lunes, 23 de noviembre de 2009

Soy un malqueda...

Si. Soy un malqueda.

Ataco al mundo virtual por varias ventanas como si fuera una, y eso es un error.

Me he indignado conmigo mismo al encontrar correos y mensajes de amigos que me indican su preocupación al no saber de mí durante unas semanas. También me ha emocionado, lo que hace que la culpa me aplaste aún más.

No me sucede nada; es más: estoy feliz.

Cambio de domicilio a un mejor sitio, más cerca de la naturaleza, mas independiente, más amplio... y estoy feliz, aunque hasta que acabe de instalarme, pasaré mucho tiempo ocupado con este quehacer. El poco tiempo que dedico a la atención de 'la ventana mágica' lo ocupo leyendo prensa y paseando por encima de facebook, por lo que muchos no sabéis qué pasa conmigo. ¿Se me acabó la inspiración? Nooooo. Tomo notas de cosas que veo y que se me pasan por la cabeza, porque seguro que acaban en algo...

En cualquier caso no contéis con mi desaparición de este espacio; no caerá esa breva...

A muchos de los que no usáis facebook os echo de menos. Volveré con ganas.

Un besazo a TODOS.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Lunes de Risa: Edad, experiencia, oficio.

Tres mujeres bañandose -  Paul  Cézanne - artelista.com


Un viejo tenía un lago en su finca. Después de mucho tiempo, decide ir a ver si estaba todo en orden.
Cogió un cesto para aprovechar el paseo y traer unas frutas por el camino.
Al aproximarse al lago, escucho voces animadas. Vio un grupo de mujeres bañándose, completamente desnudas.

Al verlo todas se fueron a la parte más honda del lago, manteniendo solamente la cabeza fuera del agua.

Una de las mujeres gritó: "¡No saldremos mientras usted no se aleje!"

El viejo respondió: "¡Yo no vengo hasta aquí para verlas nadar o salir desnudas del lago!". Levantando el cesto, les dijo: "¡He venido para alimentar al cocodrilo....!"
Edad, experiencia y oficio, siempre triunfarán sobre la juventud y el entusiasmo.

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Dicen que esto es cierto; si no lo es, tomadlo sólo como chiste, y aplicarlo a cualquier país. El mío, por ejemplo....

En Brasil, Millor Fernandes lanzó un desafío público con la siguiente pregunta: "¿Cuál es la diferencia entre Político y Ladrón?"
Le llamó la atención la respuesta de un lector: "Estimado Millor, después de una larga búsqueda llegué a esta conclusión de que la diferencia entre el ladrón y el político es que yo elijo a uno, y el otro me elije a mi. ¿Estoy en lo cierto?"

Esta fue la réplica de Millor: "¡Guau!, Apreciado señor, usted es un genio... ¡Es el único que logró encontrar una diferencia!"




miércoles, 28 de octubre de 2009

Hipatia. Cine y literatura.



En la antigüedad, ser filósofo era, también, ser matemático, geómetra, astrónomo... lo que llamaríamos ahora científico en alguna de estas materias. En realidad el filósofo era aquél que tenía afán por entenderlo todo, por encontrar explicación a todo suceso, por ordenar cada elemento del universo... Obviamente se encontraban con problemas morales al ir descubriendo la poca influencia de los dioses en los acontecimientos, llegando a situaciones que sólo sus mentes privilegiadas lograban resolver.

Tales de Mileto llegó a pronosticar un eclipse de sol, algo imposible siendo sol y luna dioses, y se salvó de la hoguera (es un decir) gracias a que convenció a los mandatarios religiosos de que los dioses, durante su inactividad, se comportaban siguiendo leyes físicas, pero eso no quitaba su divinidad.

La ciencia ha sido históricamente frenada por las religiones, que perseguían a todo aquel que propagara dudas sobre el designio de los dioses. Es algo que no se puede negar, y no solo por los múltiples casos conocidos en la religión católica, sino en otras muchas. Debemos mucho a la sabiduría musulmana, pero comenzaron interpretando el Corán en cada suceso que querían demostrar científicamente, incluso Omar Jayyám consiguió el calendario mas perfecto de la historia y se prohibió su aplicación por motivos religiosos.

Hoy en día estamos reviviendo una guerra contra  las tesis de Darwin con críticas de base religiosa, lo que me hace pensar que a lo largo del tiempo ha cambiado el entorno, pero no el fondo, parecido a lo que contaba el lunes con la juventud en la historia. Siempre ha sido así.

Hipatia es una de las filósofas más perseguidas por su búsqueda de la verdad. Un siglo y medio antes no hubiera pasado nada, pues sus enseñanzas eran ajenas a religiones, independientemente de lo que sus alumnos profesaran fuera de su aula, y aún no habían aterrizado las ideas de exclusión de la mujer en todo ámbito social, pero la mala suerte hizo que naciera en plena expansión del cristianismo, que incluso llegó a convertir al emperador.

Para saber más sobre aquella época hay libros y pocas películas, pero todo es actual, con lo que hemos ganado en riqueza de conocimientos y hay que aprovecharlo. Como ya dije en el comentario de un libro con ensayos sobre novela histórica, hay que distinguir historia de novela, con lo que debemos acudir a la Historia para conocerla, y a la novela para recrearnos con ella.

La película de Amenábar es una novela histórica, asesorada entre otros por Carlos García Gual, y si la vemos como tal, perdonamos el cambio cronológico de algunos acontecimientos y disfrutaremos de una gran película. A los que nos gusta la historia y sus recreaciones, sabemos que Silesio no sobrevive a Hipatia, pero nos gusta pensar que si hubiera sobrevivido, el encuentro entre ambos hubiera sido así. También sabemos que los cristianos de entonces no eran como los de ahora, sabemos desplazarnos temporalmente para entenderlo, y no compartimos las críticas de los cristianos actuales.

Pero si el historiador investiga y escribe historia, y el novelista la recrea, ¿qué hace un historiador que, además, escribe novela histórica? Para averiguarlo, se puede leer 'El jardín de Hipatia' de Olalla García, historiadora, escritora, traductora y entusiasta de la novela histórica. Os invito a conocerla pulsando aquí.

lunes, 26 de octubre de 2009

Lunes de Risa: Juventud, arbitrariedad....


Dicen, que es un hecho real:

El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases:

1) "Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos."
2) "Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible."
3) "Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos."
4) "Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura."

Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de la concurrencia aprobaba cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces reveló el origen de las frases, diciendo:

"La primera frase es de Sócrates (470 - 399 A .C.);
La segunda es de Hesíodo ( 720 A .C.);
La tercera es de un sacerdote ( 2.000 A .C.);
La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia."

Y ante la perplejidad de los asistentes, concluyó diciéndoles:

Señoras Madres y Señores Padres de familia: RELÁJENSE, QUE LA COSA SIEMPRE HA SIDO ASÍ...

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En una tertulia escuchada por la radio hablaban sobre las decisiones tomadas arbitrariamente. Uno de los contertulios contó el siguiente chiste:

Dos judíos mantenían disputa sobre unos bienes materiales aduciendo razones totalmente opuestas. Como el acuerdo era imposible decidieron consultar al rabino.

El rabino escuchó el razonamiento de uno, y al concluir le dijo: "Tienes razón"
El rabino escuchó el razonamiento del otro, y al concluir le dijo: "Tienes razón"

Todos los presentes se quedaron perplejos ante la imposibilidad de que ambos razonamientos fueran siquiera complementarios, por lo que uno de los presentes habló en alto: "Rabino, con todos los respetos, esto es imposible."

El rabino alzó su brazo señalando con su mano al que había hablado y dijo: "Y tú, también tienes razón."




miércoles, 21 de octubre de 2009

Final de Verano. Principio de Otoño




Llegó el final de aquel verano y Ana tuvo que irse. La noche anterior estuvo en brazos de Andrés, jadeando y susurrándole palabras de amor al oído mientras se entregaban febrilmente el uno al otro cobijados por la oscuridad de la noche en la ladera del río. Era la primera vez que se mostraban desnudos el uno al otro y las manos y bocas no paraban de registrar cada rincón del cuerpo de la persona amada. Una erupción final acabó entrelazando aún más fuertemente los sudados cuerpos, y tras un largo y sentido beso las lágrimas de ambos se mezclaron en sus mejillas. “Prometo que volveré a por ti”, dijo Ana entrecortadamente.

Andrés miró por la ventana a la mañana siguiente, y no se apartó de ella hasta comprobar que un coche azul cielo se perdía por la carretera en el horizonte. Tenía la certeza de que no volvería a verla, pero mantenía en su mente el recuerdo de la suavidad de su piel, el olor de su pelo, los jadeos en su oído, el sabor de sus lágrimas…; sensaciones que sabía no volvería a tener.

La familia Ruiz, a la que pertenecía Ana, cambiaría de ciudad, y este pueblo estaría demasiado lejos como segunda residencia de verano. Abandonaron el alquiler de la casa, lo que dejaba claro que no volverían por allí. Andrés trataba de asumirlo, pero los recuerdos le abordaban cada vez que pasaba por el río, por la puerta de la casa, por la carretera, por los múltiples rincones en que se escondían para besarse y acariciarse; ella estaba presente en todo lugar con su sonrisa, con su mirada cómplice, con sus amables palabras.

Cada mañana perdía un momento mirando por la ventana. En invierno, aún en la oscuridad, mantenía la mirada hacia el infinito durante unos segundos, pero según pasaban los días y la luz dejaba entrever los campos primero, iluminarlos después, Andrés aguantaba unos minutos con la vista clavada en el horizonte. Mantuvo esa costumbre aún después de la boda, ya que no quiso cambiar de habitación a pesar de las mejoras realizadas en su caserón a tal efecto, pero no fue lo único que quiso mantener.

Han pasado los años; sus veiteañeros hijos le dan los primeros nietos, lo que le hace ser un joven abuelo, pero no siente que el tiempo pase. La familia se ocupa de gestionar sus tierras, y mientras el clima lo permita, cada tarde otoñal pasea hasta la primera curva, a la salida del pueblo, y se sienta a contemplar la larga recta por la que Ana se alejó para siempre. A la llegada del buen tiempo, se sienta en la ladera del río y acaricia la hierba mientras balbucea unas palabras a la vez que una lágrima rebosa por uno de sus párpados.

Una tarde, a principios del otoño, Andrés contempla la carretera desde el sitio habitual junto a uno de sus nietos que se entretiene lanzando piedras al valle. Pasan coches, motoristas y autobuses de vez en cuando, pero esta vez uno de los automóviles se para ante él y se baja una ventanilla trasera. No median palabras entre ellos, solo hay unos segundos en que los ojos recobran brillo, y Andrés se incorpora. Se acerca al coche y pide a su nieto, sin mirarle siquiera, que vaya a casa rápidamente e informe a su padre que el abuelo se ha ido.


lunes, 19 de octubre de 2009

Lunes de Risa: Curas y Chachos




Dos sacerdotes decidieron ir a Hawai de vacaciones.

Estaban determinados a tomar una real vacación, no usando nada que pudiera identificarlos como clérigos.

Tan pronto el avión aterrizó, se dirigieron a una tienda y adquirieron algunas bermudas, remeras, sandalias y anteojos negros realmente llamativos.

A la mañana siguiente bajaron a la playa vestidos con su atuendo turístico. Estaban sentados en sus sillas de playa, bebiendo un trago y disfrutando delsol y el paisaje, cuando una rubia despampanante 'que mataba', usando un bikini topless pasó caminando junto a ellos, tan cerca que no pudieron evitar mirarla con cierta admiración.

Al pasar frente a ellos, la rubia sonrió y dijo: "Buen día, Padre. Buen día, Padre", saludando y dirigiéndose a cada uno individualmente al hacerlo.

Ellos quedaron atónitos. ¿Cómo diablos podía ella saber que estaba frente a sacerdotes?

De manera que al día siguiente, ellos regresaron a la tienda y compraron prendas aún más llamativas. Una vez más, con su nuevo atuendo, se ubicaron en sus sillas para disfrutar del sol. Luego de un momento, la misma rubia atractiva, usando un diferente y colorido bikini topless, volvió a pasar frente a ellos, y una vez más los saludó diciendo "Buen día, Padre, Buen día, Padre", y comenzó a alejarse..

Uno de los clérigos no pudo evitarlo y dijo:
- Un momento, señorita.
- ¿Si, Padre?
- Nosotros somos sacerdotes, y muy orgullosos de serlo, pero debo saber ¿cómo es posible que usted sepa que somos clérigos, vestidos como estamos?
- Padre, soy yo.... ¡ la Hermana Catalina !


miércoles, 14 de octubre de 2009

Las noches del parque.


Me gustaba charlar con Adriano; procuraba hacerlo todas las noches. No era muy tarde, algo más de media noche, y casi siempre sucedía todo de la misma forma. Regresaba del bar paseando por el parque que hay junto a la carretera de Villalba a Alpedrete; me sentaba en el último banco y me preparaba un cigarrillo de hierba que se sumaría a la embriaguez del vino. Cerraba los ojos y me concentraba en un balanceo suave, apenas imperceptible, y disfrutaba de mi ingravidez y de la saludable brisa serrana por unos segundos.


- Noche perfecta

La primera vez me asustó. ¿Cómo hacía para no presentir nunca su llegada? Abría los ojos y le sonreía. Le ofrecí un cigarro y me dijo que llevaba años sin fumar, que ya no se llevaba nada a la boca.

- Algún día lo dejarás tu también – me dijo.

Adriano parece mayor que yo, no demasiado, pero su corazón está marcado por experiencias y aventuras que le han dado forma a las expresiones de su cara; facciones duras y mirada relajada, como si estuviera resignado con su suerte. Siempre iba vestido igual, con traje de chaqueta oscuro, corbata negra y cabeza despeinada, lo que le hacía aún mayor. Es probable que, como yo, viviera solo, y a su vuelta del trabajo se relajara en algún bar, y coincidíamos a la vuelta a casa en aquel parque.

Hablábamos de temas muy generales pero dejando entrever la existencia en nuestro interior de amargos recuerdos por malas o buenas experiencias. Conocíamos nuestros nombres, pero nada más, y todo funcionaba muy bien. Debíamos entender ambos que nuestra relación estaba en un estado perfecto, viéndonos tan solo unos minutos al día, y sin hacernos más preguntas. En el primer silencio, tras la conversación, de nuevo caía en un sueño suave; duraba un par de minutos, pero cuando abría los ojos, Adriano se había ido.

Reanudaba el camino a casa por las oscuras calles de la zona, veía un rato la televisión o me sumergía en las páginas de un libro, hasta que los párpados caían pesadamente manteniendo mis ojos cerrados durante horas.
Algunas noches yo no pasaba por el parque. El trabajo me tenía demasiado entretenido y prefería cenar en casa. Otras noches mi embriaguez se encontraba unos puntos por encima de lo natural en mí y el sueño en el parque se prolongaba más de lo habitual. Al despertar, no estaba Adriano, y no sabía si se había ausentado o si respetó mi sueño en silencio. En cualquier caso no nos lo reprochábamos; reanudábamos la charla a la noche siguiente como si no hubiera habido interrupción.

- Hay noches – le dije en una ocasión – que conozco a alguna mujer. Me encuentro bien con ella mientras tomamos unos vinos; nos divertimos y prometemos vernos otra vez, pero si nos volvemos a ver procuro evitarla.
- Te entiendo. - me contestó – Yo también estuve enamorado y tuve una relación apasionada. El resto de las posibles relaciones serían forzadas.


Es en esos momentos cuando aparecen más nítidos los recuerdos; cierro los ojos y los saboreo con un poco de amargura, y Adriano se va en silencio. Es posible que le ocurra lo mismo; no tuve tiempo de observarle esta vez.

Recuerdo que hablamos de familia, mujeres, hijos, amistades, comidas, bebidas…, cosas de la vida. A veces la corta conversación era jocosa, otras nos entristecía, y todas me enriquecían; me hacían llegar a casa con la sensación de haber obtenido algo positivo de ese día. Pero nada bueno dura eternamente.

Tuve que trasladarme de localidad. Cambié de trabajo, de horario y el paseo nocturno desapareció. Pero cada noche, en mi butacón, durante el relax de mi cigarrillo, recordaba mis charlas con Adriano en aquel banco del parque junto al cementerio de Villalba.



martes, 13 de octubre de 2009

13 de octubre: Stairs Day






No sabemos su origen, pero ahí están.




Están en todas partes.

No hay lugar donde no se encuentren.

Allá a donde vaya, ahí están.

En la ciudad antigua.

En la moderna.

En el hotelito.

En casa....







En catedrales.
En piscinas.
En ceremonias.





Quien sabe donde pueden ser necesarias...




Quién sabe a donde nos llevan, pero incitan a comprobarlo..










Decididamente la vida es una escalera y  acontecimientos a su alrededor....

Merecen su día.







jueves, 8 de octubre de 2009

Solidaridad

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NOTA: Hoy es el día de la solidaridad en la blogosfera. Se me ocurre repetir este post que publiqué hace unos meses en que recreo hechos reales contados por sus protagonistas
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Hace unos años que terminó la guerra civil, pero aún se notan sus secuelas. Se notan en los distintos barrios, en la forma de vida de algunos y de otros, en la forma de vestir, en los juegos de los niños en la calle… y en la distribución de trabajo y alimentos. Hubo vencedores y vencidos, y tan solo en la actitud se reconocen las personas de cada bando. Hay mutilados de guerra en cada portal, cada taberna, cada esquina, pero unos mendigan y otros fueron nombrados Caballeros y tienen asiento reservado en el transporte público. Hay viudas por todas partes, pero algunas regentan tiendas y otras limpian las casas de los ricos para alimentar a sus hijos. Muchas familias quedaron divididas en opulentos y pobres, y pese al tiempo transcurrido la herida no quiere cerrarse.

Entre los que luchan por sobrevivir suele reinar la solidaridad, la ayuda mutua, el intercambio de trabajo y de alimentos conseguidos de distintas formas, ilegales o rozando la ilegalidad; para ello, los jóvenes y los padres de familia tratan de organizarse de forma discreta para lograr salir adelante con un mínimo de dignidad. Y lo que en el futuro serán anécdotas, en ese tiempo es la consecuencia de la desesperación.

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Una fila de camiones militares atraviesa la ciudad. Han salido del Parque Móvil Ministerial y se dirigen al aeropuerto militar. En su interior no hay soldados; hay cajas de varios tamaños con un sello en el que se lee ‘Sobrante de España para Alemania’, que se antoja un insulto a las necesidades alimenticias del barrio que atraviesan. Sin embargo la chavalería va corriendo junto a los camiones saludando a los conductores, obligando a estos a andar con cien ojos para que no haya una desgracia y sin parar de tocar el claxon para que se aparten.

El resto de los ciudadanos está en la acera mirando con pasividad o esperando a que termine la fila de camiones para cruzar la calle. Mario, padre de familia, y su pandilla están entre esta gente, y tras el último camión el gentío se pone a cruzar y en un hábil y rápido salto entra en la trasera del camión zaguero con uno de sus camaradas. El conductor sigue entretenido con los niños y no se da cuenta, de momento, que de la trasera del camión salen disparadas a la acera cajas y paquetes de todos los tamaños. La gente se arremolina para recogerlos y salen corriendo por callejuelas y callejones desapareciendo del lugar donde se comete el delito. Cuando el conductor se apercibe de lo que ocurre, pulsa el claxon desesperadamente para avisar a los conductores de delante, quienes acostumbrados a ese ruido no reaccionan, y entonces acelera con intención de alejarse y llamar la atención. Es en ese momento cuando Mario y su compinche deben saltar del camión y huir con las manos vacías para asegurarse la impunidad.

Mario y compañía quedan siempre en una taberna para tomar un vino y jactarse de su proeza; se numeran para saber que no falta nadie y regresan a sus humildes hogares con tranquilidad. Cuando Mario llega a casa, su mujer le informa de lo que gente del barrio le ha traído; chorizos, galletas, latas de conserva, leche en polvo, café… Carga con la mitad del botín y vuelve a salir para repartirlo con los demás vecinos del portal. Nadie pregunta, nadie agradece; otro día el fontanero le arreglará el grifo y el electricista la vieja radio. Así funcionaba el intercambio entre algunos vecinos de barrio.

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En la esquina de la manzana en que vive Mario está la carnicería de Avelino. No tiene material para vender, ya que lo poco que consigue se vende en unos minutos; pero en cualquier momento puede llegar otra remesa de carne y Avelino debe mantenerse en su puesto. La esquina está sombreada, y Mario y él pasan la tarde sentados junto a un botijo de agua fresca y fumando cigarrillos de liar, charlando y planeando ‘salidas’ para la siguiente oportunidad.

Un día apareció un asno, rollizo y de poco pelo, bajando por el sendero del callejón hacia el río. Ni Mario ni Avelino parecen inmutarse; el carnicero fuma mirando para otro lado, y Mario está con la silla inclinada hacia atrás, apoyado en la pared con el sombrero de paja tapándole los ojos. Pero ambos lo han visto. Solo se perciben movimientos de labios.

- ¿Y ese burro?- pregunta Mario.
- No sé. Parece el de Don Claudio.

A la tarde siguiente se repite la misma rutina. A la misma hora observan con disimulo que el animal hace el mismo recorrido.

- Es de Don Claudio. Baja a beber agua y a comer hierbajos.- dice Avelino.
- ¿Lleva tiempo haciéndolo?
- No. Solo tres días. Pero es de Don Claudio.
- ¡Ya!

Don Claudio era un pequeño terrateniente; en dos años, después de la guerra, se convirtió en un gran terrateniente por anexiones ‘legales’ a su huerta. Se construyó un palacio y una fábrica, y no ha vendido al animal por pura pena, pero no quiere verlo deambular por sus terrenos; da mala imagen. Así que enseña al animal a ir a la pradera cercana al rio para que pase allí la tarde, con intención de que se vaya acostumbrando a pasar el día. Sus relaciones con altos cargos de la Guardia Civil y de los ministerios le hacen sentirse protegido ante el resto del barrio. Nadie se atreve a tratar con él, y todos saben que el burro es suyo.

- ¿A qué hora está de vuelta?- pregunta Mario.
- A las nueve. Ayer se retrasó y bajó Don Claudio con un guardia.
- ¿Seguías aquí a esa hora?
- No. Lo vi por la ventana.

La tarde del día siguiente no la está pasando Mario con el carnicero. El asno hace su rutinario recorrido de bajada al río, y a las diez de la noche se hace una batida por los barrios cercanos buscando al animal que, de momento, se cree que se ha perdido. Y no aparece.

El día siguiente fue sábado. Mario se acerca a la carnicería y se entretiene con Avelino a la vera de un pequeño porrón de vino y unos trozos de farinato. No hablan del tema, sino del tiempo y se preguntan por las mujeres y los hijos. Cercano el fin del porrón, la pareja de la Guardia Civil que podríamos llamarla ‘la del barrio’, entra en la carnicería.

- ¡Buenos días! – dijo uno de ellos.
- Buenos días – contestaron a la par Mario y Avelino.
- ¿Conocen al burro de Don Claudio?

Una leve sonrisa se esbozó en sus labios y fue percibida por el otro miembro de la pareja.

- ¡Nada de bromas! ¡Contesten!
- Sí, yo lo conozco – contestó el carnicero ya mucho más serio – lo veo todas las tardes bajar por ese camino.
- ¡Ayer no regresó!
- Bueno, yo… no sé, nunca le veo regresar.

El guardia, muy serio, les mira de la cabeza a los pies y le pide al carnicero que le enseñe las dependencias. Son muy pocas; una habitación hermética con hielo para hacer de nevera totalmente vacía y un habitáculo sin puerta con una mesa limpia y útiles de carnicería. Hay un ventanuco alto, grande, al que no se llega a ver el exterior. El guardia señala a Mario y hace una seña para que se acerque. Le señala una caja de madera envejecida y medio desvencijada que hay junto a la pared y Mario y Avelino comienzan a sudar.

- Acerquen ese cajón debajo de la ventana. - dijo el guardia con extrema seriedad.

Mario y el carnicero se miran primero y luego obedecen; arrastran el cajón con esfuerzo disimulado y lo colocan bajo el ventanuco. El guardia se sube al cajón y otea el exterior durante unos segundos con suma atención y se baja decepcionado.

- Si por casualidad viesen a ese animal, ¡avísennos! ¡¿de acuerdo?!
- Si señor – dijeron de nuevo al unísono.

Cuando los guardias desaparecieron, Mario tomó un trago del porrón y lo pasó a su colega para que lo vaciara del todo.

- Casi encuentran la cabeza; si nos pillan se nos cae el pelo. – dijo Mario.
- Si – dijo Avelino limpiándose los labios – y si vemos al burro de Don Claudio hay que avisarles.

Ambos rompieron en carcajadas reprimidas para que no se oyeran en el exterior.

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lunes, 5 de octubre de 2009

Lunes de Risa: Guiños y aspirinas

Un hombre que tiene un tic nervioso que le hace guiñar un ojo, pide trabajo como vendedor en una agencia de viajes.
 
 - Según su currículum, veo que usted está más que cualificado para este trabajo - dice el jefe de personal - pero, desgraciadamente, no podemos contratar a un vendedor que esté constantemente guiñando el ojo a los clientes.

  - Pero espere -
dice el hombre- si me tomo dos aspirinas dejo de guiñar el ojo.

  - Muéstreme -
dice el jefe de personal.

 Entonces el hombre se mete la mano en el bolsillo del pantalón y saca una cantidad enorme de condones de todas formas y colores, finalmente encuentra un par de aspirinas y al ratito de tomarlas deja de guiñar el ojo.

  - Es excelente que haya dejado de guiñar el ojo -dice el jefe-, pero no podemos tener vendedores que sean unos mujeriegos.

  - ¿Qué quiere decir? -
pregunta el hombre-, yo estoy felizmente casado.

  - ¿Y cómo explica todos esos condones?, dice el jefe.

  - Ah, eso ... -
dice el hombre-  haga usted la prueba de ir a una farmacia y pedir aspirinas guiñando el ojo.



domingo, 4 de octubre de 2009

Gracias a la vida, que nos dió tanto...



Hace poco escribí un post en que contaba un chiste de Pepe Iglesias “El Zorro”, al que recordaba escuchar en la radio cuando era pequeño y no había televisión en mi saloncito. Siempre estaba la radio encendida, a la que aparentemente no hacíamos caso nadie de la familia, pero mi madre subía el volumen cuando cantaba un tango Carlos Gardel o cantaba Imperio Argentina. Ahora me gusta, además, Piazzola entre otros.

Por razones naturales (es decir: mi entorno) era forofo del Real Madrid, y mi héroe favorito era Di Stéfano, con las copas de Europa conseguidas prácticamente solo por él. Dicen que abrió las puertas para la venida de más futbolistas de su país de origen; Incluso ‘el dios’ pasó por aquí…

Cuando tuvimos la primera televisión en casa, ya pude ver partidos de futbol, aunque siempre nevaba sobre los estadios, y también pude ver a Gila, al que oía de vez en cuando en la radio, y me enteré de muchas anécdotas que tuvo a su paso por Buenos Aires, sus librerías y tanguerías, decía.

Un día decidí leer cosas serias y me topé con Mafalda. El gran Quino nos mostraba a los bajitos de su país con sus geniales ingenuidades. Nunca me importó que Manolito, el bruto de mollera, fuera español, pero me fastidiaba que Libertad fuera tan chiquita. Se lo comenté a mi hermano y me dijo que estaba entendiendo muy bien las tiras de Mafalda. Desde entonces las releo a menudo, y aún están en mi librería junto a otras genialidades de Quino.

De Mafalda pasé a cosas mucho más serias. Quizá era pronto, pero caí en la tentación de leer todo lo escrito por Cortazar, incluso lo traducido por él, como “Memorias de Adriano”, que no parece estar escrito por autor no hispano. Casi me leo todo lo escrito por Borges, cuya genialidad aún me inspira y más tarde cayeron en mis manos Bioy Casares y Horacio Quiroga. No está mal para empezar. Ellos me colocaron ante Sábato y Storni.

El Ché me abrió también sus puertas a la revolución. Pese a la prohibición tuve en mis estanterías sus libros sobre guerrilla urbana y otros de pensamientos que, a su vez, me hacían pensar, y como una cosa lleva a la otra, entre el rock y los tangos escuchaba otras músicas; Atagualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Julia Elena Dávalos… y saliendo del folclore al preciosista Lito Vitale…

Hoy he oído que Mercedes Sosa ha muerto. Me han venido a la memoria muchas cosas pasadas, pero me he dado cuenta de que mi vida está rodeada de cosas pequeñas y grandes, y que una de las grandes se llama Argentina. Si; Argentina ha estado presente a lo largo de mi vida de forma preponderante, y me apena que vayan desapareciendo renglones vivos de su historia, que forma parte de la mía, … y que no sean substituidos.

Gracias a la red conozco blogueros argentinos afincados allí y acá de los que soy fiel seguidor. Se puede decir que son amigos virtuales, pero parece que saben transmitir el carácter del pueblo argentino bitio a bitio a través de los canales digitales como nadie lo sabe hacer. Disfruto con ellos en la distancia, pero hace poco oí a un enamorado de ese país decir: “Argentina se merece todo menos lo que tiene”. Dura crítica hacia los que al parecer la destrozan.

Puedo decir que Argentina me ha acompañado siempre, y no es la primera vez que grito por sus causas, pero quiero que mi aportación al Día de la Solidaridad de este año esté dirigido a aquellos que allí y acá luchan por recuperar a la Argentina de siempre, la que tanto nos ha aportado al mundo latino.


Gracias Arwen Anne, y enhorabuena por tu éxito.











Nuestra tierna amiga bloguera Arwen Anne, también es escritora y, por fin, va a ver publicada su primera novela. Nos agradece los ánimos que la hemos dado, pero en realidad la agradecemos nosotros el reparto bloguero de su ternura.

Como agradecimiento nos pasa estos premios que quiere compartir con nosotros. Gracias Arwen, verás como tras esta publicación vendrán muchas más.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un instante




¿Por qué nada se mueve? Yo mismo no puedo moverme; ni siquiera parpadear. Tengo los ojos abiertos y no siento nada, ni siquiera se cual es exactamente la postura de mi cuerpo aunque debo estar tumbado. Veo mi brazo y mi mano cerca de mi cara, y entre los dedos esa mujer tan asustada con el gesto de un grito que no oigo y que… no se mueve, no se mueve a pesar de la posición de sus cabellos separados de la cara por el viento o por su propio movimiento. Pero ¿Qué hago yo aquí?

Debo recordar. Hoy he desayunado en casa; mi pobre madre lo tiene preparado cada mañana y a veces solo puedo consumir la mitad de lo que me ofrece; le digo que tengo prisa, pero en realidad es que no tengo tanto apetito a esas horas. La doy un beso y me despido de ella hasta la noche siguiente; pasaré el fin de semana con Juana en la casa de la sierra.

Ahora veo una mota de polvo, o quizá sea polen, suspendido en el aire y totalmente quieto. Las copas de los árboles están inclinadas apuntando todas en la misma dirección; es decir, hay viento, pero nada se mueve. El aspecto de la mujer es de parálisis absoluta; me mira horrorizada y no cierra la boca en un grito permanente que no percibo.

Nada más salir del portal de mi casa llega Juana en su coche. No me deja conducir; nunca lo hace, pero le insisto cada vez que me acomodo en el asiento de acompañante. Venía nerviosa por la hora a pesar de no haber quedado con nadie, y ni siquiera me da un beso como saludo. Generalmente solo quiere que nos besemos cuando estamos solos o mientras vemos la puesta de sol desde el mirador de la casa. Pensé que hoy tendría que esperar hasta la noche.

Un pájaro está a punto de posarse sobre una rama, y su imagen está congelada justo en ese momento, todavía con las alas sin plegar y con la vista fija en el punto en que va a posarse. ¿Qué está sucediendo? ¿Se ha parado el tiempo? La nubecilla de polen sigue ahí, quieta, el pájaro congelado aún en el aire a unos milímetros de la rama, la mujer horrorizada sigue en su posición sin dejar de mirarme… ¿estará ella pensando como lo hago yo?

Procuro no hablar con Juana para no discutir mientras conduce; a veces suelta el volante, gesticula con sus manos exageradamente y mira demasiado tiempo hacia el acompañante. No puedo decirla nada en esos momentos, pero procuro advertírselo más tarde. Hoy no ha hablado demasiado pero estaba muy nerviosa y despotricaba de todo aquel que se cruzara en su camino, un taxi, un autobús, una abuelita que tarda en cruzar… así hasta salir de la ciudad. Tal y como ha sucedido otras veces.

Si; se ha parado el tiempo. Si el tiempo se para, se para todo lo demás. La velocidad es el espacio recorrido en un tiempo determinado; sin tiempo, no hay movimiento. Por eso no puedo moverme; la quietud absoluta es esto. Y por eso no siento nada; no sé ni en qué postura me encuentro ya que no siento la presión de mi cuerpo sobre ninguna superficie; como un estado de ingravidez. Pero, ¿Por qué se ha detenido el tiempo? ¿Existimos sin esa cuarta dimensión?

Juana iba muy acelerada, demasiado, pero no le decía nada. El ruido de los neumáticos en las curvas debía haberle hecho recapacitar, pero hasta ahora nunca había sucedido nada. Hasta ahora. Subiendo el puerto a esa velocidad no podía haber reaccionado con ese camión tan lento, prácticamente parado a la salida de la curva… Ha sido eso; un accidente… recuerdo salir disparado atravesando el parabrisas; mucho dolor y después nada…

Por el peinado y la camisa a cuadros esta mujer era la conductora del camión; o su acompañante. La pobre no tiene culpa de nada pero está muy asustada; ahí sigue paralizada, como el polen y el pajarillo. ¿Qué me ha sucedido? Supongo que puedo pensar porque la velocidad del pensamiento es superior a la de la luz; o no hay forma de medirla ya que es independiente del espacio y del tiempo y todo lo que estoy pensando lo hago en un instante tan pequeño que no hay unidad temporal para su medida… Un instante; un punto en la línea del tiempo.

Quizá es este el último instante de mi vida y por eso mi mano, los árboles, el pajarillo, el polen, la mujer asustada… están desapareciendo, difuminándose, sumiéndose en una claridad indicativa de la proximidad de la nada…

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Nota: Narración presentada en Autores Reunidos para el tema 'Parar el tiempo'

lunes, 28 de septiembre de 2009

Las empanadas de Cirila


Pocas horas le quedan al viejo paisano. Tumbado en la cama se recrimina, ahora, haber fumado tanto como para no morir por causas naturales, y tener que hacerlo con dolor.

Se encuentra tumbado en la cama, en pijama y destapado al no soportar el calor, mirando al techo recordando lo bueno que le ha dado la vida; su juventud, sus escarceos con muchas mujeres… casi todos los placeres que ha tenido al alcance de la mano.

Pero sobre todo piensa en Cirila, su esposa, a la que rara vez le ha engañado y a la que quiere como nada en el mundo. Tuvieron que casarse por quedar embaraza. ‘Mala suerte’, piensa, con el cuidado que lo hicieron tantas veces antes; pero no le importó. Su esposa le ha cuidado en las enfermedades, le ha mimado, ha capitaneado la familia con autoridad y tino y ha educado adecuadamente a sus hijos.

Sus hijos. Un montón de hijos que le han dado un montón de nietos, haciendo que su presencia se diluya en la agitación familiar. Uno de los nietos se encuentra junto a la cama leyendo un comic de superhéroes. Está ahí por si necesitase algo, pero no quiere molestar. Quiere pasar sus últimas horas en silencio, sin más gente alrededor; no quiere despedidas ni llantos, su muerte vendrá por sorpresa.

De repente, en uno de sus suaves respiros llega a la nariz un aroma que le hace prolongar la aspiración hasta lo permitido físicamente. Abre los ojos con emoción y levanta ligeramente la cabeza. ‘Ese olor’, pensó, ‘¡cuántas veces me habrá devuelto la vida!’.

El nieto le mira con cara de preguntar si quiere algo y hace un gesto con la mano para que se acerque; le pide ayuda para levantarse. El nieto sabe lo que tiene que hacer: le acerca las pantuflas y el bastón, le ayuda a ponerse en pie y deja que apoye sobre su hombro la otra mano, la que no lleva el bastón. A pasos cortos salen al pasillo, y para sorpresa del chaval, no van al cuarto de baño; el abuelo quiere ir a la cocina.

Se paran en la puerta, y desde allí observa a su querida esposa, de espaldas, cocinando sus famosas empanadas de carne. Cerró los ojos y volvió a aspirar el vapor que llevaba el aroma que emanaba de la masa de carne y cebolla. Aquel aroma le recordaba la cantina de la estación en que trabajaba Cirila en su juventud; ese aroma que le obligó a entrar un día en la cantina, y en su cocina unos días después. Ese aroma que le acompañó en su hogar en fiestas y visitas familiares durante el resto de su vida. El aroma de las empanadas de carne recién hechas; las mejores empanadas del mundo: las de su querida esposa Cirila.

Sobre la mesa se encontraba la primera remesa de suculentas empanadas, doraditas y aún humeantes. Decide que será el último de los placeres que le otorgue esta vida: una empanada de Cirila. Da unos pocos y cortos pasos y se acerca a la tentadora mesa; dirige su mano hacia una de ellas y recibe un paletazo en el dorso de la mano que le hace retraerse rápidamente. Ante él se encontraba Cirila, armada con la espumadera a modo de matamoscas con gesto amenazante.

“¡Ni se te ocurra, carajo!”, gritó Cirila, “¡Son pa’l velorio!”.

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NOTA: La base de esta historia la he recibido de mi amigo Jesús, el gallego, con el reto de desarrollarla. La encontré apta para un lunes de risa.


miércoles, 23 de septiembre de 2009

Imposible misión




Considérenme si quieren el responsable de esta catástrofe, pero se que no soy el único. El sistema ha hecho lo suyo también: tantas órdenes concretas dirigidas a personas de poco seso solo pueden traer problemas; si no hubiera topado con ellas habría llegado a tiempo.

Es cierto que debiera haber salido de casa mucho antes sabiendo la importancia de esta misión, pero me lo impidieron circunstancias familiares… Si, está bien, la despedida de mi mujer fue un poco larga, pero usted habría hecho lo mismo. De todas formas el tráfico no podía ser peor; otros días a esa hora no recuerdo que hubiera tanto coche en la avenida como hoy.

Si, ya se, debí preverlo con tiempo, pero no pensé ni en el arrebato amoroso de mi esposa ni en el tráfico. Pensé que corriendo un poco sería más que suficiente, pero no lo fue. Y todo por cinco minutos. Ni siquiera cinco minutos de flexibilidad, cuando con un poco de comprensión a pesar de todo lo demás, no habría pasado nada. Pero me topé con el guardia de la entrada de coches, ese que me ve entrar todos los días a distintas horas pero nunca se ha preguntado cual era mi trabajo. “Estamos en cubrimiento de seguridad…”, me decía, y no atendía a razones. “Nadie puede entrar hasta dentro de tres horas.”- “Pero oiga yo…”- “No insista, es la orden que tengo.” Comencé a ver el fracaso de mi misión.

Marcha atrás, casi me estrello, y dejé el coche tirado un poco más allá. Me dirigí a la entrada de personal y me pasó exactamente lo mismo. El ‘mente de pez’ de la puerta actuaba como un robot, y encima con un cuerpo de más de 110 kilos y dos metros de altura que casi estalla la camisa me empujaba de mala manera hacia las escaleras de salida… ¡casi me mata el muy…!

Bueno, yo solo salí una vez del recinto por la verja del callejón, ¿eh?, me lo enseñaron los muchachos, para escaquearnos un poco, tomar unas copas y eso… pero no he abusado de ello. Lo prometo. El caso es que con un poco de contorsionismo logré entrar al recinto. Ahora debía ir al edificio principal, cambiarme de ropa…, en fin, la rutina de otras veces. Todavía había tiempo, pero aún un tropiezo más: en un pasillo en que nunca, nunca, hay un vigilante, aparece uno gordo que en vez de saludarme me pide que le acompañe, que estoy en zona prohibida, y que debo salir. Trato de identificarme pero no me deja hablar, hago ademán de hacerle caso pero echo a correr por otro pasillo. Ahora mis intenciones son otras.

Bajo a trompicones hasta el sótano. Allí estoy seguro de que no me encuentran; se cómo esconderme y cómo salir de allí. Ahora no quiero pasar por ningún departamento, solo debo llegar a la torre, donde al parecer está todo aquel que me conoce, pero a la salida tropiezo con un hombre armado. Esto lo cambia todo; además de peligrar mi misión, también peligra mi vida. Deben haber indicado por radio que un intruso ronda por el edificio y lo bloquean en serio. Así que corro de nuevo al sótano y me escondo para pensar.

Me imaginé dos opciones; ambas pasaban por subir a la terraza. Desde allí intentar hacer señas a la torre, que aunque está a más de cien metros, alguien puede identificarme. La otra opción sería deslizarme como se me ocurriera por la fachada posterior. En esa fachada no hay salida alguna de personal, por lo que era probable que no vigilara nadie. Después de todo son solo siete pisos.

Conozco un vericueto por el que se llaga del sótano a la segunda planta. Esta gente nueva que vigila no lo conoce, ¡seguro!, así que me lanzo por los pasillos, saltos por patios interiores, escalera de pared y una vez en la planta subo a pie, por seguridad, hasta la azotea.

Arranqué el cable de antena para asegurarlo a una de las chimeneas mientras gritaba como un poseso mirando a la torre. Lo hacía sin parar, saltando mientras anudaba el cable. Ya suponía que esta llamada de atención también alertaría a mis perseguidores, pero debía hacerlo, y si llegaban a la azotea, tendría que lanzarme por el cable que caía por la fachada.

Pero no los vi venir. Aparecieron dos energúmenos que comenzaron a golpearme, quería gritarles algo pero me callaban la boca con puños y pies. Me ataron las manos a la espalda y al ponerme en pié un estruendo nos hizo estremecer. A unos mil metros una masa de humo, espesa como una nube, crecía a ras del suelo y se expandía por los lados mientras por su centro un enorme cohete se elevaba con aparente suavidad a los cielos. Nos quedamos quietos y callados observando el espectáculo; yo quería llorar en ese momento, pero lo impedía mi desesperación; estaba abatido.

Uno de los gorilas, anonadado por lo que veían sus ojos, dijo con voz suave: “¡Qué maravilla…!”. “¿Maravilla?”, le repliqué, “¡Soy el piloto!”.


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NOTA: Foto tomada prestada del blog "Antiblog Político" donde se muestra la detención de un manifestante mejicano en 1968.



lunes, 21 de septiembre de 2009

Lunes de Risa: El abogado


Un abogado, se casa con una mujer que ya se había casado anteriormente 6 veces. La noche de bodas, en la habitación del hotel, la novia le dice:

-¡Por favor, mi amor, sé delicado, que yo todavía soy virgen!

El novio, perplejo, pues conocía la existencia de los 6 matrimonios anteriores, le pidió que le explicara cómo era posible que siguiera virgen después de 6 matrimonios. Ella respondió:

  1. -Mi primer marido era psiquiatra, y sólo le interesaba hablar sobre el sexo.
  2. -Mi segundo marido era ginecólogo, y sólo le interesaba examinar el aparato sexual.
  3. -Mi tercer marido era filatélico, y sólo le interesaba lamer.
  4. -Mi cuarto marido era Director de Ventas, y decía que sabía que tenía el mejor producto pero no sabía como utilizarlo.
  5. -Mi quinto marido era funcionario, y decía que sabía perfectamente cómo hacerlo, pero que no estaba seguro de que fuera trabajo de su competencia.
  6. -Mi sexto marido era informático, y decía que si el aparato funcionaba, mejor era dejarlo tranquilo y no tocarlo.

Entonces el marido le pregunta:

-¿Y, después de tantos fracasos, cómo te decidiste a casarte, otra vez?

A lo que la mujer le responde:

-Pues porque tú eres abogado, por lo que estoy completamente segura que, al final, me vas a terminar jodiendo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El cazador





Soy cazador, y considero esta actividad como una guerra silenciosa entre cazador y presa que solo puede terminar con un disparo. Tras el disparo hay un vencedor y un vencido; el vencido puede perder la vida o quedar herido en su orgullo; el vencedor conserva la vida o gana una pieza.

He matado ciervos, jabalíes, osos, lobos… y siempre he procurado hacerlo en distancias cortas, acechando silenciosamente, mimetizado, y cuando tengo el arma encarada, con la seguridad de triunfar de nuevo, hago un pequeño ruido para que la victima me mire, y en ese instante en que nos miramos a los ojos, disparo. Quiero que se considere vencido antes de morir; que sepa por qué muere, que tenga sentido su último suspiro.

He aguantado la mirada de todos esos animales, pero la mirada de Paca me desarma desde el día que la conocí. A veces está mirando al infinito por la ventana de la cocina, y se que aún piensa en él. Quizá debiera ponerme celoso pero al notar mi presencia me mira, sonríe, y se disipan mis dudas. Sé que sus besos son solo para mí, y solo yo disfruto de su cuerpo; valioso premio por cuidar de ella y de sus hijas.

Era la mujer de Juan, el alcalde republicano del pueblo. Yo no comulgaba con sus ideas, pero nuestra relación era afectiva y fluida; nos visitábamos, discutíamos a la sombra de un vaso de vino y nos ayudábamos a la hora de llevar a cabo algún mandato municipal nuevo. Y todo ello para ver a Paca de cerca, contar con su mirada y la visión de su cuerpo, su sonrisa, su voz… pero estaba muy lejos de poder ser alcanzada de forma natural, con su aceptación y su amor.

También soy el mayor terrateniente de la comarca, lo que me hace ser respetado y conocido mas allá de sus fronteras, y muchas de las noticias del exterior llegan primero a mí antes que al resto de los habitantes del pueblo, por eso acudí a echar una mano a Juan cuando me llegaron noticias de los acontecimientos bélicos en la zona.

- Juan, debes irte, las tropas republicanas se retiran y pronto entrarán tus enemigos al pueblo.
- Pero… ¿A dónde voy con mi familia? – me respondió – La frontera está lejos…
- Debes irte solo, no puedes arrastrar a Paca y a las niñas. Mira, esa gente me respetará a mí y no las pasará nada, te lo prometo. Ve a esconderte a la cabaña de caza que tengo en el valle, la que está alejada del río y del camino. Te haré llegar comida, y con el tiempo podrás regresar.

Aceptó la idea y se marchó rápidamente; y por fin Paca me regaló un abrazo.

Paca y las niñas vinieron a mi casa y las protegí en todo momento, lo que hizo que el corazón de Paca se ablandara y cayera a mis brazos un año más tarde. Podría haberla dicho que Juan murió, pero temí el maldito luto y que se alejara físicamente, por lo que decidí aceptar que ella pensara en él de vez en cuando, en cómo sería su vida allá donde estuviera, mientras no interfiriera en nuestra relación; relación que fructificó en el nacimiento de dos estupendos varones.

Me está eternamente agradecida, por defenderla, por defender y cuidar a sus niñas, por cuidar de Juan hasta que le dije que tuvo que huir más lejos y no supimos más de él… A veces me acaricia los cabellos y me sonríe, y un inmenso placer recorre mi cuerpo cuando clava su mirada en la mía haciéndome sucumbir a sus deseos.

Es la única mirada que me vence, ni la de los ciervos, ni la de los osos, ni siquiera la de Juan cuando descargué mi escopeta sobre su rostro…

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NOTA: Fotografía denominada "El cazador" de autor español anónimo y fechada hacia 1930. Encontrada en el blog "Colección de Fotografía Antigua" de Alonso Robisco.



lunes, 14 de septiembre de 2009

Lunes de Risa: Era tan....




Cuando era pequeñín se oía por la radio a un argentino muy gracioso al que llamaban "El Zorro" (Pepe Iglesias). Cantaba y contaba chistes, pero mira por donde solo me acuerdo de:

- Es tan tonto que cree que un trajín es un traje que ha encogido.
- Es tan tonto que cree que un ladrón es un can que da un ladrido.
- Es tan tonto que ve una lima grande, y el muy tonto lo llama limón.
- Es tan tonto que ve un buzo grande, y el muy tonto lo llama buzón.

El caso es que me ha dado por recordar chistes de este tipo y voy a ver de cuantos me acuerdo.

Un señor tan bajito que:
- La cabeza le olía a pies.
- Se sentaba en el suelo y le colgaban los pies.
- Se sentaba en una moneda de un euro y le sobraban 50 céntimos.
- Llevaba paracaídas para bajar el bordillo de la acera.
- Para cortarle el pelo le tenían que bajar los calcetines.

Un señor tan alto que:
- No tomaba café con leche; lo tomaba con San Pedro.
- Para darle un beso había que llevar víveres y hacer noche en el ombligo.
- Se le cayó el niño, y al recogerlo ya había hecho el servicio militar.

Una señora tan delgada que se tragó una aceituna y la gente sospechaba que había embarazo.

Un señor tan delgado que se hizo un traje de 1000 rayas y le sobraron 999.

Un señor tan gordo que fue a cagar al campo y se cagó fuera.

Era tan tonto que fue a un concurso de tontos y quedó el segundo por tonto.

Tenía tanto pelo que no se sabía si iba o venía.

La casa estaba tan guarra que las esquinas eran redondeadas.

Soy tan olvidadizo que no me acuerdo…

¿Cuáles recordáis vosotros?
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Os recuerdo estos vídeos graciosillos sobre el mismo tema...



video


miércoles, 9 de septiembre de 2009

El espía de Cazorla.




La ciudad de Cazorla se encuentra en la frontera del imperio árabe, y el Islam debe hacer todo lo posible por defenderla, ya que es una plaza crucial para los cristianos si quieren llegar a Granada. Llevan muchos años defendiéndola de los continuos ataques cristianos con su potente muralla y la ayuda militar recibida de los castillos de La Yedra y de Las Cinco Esquinas, pero no sería posible sin la ayuda de la población, quien en nombre de Alá sacrifica sus vidas y las de sus familias por la defensa de la religión verdadera.

Para poder mantener ese espíritu en los fieles, una de las decisiones tomadas por los mandatarios islámicos fue enviar un califa de forma casi permanente que mantuviera a la población prevenida y adiestrada, ejerciendo su poder único para interpretar las leyes del Corán, pero Abdul no parece muy conforme con su comportamiento.

Abdul fue un alumno aventajado en la escuela ismaelita y aunque los discursos del califa son excelentes y muy convincentes, sus cotidianas salidas a zona cristiana para, según él, estudiar y vigilar el terreno, no le convencen. No se rodea de los sabios para asesorarse antes de emitir un juicio, sino que lo hace de rudos esbirros que le siguen en sus salidas y con los que se reúne a puerta cerrada. Así que envió un mensaje al Maestro de los ismaelitas, informando del dudoso comportamiento del califa, tal y como se le ordenó al finalizar sus estudios: ejercer siempre la función de vigilancia de que se siguen los mandatos de Alá al pié de la letra, es decir ser espía del Maestro, y recaudar fondos para su orden.

Eso fue meses atrás y no había respuesta alguna. Se retrasó la entrega de la recaudación y no se atrevía a enviar tal cantidad con mensajero, por muy fiel que fuera, y llevaba días dudando si enviar de nuevo el mensaje. Un día, de regreso a su humilde hogar a última hora de la tarde, llamaron a su puerta. Un hombre de larga barba, de estatura mediana y con vestimentas de viajero franqueó la puerta nada más abrirse.

- Abdul, recibimos tu llamada.

Abdul respiró aliviado, ya que por un momento pensó en algún ladrón que le atacaba en su propia casa aprovechando la primera hora de oscuridad. Cerró la puerta con premura y ofreció comida y agua al recién llegado, quien la aceptó amablemente. No quiso dar su nombre y apenas hablaba; solo dijo que llegaría en breve un compañero de viaje, que como él, lo haría entrada la noche para no ser visto. Rezaron las últimas oraciones y durmieron.

A la mañana siguiente, tras las abluciones, el viajero pidió a Abdul que se comportara de la forma habitual para que nadie sospechara que tenía huéspedes; así que visitó el mercado de frutas, la mezquita y a su amigo el fabricante de calzado. Al regresar a su casa, el enigmático viajero estaba relajado, leyendo el Corán sobre un diván.

- Abdul, -dijo- dame algo de comer mientras hablamos.

Compartió con él los pocos manjares de los que disponía, ya que no pudo comprar más para evitar sospechas, y esperó impaciente a que hablara.

- Al parecer, el Maestro ya había recibido sospechas del califa de Cazorla, pero ninguna certeza. Con tu mensaje le hemos espiado de cerca y le hemos informado. El califa tiene contactos con los infieles, probablemente negociando la rendición de Cazorla. Esta noche vendrá de Alamut un mensajero y le pedirá audiencia en nombre del visir Persa.

Abdul quedó contento por haber sido atendidas sus pesquisas por el mismísimo Maestro, y sonrió. En sus oraciones agradeció a Alá su bienaventuranza y siguió ofreciéndose a Él en la lucha por el mantenimiento de la verdad. Y al oscurecer, llegó el segundo viajero, tan polvoriento como el anterior y con un notable equipaje a la espalda.

Era joven, no parecía guerrero de la orden ismaelita del Maestro y apenas hablaba. Saludó a la manera islámica y abrazó sonriente a Abdul. Sus ojos estaban invadidos por la emoción y se le notaba bastante nervioso, pero muy decidido a cumplir su misión con entusiasmo. Comieron, bebieron y rezaron las oraciones.

- Abdul, - dijo el primer visitante, - antes del amanecer mi compañero saldrá de tu casa e irá a la entrada de la ciudad para hacer creer que llega de viaje. Pedirá audiencia al califa y le entregará el mensaje. A partir de mañana cambiarán las cosas; ya lo verás.

Cuando Abdul despertó, el mensajero estaba vestido de gala; ahora sí parecía el mensajero de un gran personaje, con su hermoso turbante y su espada, su faja roja y mocasines dorados. Esta vez se mostraba tranquilo y ya había rezado sus oraciones; tomó unas frutas y bebió agua, y se fundieron los tres en un fuerte abrazo antes de que partiera.

La mañana transcurrió tranquila. Abdul visitó de nuevo a su amigo el fabricante de calzado, quien le informó de la visita de un elegante extranjero al califa, que le recibiría durante la comida, ya que salía de la ciudad con sus esbirros a visitar los campamentos exteriores.

- Era un elegante mensajero, – dijo el amigo – no debía hacerlo esperar.
- Quizá el mensaje no era importante.- Contestó Abdul, quitando importancia.

Al regresar, el primer mensajero aún estaba en su casa, esta vez, impaciente. Abdul le informó que aún el califa no había recibido al mensajero, y que al parecer esperaría a la hora de la comida. Probablemente comerían juntos, como solía hacer el califa con los visitantes.

- Abdul, debo irme en cuanto mi compañero cumpla su misión, pues debo ser yo quien informe al Maestro de su cumplimiento. – Dijo con nerviosismo. – Tenme preparada la recaudación para la orden, y me iré cuando sepamos el resultado de la misión.

Y así lo hizo. Le entregó una pesada bolsa de cuero repleta de monedas y se dispusieron a comer, cuando un griterío los sobresaltó.

- ¡Misión cumplida! – dijo el viajero. Abrazó fuertemente a Abdul, recogió su pequeño equipaje y se dispuso a salir de la casa. – Nunca cuentes lo que de verdad ha ocurrido.

Y desapareció entre la aturdida multitud que corría por las calles.

Hasta su casa llegó el fabricante de calzado quien, jadeante, informó a Abdul de lo ocurrido en el palacio del califa. Cuando el mensajero logró la audiencia y se encontraba ante el califa, al ir a abrazarlo cortésmente, éste sacó su espada e hizo rodar la cabeza del califa a los pies de sus esbirros, quienes acabaron con el mensajero inmediatamente.

Abdul nunca quiso pertenecer al ejército de la orden ismaelita. No se sentía capaz de soportar la disciplina, el aislamiento y la castidad exigidas, y nunca creyó las leyendas de los guerreros suicidas del Maestro, el Viejo de la Montaña, instruidos en el inexpugnable castillo de Alamut.

Ahora comenzó a creer.



martes, 8 de septiembre de 2009

Igualdad en el lenguaje.

Empezaré recordando que George Orwell dijo en 1984 que la primera de las tareas revolucionarias del totalitarismo consiste en cambiar el lenguaje, manipulando el sentido de las palabras”.

Y un ejemplo: hay una herramienta web que analiza los posibles bocablos sexistas en vuestros blog's. Os reto a que analicéis el vuestro pulsando aquí.

En mi país hay un movimiento a favor de la igualdad entre hombres y mujeres que aunque en apariencia sea injusto, hay que tener en cuenta que el hecho de que diga la constitución que todas las personas son iguales ante la ley independientemente del sexo, no ha conseguido la igualdad en la sociedad.

Para dar un empujón a este hecho justo, nos hemos inventado 'la paridad', consistente en conseguir que en todo órgano o grupo ejecutivo, público o privado, pero sobretodo público, haya el mismo número de hombres que de mujeres. Esto tiene muchas lecturas, pero hay un precedente en USA en que se obligó a tener un porcentaje de personal de raza negra en cada organismo de la nación (policía, etc.), obligación derogada cuando se consideró que todas las razas gozaban de las mismas oportunidades (por favor, ved la película Crash, aleccionadora de los problemas que causó esta obligatoriedad) y ahora se considera un éxito de aquella política que se tenga un presidente de raza negra. Esperemos que en pocos años las oportunidades en este país sean iguales independientemente del sexo, y podamos olvidar tan injusta norma, accediendo a los puestos de trabajo por nuestras aptitudes ajenas a nuestro sexo, incluyendo los puestos ejecutivos o políticos.

La desigualdad acumulada y el atraso en este tema, debido a los años de dictadura tan machista, hace que un gran grupo de personas se lancen a luchar por la igualdad de forma tan desaforada que con la vista nublada entienden desigualdad donde nunca la ha habido: en la gramática, en nuestro lenguaje.

Este movimiento por la igualdad entre sexos ha llegado tan alto, que tenemos un Ministerio de Igualdad, necesario para vigilar que la igualdad entre sexos se cumple en contratos, puestos ejecutivos, etc. y que incluso está llevado por una mujer, el personaje más joven que jamás haya formado parte de un gobierno en este país. Es tan joven, que es imposible haber adquirido experiencia suficiente para tal cargo; esperemos que su gran inteligencia la haga adquirir experiencia mucho antes de acabar esta legislatura, y de paso, adquirir la cultura que no tiene, aunque para eso sí que se necesita tiempo.

Digo esto, porque en una de sus primeras apariciones ante las cámaras de televisión y de una nube de periodistas habló con total impunidad de “los miembros y miembras del gobierno”, y una vez avisada de que no debe equivocar sexo con género y por tanto no existen ‘miembras’ , remató sus palabras con un “algún día podremos hablar de miembras”.

Uno, que en los últimos cuarenta años no recuerda haber hecho ninguna acción sexista, ni de palabra u obra, ni por omisión, se niega a aceptar que lo ha hecho toda la vida en el uso del lenguaje, por ver reportajes de leones, y no de leones y leonas, como parece ser correcto o, en general, por no unificar el concepto de sexo y de género, y dejar claro ambos en cada expresión hablada o escrita. (Ya sabeis, 'los castellanoleoneses y castellanoleonesas que quieran ser trabajadores o trabajadoras en el cuerpo de bomberos y bomberas, deberán estar adscritos y adscritas antes de...., en caso contrario serán rechazados o rechadas'. ¿No es una innecesaria pérdida de tiempo?

Tenía ganas de hablar de este tema, y me ha animado el siguiente texto recibido por correo, que expongo integro:


LECCIÓN DE GRAMÁTICA

Un poco de gramática bien explicada....Hagámoslo circular, vale la pena.


¿PRESIDENTE o PRESIDENTA?

En castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales.

El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de salir, es saliente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser? El participio activo del verbo ser, es 'el ente'. ¿Qué es el ente? Quiere decir que tiene...entidad. Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final '-nte'.

Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente del sexo que esa persona tenga. Se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante, no estudianta; se dice paciente, no pacienta; se dice dirigente y no dirigenta.

Nuestros políticos (y muchos periodistas) no sólo hacen un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua castellana. Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos con la esperanza de que el mismo llegue finalmente a todos esos ignorantes.

El que mandó esto frustró a un grupo de hombres que se había juntado en defensa del género, ya habían firmado el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el turisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el violinisto, el telefonisto, el gasisto, el trompetisto, el techisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto...y el policío del esquino...y, sobre todos... ¡el machisto!

POR FAVOR, PÁSENLO A LA MINISTRA DE IGUAL - DÁ




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