro lado del descansillo y sin reparar en la presencia de Andrés, al contrario que sus hijas. Sacó una llave del bolsillo y abrió ruidosamente la puerta. - Podéis pasar niñas. ¡ Vamos Rosita, te espera tu nuevo hogar ! - gritó.

- ¡ Ya voy, tenía que cerrar el coche ! – La voz de Rosa fue percibida por primera vez por Andrés, y le hizo girar la cabeza para saber quien poseía tan dulce voz. Rosa subía con una aparentemente pesada maleta y una gran bolsa llena de ropa que arrastraba por las escaleras. Andrés tiró lo que quedaba de cigarrillo y se apresuró a ayudar a Rosa.

- Deje que la ayude con la bolsa, parece incómoda de llevar.

- Se lo agradezco muchísimo, es usted muy amable.

Era la madre de las niñas, no cabía duda, el mismo pelo, la mirada de las dos mayores y, aunque forzada, la misma sonrisa que la pequeña. Su juventud chocaba con la madurez de su marido, y esa voz... dulce y resignada a la vez, como incapaz de mostrar rencor, perfecta en tono y volumen... Música, al fin y al cabo.

- Llámeme Andrés, vamos a ser vecinos.

- Yo soy Rafa - dijo su marido desde la puerta de su nueva casa - y ella es Rosa. Gracias por ayudarnos, tengo problemas con los riñones y no puedo cargar peso.

Era increíble, o no creíble para ser mas exacto; su voz y su sonrisa socarrona parecían indicar una mentira creada para justificar un comportamiento injustificable; idea corroborada por la expresión de la cara de Rosa en ese instante. Y en ese momento, precisamente, comenzaron a aflorar en el interior de Andrés sentimientos encontrados hacia Rosa y Rafael.

La casa la alquilaron amueblada, y ese primer día no tenían comida. La idea de Rafa de ir a tomar unos bocadillos a cualquier parte incomodó a Andrés lo suficiente como para traer de su casa huevos, leche, aceite, pan... para aguantar hasta el día siguiente en que realizarían las primeras compras de rigor.

Quería escuchar de nuevo esa voz, deleitarse en ella y mantenerla grabada en... Se dio cuenta del cambio en su interior. No había tenido problemas con las mujeres nunca, conocía a muchas en el trabajo y entre sus amistades, y con ninguna de ellas había sentido lo que sentía ahora. Una mujer casada. La primera vez que le sucedía, pero no pudo evitarlo, su corazón le pedía hacer lo posible por conseguir al menos una cerrada amistad con Rosa.

Para lograr un acercamiento a Rosa, simuló un acercamiento a Rafa invitándolo a una cerveza mientras Rosa colocaba sus enseres en la casa; y así supo que ella tenía un título universitario, pero que Rafa no iba a consentir que su mujer trabajase, mucho menos teniendo tres hijas que cuidar; que Rafa estaba cobrando subsidio de desempleo, y que sería así por mucho tiempo ya que su enfermedad no le permitía hacer determinados esfuerzos físicos necesarios para la realización de los trabajos que sabría desempeñar; y que era un borracho. Andrés hacía distinciones entre alcohólico y borracho; y Rafa era, en tono despectivo, un auténtico borracho.
Le gustaba beber, y pudo comprobarlo con la primera cerveza; bastaba observar su caída de ojos y escuchar como resbalaban las palabras por su boca después del primer trago; y después del segundo resbalaban las ideas, y tras el tercero tropezarían los pies uno con el otro como grotescas payasadas de humor barato.

Y así fue como lo llevó a casa, con la vergüenza de enfrentarse a Rosa el primer día que la conoció por llevarle a su marido en ese estado. Su decepción le corroía interiormente; en vez de acercamiento tendría que enfrentarse a Rosa; pero no hubo enfrentamiento.

Rosa abrió la puerta y miró a Rafa con acostumbrada indiferencia, ni siquiera sus hijas mostraron desconcierto por el estado de su padre.

- Hola Rosita - dijo con su ebria voz - tenemos un vecino estupendo, no como los antipáticos de la otra casa - y cruzó el pasillo hasta el baño tropezando con las paredes de uno y otro lado sin mediar mas palabras.

- No ha bebido tanto - dijo Andrés con afligida voz - lo siento; no sabía que...

- No te apures, si no es contigo será con otro, o él solo, pero lo verás así a menudo, hasta que tú o el vecino de arriba nos obliguéis a irnos. Como siempre. Gracias de todos modos por ayudarle a llegar a casa; en este barrio y el primer día se habría perdido.- sonrió levemente y se despidió - Hasta mañana.

- Hasta mañana.

Se quedó en el descansillo; se encendió un cigarrillo y mirando por la ventana se puso a pensar. Su voz. De nuevo la ha escuchado y pese a lo tratado, no había ni un ápice de despecho por lo ocurrido. Se repetía sobre todo en su mente ese “Hasta mañana” que le daba esperanzas renovadas.


Todos saben que estas familias existen; pero solo en los telediarios y en las noticias tremendistas de la prensa. Debido a su profesión, Andrés conocía estos casos de cabeza de familia alcohólico, en paro, haciendo desgraciada a cualquier persona de su entorno que sin embargo dependen económica y sentimentalmente de él. Se preguntaba que sucedía en esa casa después de cerrarse la puerta a espaldas de Rafa; cómo era el ambiente familiar durante las comidas o un domingo por la tarde; cómo era la relación de pareja... Realmente no sabía nada, pero le preocupaba; y le preocupaba por Rosa.

Nunca había sentido nada igual; se dio cuenta que faltó a una cita esa tarde con sus amigos y que no estuvo en casa desde que pidió a su madre comida para los nuevos vecinos. Entró apresuradamente pidiendo perdón a su madre por no tenerla informada de sus últimos movimientos, como hacía siempre, y llamó por teléfono a alguien de quien ya no tuvo respuesta, quizá cansado de esperar a un Andrés que nunca hasta entonces había faltado a una cita. Recordó entonces que así ocurrió con algún viejo amigo al que mas tarde cambió su asidua compañía por la de una mujer que ahora es madre de sus hijos. Pero Rosa era una mujer casada y con tres preciosas hijas; aunque todo tenga solución en esta vida, la solución puede ser traumática para Rosa, para sus hijas o para su propia madre. Mejor tratar de regresar a la antigua vida cotidiana.
Pese a sus esfuerzos no cenó esa noche; incluso su madre mostró preocupación por su estado, sin hambre y con la mirada fija en el infinito, como si su realidad no coincidiese con lo que lo rodeaba, como soñando con los ojos abiertos. Tampoco pudo dormir, no se le cerraban los ojos ni se le apartaba de la mente esa última sonrisa y esa esperanzada despedida: "Hasta mañana", como diciendo: "Mañana nos vemos otra vez."

Andrés trabajaba en la oficina de empleo del distrito como administrativo, lo que le favorecía ya que no atendía al público, pero sí estaba al tanto del movimiento de mano de obra y siempre procuró ayudar a familiares y allegados que lo necesitasen; pero aunque quisiera no podía hacerlo con Rosa por el camino de encontrar un trabajo para Rafa.

Rafa apareció por su oficina al día siguiente de su primer contacto con el disfraz de persona a compadecer y con un ensayado gesto de tristeza en su cara. No vio a Andrés; pero Andrés si le vio a él, de lejos, a pesar de las ojeras por la mala noche; y la compasión hacia Rosa le hizo acercarse y decirle a su compañero que lo atendería él, al fin y al cabo era un conocido.
A Rafa se le quitó rápidamente el gesto triste y se saludaron efusivamente. Pasó al otro lado del mostrador, y Andrés le ofreció asiento ante su mesa.

- Bien. ¿ En qué puedo servirte ? - dijo lo más amable que pudo en ese momento.

- Esto es para creer en Dios. El mejor vecino que he tenido nunca me va a ayudar en el trasiego y entresijo de los papeleos. ¡ Es formidable !

- Haré lo que se pueda - sonrió - ¿ Les ha gustado la nueva casa a tu mujer y a tus hijas ?

- Están un poco apretadas, pero lo han estado más. Todavía creo que pueden arreglarse mis cosas. Mira, tengo que cambiar el domicilio en mi ficha, pasarla a esta oficina y si no te importa me dirigiré a ti todos los meses en la renovación médica.

- No hay problema, te agilizaré los trámites y procuraré avisarte cuando haya algún trabajo.

- Ya sabes que tengo un problema de salud. Es una lacra.

- Debieras recapacitar sobre tu mujer. En este distrito hay guarderías públicas para tu pequeña y colegios para las dos mayores. Rosa podría tener un buen empleo.

- No sería ni medio hombre si permitiera eso.

La cara de Rafa no era muy amistosa al llegar a este punto, y Andrés tuvo que buscar una salida airosa.

- Tu mandas en tu familia, pero es una solución cada vez más usada por muchas familias - Andrés sabía que lo inusual era la postura de Rafa respecto al trabajo de las mujeres, pero temía perder el contacto iniciado con Rosa.

- La madre que busca trabajo es una puta; no tienes mas que ver como acuden a exhibirse a los hombres. Tenía que estar prohibido por el bien de sus hijos.

- En ese caso pondré mas empeño en ayudarte. Pronto te diré algo.- Se levantaron y se dieron de nuevo la mano. Andrés le acompañó hasta la salida y antes de despedirse Rafa le dejó clara su postura al respecto:

- No hables nunca con Rosa de esto; que no se la pase por la cabeza la puñetera idea de trabajar y de ganar más dinero que yo.

Lo tranquilizó como pudo convenciéndolo de que la discreción le era imprescindible para mantener buenas relaciones con vecinos y amigos, y que nadie sabrá nunca el contenido de sus conversaciones en el campo de su profesión. Por un momento pensó que todo estaba perdido, pero cuando Rafa sonrió y dijo que era un "tío estupendo" se renovaron sus esperanzas y atisbó en su imaginación una sonrisa de felicidad en el dulce rostro de Rosa.

Andrés comenzó a tener reacciones infantiles, y su madre lo percibía aunque no supiera el porqué. Leía en su habitación con la ventana abierta alegando que así se iba el humo de sus cigarrillos, pero en realidad vigilaba los ruidos y conversaciones que se oían por el patio interior; y si su intuición le informaba que Rosa iba a salir de casa, salía apresuradamente al descansillo con la excusa de fumar un cigarro en la ventana que daba a la calle.

Pero sus conversaciones no pasaban del saludo y la información de las inclemencias del tiempo: "Hace frío hoy...", "la que está cayendo...", y aún así se apreciaba cierto rubor en Andrés y la rabia posterior por no haber dado un paso adelante.
A veces procuraba encontrarse con Rosa cuando volvía de la compra o de recoger a las niñas del colegio y la ayudaba a subir bolsas de comida, pero no pasaba de la puerta de su casa, y cuando ésta se cerraba se apoyaba en el umbral de la ventana y pensaba la forma de acabar con ese sufrimiento de forma incruenta, pero no daba con la solución. Rosa le sonreía pero tampoco avanzaba hacia él, y sus hijas le saludaban, le hablaban tiernamente y correspondía con juegos cariñosos que ellas le agradecían como si fuera eso lo único cariñoso que encontraban a lo largo del día; y todo esto le desesperaba aún más.

Rafa llegaba ebrio todas las noches, se le oía subir torpemente las escaleras y, al llegar al descansillo, soltaba una apagada carcajada antes de abrir la puerta de su casa. Y en casa ninguna discusión; se imaginaba a Rosa ayudándole a acostarse sin rechistar para no molestar al vecindario que en otros barrios les obligó al traslado. Andrés procuraba no coincidir con él, pero una noche en que regresaba de una fiesta se agazapó de cuclillas en un rincón y le esperó; no sabía porqué, pero tenía necesidad de estudiar los movimientos del enemigo, tal vez para criticarlo con mayor contundencia al saber más de él, o quizá para justificar esa secreta pasión hacia la mujer mas desgraciada del planeta. Pasó un buen rato hasta que llegó Rafa, y procuró contener la respiración para no ser descubierto, y observar con libertad. Subió las escaleras hasta que solo quedaban cuatro escalones para llegar al final, estiró el brazo derecho y se agarró al pomo de madera en el que terminaba la barandilla, y con el brazo rígido siguió subiendo escaleras dejando el cuerpo atrás hasta apoyar los pies en el borde del último escalón quedando su cuerpo estirado perpendicular a la barandilla, y con la apagada carcajada saliendo de entre sus labios encogió el brazo hasta llegar a la posición vertical. Entre carcajadas escuchó como Rafa se vanagloriaba a sí mismo: "Soy un artista".


No volvió a coincidir con él en la escalera, pero le seguía oyendo llegar por las noches con su invariable carcajada al final de su ritual payasada, incluso bajaba el volumen de su televisor para escucharlo mejor, y solo se tranquilizaba al oír cerrar la puerta de su casa.

De regreso a casa, una tarde, se encontró con Rosa en el descansillo; estaba observando por la ventana y al volverse y ver a Andrés subir por la escalera sonrió, haciéndole dar un torpe traspié debido a su desconcierto. Se quedó paralizado unos segundos y apenas acertó a decir palabra alguna.


- Buenas tardes.

- Buenas tardes - contestó Rosa mirando a los ojos a Andrés y ya sin sonrisa - Estaba esperándole; quiero hablar con usted.

Andrés pensó que sería un buen principio para acercarse el abrirse en confianza a Rosa.

- No me llames de usted, Rosa; somos vecinos de descansillo.

De nuevo la sonrisa de Rosa estremeció a Andrés, y cuando se volvió hacia la ventana sus ojos recorrieron ese cuerpo que imaginaba hermoso y castigado.

- Viene Rafa, se le ve desde aquí; pero me da tiempo a pedirte un favor.

Sonrió contento de haber conseguido la confianza de su vecina, de haber dado ese paso de gigante.

- ¿En qué puedo ayudarte?

- Rafa dice que estás en la oficina de empleo; si encuentro un trabajo le abandono. De lo que sea, me da igual.

- No lo aceptará fácilmente.

- Desapareceré con mis hijas de su vida. No estamos casados y mis hijas no son suyas. Si gano un sueldo me voy. No era así cuando le conocí, pero ya no aguanto.

La seriedad de Rosa en ese momento la hizo mas hermosa que nunca, y su contemplación no le permitió articular palabra.

- Voy a casa, él está cerca. - Abrió la puerta de su casa apresuradamente mientras volvió a pedir ayuda a Andrés con la mirada.

- Haré lo que pueda...

Y se cerró la puerta. Iba a decirle "te lo prometo", pero no fue lo suficiente rápido; o no se atrevió.

Cambió totalmente la rutina de forma visible. La madre de Andrés notó de nuevo algo en su hijo, y no solo fue su nueva actitud - comenzó a llegar tarde casi a diario - sino además fue su mirada, sus largos ratos petrificado, pensando ante la ventana o ante la cuchara llena de sopa esperando ser llevada a la boca; su silencio y las numerosas llamadas de sus amigos preguntando por él se sumaron a su incertidumbre. Pese a ser su madre, no pensó en el amor, sino en el trabajo; un posible traslado o un ascenso de categoría ya le habían trastornado antes, pero esta vez era algo más importante porque no hablaba de ello, y su ensimismamiento era demasiado prolongado; no obstante, decidió dejarlo tranquilo durante una temporada antes de pedirle explicaciones.

Una noche al abrir Andrés la puerta de su casa se precipitaron abrazándose a sus piernas las dos pequeñas de Rosa y Rafa mientras la mayor lo miraba triste desde la puerta de la cocina.

- ¿Que hacéis aquí?

- Pasa y cierra la puerta - dijo su madre desde la cocina.

Estaba preparando comida en abundancia, y mientras movía el contenido de una olla pidió a la mayor que llevara a sus hermanas a ver la televisión. La finalidad era clara, estar a solas con su hijo y dar las novedades.

- Rafael se ha caído por las escaleras; se supone que se agarró al pomo de la barandilla y se quedó con él en la mano ya que apareció arrancado en el piso de abajo.

Volvió a abrir la puerta y observó la barandilla sin pomo; ni siquiera reparó en ello al subir, cuando hasta hace poco le era inevitable mirarla siempre que pasaba ante ella.

- Una desgracia tremenda, hijo. - continuó su madre mientras cerraba la puerta de nuevo - Se lo han llevado al hospital y Rosa fue con él; me pidió que cuidara de sus hijitas. Si no te importa quedarte con ellas, voy a acompañarla un rato, creo que no tiene familia cerca.

- No te apures, puedes irte ya; - dijo tomando el mando de la situación - yo termino con esto y las acuesto; en mi cama las dos pequeñas y pondré el viejo colchón al lado para la mayor; yo en el sofá. No tengas prisa en volver pero llámame por teléfono en cuanto puedas y me cuentas como está Rafa.

Fueron unos momentos entrañables para Andrés haciendo de padre con esas niñas, contando cuentos a las pequeñas para que se durmieran y hablando tiernamente con la mayor, que debía ser fuerte y ayudar a su madre en momentos como éste, cuidarla y apoyarla hasta que pasen estos malos ratos.



Con las niñas tiernamente dormidas, fumando nerviosamente , mirando el teléfono que no sonaba y paseando por la pequeña sala, fueron infinitos pensamientos los que pasaban por su mente, infinitos proyectos dependientes de los infinitos desarrollos que podían tomar los acontecimientos, hablando sólo en voz queda, golpeándose la cabeza para echar de ella esas ideas que consideraba nulas para sus proyectos.



Al fin suena el teléfono y la voz de su madre, lentamente, le fue dando la última noticia: Rafa murió en quirófano al no poder hacer nada con esa tremenda lesión craneal que se hizo al caer. Rosa está muy bien, ha sido fuerte al encajarlo, y quiere ser ella quien dé la noticia a sus hijas.
¡Qué tranquilidad!, ¡qué silencio!; dejó de pensar de golpe y le estremeció el silencio que le rodeaba; sonrió levemente y se asustó de esa reacción, pero no podía evitarlo: algo de alegría ocupaba su interior y estando sólo podía manifestarlo; pensando un poco más opinaba que llegar a ese punto beneficiaba a mas gente de la que perjudicaba, y no era demasiado cínico si decía que era lo mejor que podía haber ocurrido.

Procuró no hablar con Rosa hasta después del entierro de Rafa para no agobiarla, y al llegar el día estuvo pensando en como abordarla, hacerla ver que necesitaba ayuda no solo económica sino sentimental, y que él adoraba a sus hijas y no le importaría cuidar de ellas. Pero sonó el timbre de la puerta, y al abrirla vio a Rosa en el descansillo mandando a las niñas que esperaran en el coche, que bajaba enseguida; su vestimenta, una maleta y una bolsa de ropa indicaban un viaje inminente. Andrés no acertó siquiera a pensar qué era lo que estaba ocurriendo y lo único que hizo fue avanzar un paso hacia Rosa que le sonrió y besándole en una mejilla se despidió de él.

- Muchas gracias, Andrés. Seguro que ha sido gracias a ti, y no lo olvidaré nunca. Me han llamado para un buen trabajo en Barcelona, la oportunidad de mi vida y solo yo he de decidir si lo acepto o no. Claro que lo he aceptado; ya no tengo que depender de ningún hombre, y no creo que vuelva a pisar mi hogar otro varón que me diga lo que tengo que hacer. Gracias de nuevo, - continuó mientras cogía la maleta y la bolsa - eres estupendo, un gran amigo y muy buen vecino. Despídeme de tu madre. Adiós.

Y bajó las escaleras; y Andrés se asomó a la ventana y vio a Rosa cargar sus pocos enseres en el destartalado auto y colocar a sus hijas en los asientos traseros y se preguntó si mereció la pena apartar amistades para dejar espacio sentimental para Rosa; y acercarse a las niñas en inocentes juegos para merecer su favor; y frenar los trámites de Rafa con intención de prolongar su estado de permanente parado para que Rosa no cambie de opinión; y acelerar a escondidas por ser ilegales los trámites referentes al estado laboral de Rosa, falseando antigüedad en el régimen de paro para facilitar su elección; y aflojar a diario imperceptiblemente con extrema paciencia el tornillo que en la parte inferior de la barandilla unía ésta al pomo que usaba Rafa para su número circense; y provocar encuentros aparentemente casuales con Rafa en el bar para invitarlo a dos copas que serían añadidas a las que habitualmente bebía; y esos largos paseos con la única intención de llegar a casa después de Rafa para facilitarle sus reacciones cuando el hecho ocurriera; y evitar todo contacto con Rosa para eludir sospechas sobre ambos...

El coche arrancó ruidosamente, se alejó lentamente calle arriba y desapareció. Apoyado en el lateral de la ventana y con una mano en su besada mejilla observó la primera imagen de un mundo sin Rosa; imagen que quedó permanentemente impresa en su retina. El cerebro de Andrés quedó bloqueado sin mas función que mantener esa imagen activa, muda, inmóvil, sin ver otra cosa ni oír nada. Tres largos años permaneció en el hospital totalmente inmóvil, en la posición en que los sanitarios le colocaran, con asistencia permanente para sus necesidades biológicas y con la inútil visita diaria de su madre lamentando no haber hablado antes con su hijo.




P.D.: Las ilustraciones son pinturas de Mary Stevenson Cassatt

19 comentarios:

El chache dijo...

Muy bueno... y las ilustraciones fantasticas.
Un saludete

Stanley Kowalski dijo...

Gracias Tito, siempre tan generoso.

Un abrazo.

anapedraza dijo...

¡Me encanta!... ¿Podría haber una segunda parte?

Opino igual que "El chache", muy bonitas las ilustraciones.

Un abrazo.

MIGUEL

Luz de Gas dijo...

Preciosa historia para leerla mientras trñas los cristales hay solo niebla.

Didac Valmon dijo...

Genial, me ha gustado mucho, lo mismo que las ilustraciones...gracias por compartirlo

TitoCarlos dijo...

Alex, que podeis conocer por entradas anteriores, conoció a Andrés en una terapia de grupo. Allí le contaron que Andrés se declaró culpable de la muerte de Rafa al despertar. La policía no vió indicios de que eso fuera cierto (pasaron tres años) y achacaron esa historia a una creación de su locura.
Esa puede ser la segunda parte. Tan simple y tan corta.
Gracias a todos por leerla y comentarla.

ordago13 dijo...

grandes pinturas.... y que historia¡¡¡

publicas todo esto??

te invito:
republica libertaria de las tortugas

TitoCarlos dijo...

Ordago13;
No, no publico historias. Tal y como dice la cabecera del blog, regalo historias.
Tu comentario es un halago.
Gracias
P.D. Ya pasé mi época libertaria, pero pasaré por tu blog.

Stanley Kowalski dijo...

Bellísimo relato, con un tiempo justo, y una hermosa historia, qué placer leerte. Y las imágenes tan bellas que logran un equilibrio justo con la narración.
Felicitaciones

Un abrazo.

TitoCarlos dijo...

Stanley, no es una historia tan cálida como las que cuentas, pero como siempre, viniendo de tí, el comentario también es un halago.
Gracias.

sdjrp dijo...

me encanta tu idea de regalar historias... no es lo mismo que publicarlas...

te dire, me encanta la expresa manera de amor que manifiesta andres...

y que la ayudara, en primera idea para ayudarse a si mismo, resultando de otro modo...

porque su madre se lamenta a lo ultimo? no entendi esa parte

TitoCarlos dijo...

sdjrp, los cambios de actitud de Andrés tienen mosqueadilla a la madre, pero deja pasar el tiempo sin hablar de ello con su hijo.

Lola Mariné dijo...

Una buena historia; veia venir una de malos tratos, pero no, le has dado un toque diferente.

Stanley Kowalski dijo...

Qué amable sos Tito! Siempre tan cordial con tu comentario. Gracias.

BESOS

TitoCarlos dijo...

Lola, siempre procuro que el impacto sea al final. Me gusta así.

TitoCarlos dijo...

stanley, me es imposible no ser amable contigo.

danimetrero dijo...

Como ya le dije a Didac y ahora t digo a ti, creo que deberias presentarte al concuros PREMIO RELATOS CORTOS DEL BLOG "HISTORIAS DE LA HISTORIA". Creo que tienes muchas posibilidades

TitoCarlos dijo...

danimetrero, me lo pensaré.

Anónimo dijo...

Soy Marta tu cuñi.
Estoy gratamente sorprendida por lo que he leído....¡felicidades!, aunque lo que no me sorprende es la sensibilidad que desprendes...la vas dejando entre los amigos cada día.
A pesar del final macabro, me ha arrancado una sonrisa....,no se si avergonzarme por ella,....pero ya se sabe "donde las dan, las toman"....y las vuelven a tomar.
Gracias por compartir. Se lo voy a mandar a mi hermana "la cuentista"

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