domingo, 8 de febrero de 2009

Doblemente Verde ( Parte II )

De Escher-Imposibles

La primera vez pensó que era producto del cansancio; tantos días de turnos alternos y guardias seguidos produce un agotamiento mental que tarda mas de un día en desaparecer. Estaba paseando por la soleada avenida que atraviesa su barrio y se sentó en un solitario banco a descansar frente a un paso de peatones regulado por un semáforo. Estaba saboreando al fin un ansiado estado de relajación cuando un ruidoso autobús le hizo regresar de su aislamiento; frenó para dar paso a una anciana acompañada de un intranquilo supuesto nieto que la arrastraba hacia el parque de este lado de la avenida. Se fijó en el viejo y destartalado autobús, y observó atónito que uno de los pasajeros tenía un asombroso parecido con él, su perfil, su barba, la bufanda al cuello...; lentamente, como si no se atreviera, el pasajero giró su cabeza y miró a Raúl con cara de terror durante un segundo escaso; volvió su mirada violentamente hacia delante mostrando su ansiedad porque el autobús arrancara lo antes posible. Tardó en levantarse del banco; lo hizo cuando el autobús había desaparecido al final de la larga avenida y después de un largo rato en que su mente se quedó en blanco. Llegó a la conclusión de que todo ello era consecuencia del cansancio y que debía disfrutar de un período largo de libranza laboral. Pero lejos de olvidar el extraño suceso, recordaba perfectamente la expresión de aquel individuo al verlo: Raúl estaba asombrado, pero el viajero estaba aterrorizado.

Unos días mas tarde del suceso de la avenida y el autobús se fue a la feria permanente del libro en busca de libros de segunda mano. Esta actividad le resulta gratificante y le evade de otros problemas, por lo que va a menudo aunque le ocupe toda una mañana de paseos y trasbordos en los transportes públicos de la ciudad, ya que es una temeridad acudir en vehículo propio al centro. El regreso no solía ser tan tedioso ya que lo hacía hojeando sus nuevas adquisiciones literarias, pero aquel día fue la segunda sorpresa y el regreso a casa dejó de ser como lo era habitualmente. Un frenazo del autobús para evitar atropellar a una anciana le apartó de la lectura de forma momentánea pero reconoció el cruce peatonal de la avenida. Tenía la ventanilla a su izquierda, y le asaltó una horrible sospecha; giró tímidamente la cabeza hacia el banco que sabía se encontraba en ese lado, y allí estaba sentado ese alguien tan parecido a él, mirándole asombrado, y Raúl, aterrorizado, comprobó que su barba era como la suya, que su bufanda estaba al cuello a la manera que él la llevaba... Retornó rápidamente la mirada al frente ansioso por que arrancara el autobús de una vez, y con suficiente terror como para no volver la vista atrás.

¿Ocurrió esto realmente? Cuando se relajó en casa, tras una ducha fría que le hiciera reaccionar y un buen trago de cerveza, pensó que podría tener un doble en el barrio, se parece mucho a el y casualmente lleva barba y utiliza una bufanda tan parecida a la suya que le confunde. Tal vez le ha sucedido lo que a él y pasó por el banco y se sentó a esperar si Raúl pasaba por allí. No podía ser de otra manera, ¡pobre hombre! ¡cómo se asustó al verle! Claro, que Raúl también se asustó. Pero la razón se desequilibra si uno se descuida al tratar de entender lo que pasa a su alrededor; por eso trató de olvidar estos sucesos tras decidir que la explicación era bastante razonable. Pero no cogió mas esa línea de autobús, ni paseó por la larga y soleada avenida.

Fernando, otro miembro del grupo, nunca trató de explicarse lo que le sucedía, solo quería saber el porqué. Piensa que todo lo que le ha sucedido es una fatal casualidad que puede traer fatales consecuencias a terceros si llega a oídos de miembros de su pequeña familia, por lo que Alex advierte a los psicólogos de lo grave que sería, al menos para su honor, que se divulgue su historia; aunque ha cambiado nombres en la narración se pueden reconocer en ella otros personajes como su hermana o su antigua novia y divulgar esto con el resto de personajes. Sería doloroso para él y vergonzoso para Alex.

Pese a su soledad su color no es el amarillo, como Anselmo, sino el negro; el color de la nada, dice Fernando. ¿Por qué la nada? No hay algo que merezca la pena existir, dice; un metódico estudio de cualquier objeto nos revelará que no es nada en sí mismo, sino el resultado de procesos anteriores; procesos llevados a cabo con otros objetos que fueron a su vez resultado de otros anteriores... y en principio, la nada. De ahí venimos nosotros y todos los objetos que nos rodean. Somos nada, venidos de la nada y rodeados de la nada nos dirigimos hacia la nada. Pesimista, ¿no?.

Resulta curioso que todos los miembros del grupo calificados como gente con problemas mentales, incluido Alex, se dediquen a pensar en su autoreclusión y lleguen a definiciones variopintas de su existencia. Nunca mejor dicho lo de variopintas, pero mientras para Anselmo cada uno tiene un color representativo en su personalidad, para Fernando todos tenemos el mismo color en nuestro destino: el negro, el color de la nada.

Fernando se ve convertido en nada, y Raúl se ve duplicado; en la diversidad se encuentra el gen de la unidad, diría Platón. Con la unión de muchas cosas distintas, con distintas características y distintas funciones, se podrá fabricar un objeto único con características y funciones únicas que no se podría realizar sin la participación de las cosas iniciales. ¿Que sociedad podrían fundar Fernando y Raúl? Bajo el punto de vista de Raúl, ninguna, ya que Fernando, al contrario que su persona, está loco.

Al igual que los demás no acepta la realidad que descubrió, aunque eso supusiera el derrumbamiento de sus principios, su orden de la vida o su concepto de humanidad y familia. Solo tenía que cambiar sus principios y conceptos, y así entendería lo que le ocurre, pero sin base fundamental, no va a ningún sitio. O sí; se dirige hacia la nada, hundido en una espesa oscuridad de color negro.

Pero a Raúl, sin embargo, le interesaría conocer como suceden las cosas que le suceden; dominarlas y usarlas en su conveniencia, pero lo tiene lejos; tan lejos que solo hay dudas de que lo logre. Pero no niega su existencia o retira sus principios avergonzado de estar equivocado. Al contrario, se aprende bastante de los errores, incluso basándose en errores se avanza hacia la verdad. ¿Alcanzaríamos la Teoría de la Relatividad sin haber utilizado antes los conceptos erróneos de teorías anteriores? Si llega el caso, Raúl cambia de teoría si ve que se acerca mas a la realidad de los acontecimientos; pero cada vez que le sucede hay un bache insalvable, o le asalta el miedo y huye. Es una pesadilla sin solución aparente o con incierto final. Puede que el otro personaje sea lo que le falta a él y se complementarían bien; o por el contrario sus virtudes fueran opuestas y se pelearían enconadamente; o si es su imagen especular se repelerían como polos imantados del mismo signo.
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P.D.: Las imágenes son obra de M.C.Escher. Las pongo por lo de 'imágenes especulares'.

5 comentarios:

Didac Valmon dijo...

Esto sigue genial...me encanta, espero algo más pronto...

anapedraza dijo...

Raúl me tiene loco, o está loco perdido o es demasiado cuerdo en un mundo de locos.

Esta historia me acaba de enganchar definitivamente.

¡Buena semana!

MIGUEL

Andrea dijo...

Digo lo mismo que Didac, super interesante el tema, un abrazo

DianNa_ dijo...

Los vericuetos de la mente, que extraño es entender su funcionamiento .

Relatas genial, me gusta.

Besoss

Arwen Anne dijo...

no te la comenté? yo creía que si... bueno, ya está, no es la primera vez que me pasa, aunque eso sí, espero que sea la última es un lío

te dije en la anterior que Raúl me parece que es un cuerdo en un mundo de locos y un loco en un mundo de cuerdos, es una historia que engancha y que reflejas muy bien, y sobre todo, está muy bien plasmada la mente humana, eso que todos tenemos y que casi nunca entendemos

besos

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